HISTORIA COMPLETA DE IRÁN

 

 

29-QAJAR 1795-1925

La primera vez que nos encontramos en la historia de Persia con el nombre de esta tribu es durante las revueltas de los Qezelbash y que desembocaron en la llegada al poder de la dinastía safaví. En efecto, la tribu turca de los Qajar participó en la alianza de los Qezelbash y posteriormente alcanzaron altos rangos en la escala militar y política. Con la desintegración del estado safaví en 1722, los Qajar pasaron a engrosar la lista de los pretendientes a la corona. Tras la muerte de Karim Jan, la tribu de los Qoyunlu se hizo de un ejército que puso al mando de Aqa Mohammad Jan Qajar, que éste utilizó para aniquilar a sus rivales y poner las bases del que sería el estado Qajar con capital en Teherán.

Fue con el inicio de la dinastía Qajar cuando se da fin a los pequeños reinos surgidos a raíz de la desintegración de los Safavíes. Fue también en este período cuando Persia entra en la escena internacional y choca con el imperialismo ruso y británico que en un siglo cambiaron todas las estructuras sociales y que también supusieron una merma en los estamentos del poder. El asesinato de Aqa Mohammad Jan Qajar y la llegada al poder de Fath ‘Ali Shah tuvo como consecuencia al final la dominación extranjera en Persia, como por ejemplo el tratado firmado con Gran Bretaña el 25 de noviembre de 1814 y, por otro lado, los avances de la Rusia zarista en el Cáucaso con el objetivo de hacerse de todo el país y poder llegar a las aguas del golfo Pérsico.

El peor de los todos los tratados fue el de Torkamanchai firmado con Rusia en 1828, en realidad una claudicación en virtud de la cual Persia perdía una gran parte de los territorios del Cáucaso. Con la llegada al trono de Mohammad Shah, nieto de Fath ‘Ali Shah, ayudado por los rusos, según lo acordado en el Tratado de Torkamanchai y con el beneplácito de los ingleses. Tras el asedio de Herat por Mohammad Shah, se intensificó la intromisión de Gran Bretaña en los asuntos de Persia (1838). El embajador inglés y sus altos dignatarios reunieron tropas armadas de afganos para hacerles frente a los persas impidiéndoles que tomaran la ciudad de Herat y obligando a Mohammad Shah a abandonar el asedio, después de enviarle Gran Bretaña varios buques de guerra al golfo Pérsico. Tras la muerte de Mohammad Shah y la llegada al poder de Naser al-Din Shah en 1848, Persia siguió enfrentada a serios problemas como eran la guerra de Aqdarband en Sarajs (1854), la ocupación de la isla de Ashuradeh (1840), la conquista de Herat (1857), las hostigamientos de los otomanos en sus fronteras y la ocupación de Jorramshahr, la conquista de Jark o la guerra de Bushehr (1856), los tratados de París y otros problemas que le hicieron perder a Persia gran parte de sus regiones orientales. Durante el reinado de Mozaffar al-Din Shah, el hijo de Naser al-Din Shah, se produjo la llamada Revolución Constitucional con la cual se buscaba una serie de derechos basados en la independencia, la libertad, la justicia. Pero la dominación de los estados europeos, las desavenencias internas y la corrupción de un gobierno controlado por las potencias implicadas, la desviaron de su camino. En esa misma época se halló petróleo en Persia, lo cual no hizo sino acrecentar las miras de las superpotencias en Irán, especialmente Gran Bretaña.

Tras la muerte de Mozaffar al-Din Shah le sucede su hijo Mohammad ‘Ali Shah que es depuesto al poco tiempo debido a su despotismo y oposición a los liberales y puesto en su lugar su hijo Ahmad Shah, durante cuyo mandato entra en escena Alemania en Asia occidental como una potencia activa. No obstante todos estos acontecimientos, no supusieron un cambio sustancial en la marcha política de Persia. Por otra parte, a finales del reinado de los Qajar hicieron firmar a Persia los tratados capitulantes de 1907 y 1919, es decir, el primero antes de la revolución rusa y el otro después, tratados que quedaron incumplidos debido al despertar del pueblo persa y a varias personalidades de la política y de la religión. Sin embargo, debido a la cercanía del imperio británico, los bolcheviques rusos y la consolidación de una nueva política imperialista en el Asia Central y Occidental, ocurrió el primer fenómeno político en la historia de Irán en el que las superpotencias actuaron como agentes, nos referimos al derrocamiento de la dinastía Qajar y la llegada al trono de Reza Jan Mir Panj Savad Kuhi, más conocido simplemente como Reza Shah (1925) cuya entronización supuso además la puesta en escena de Persia en un nuevo escenario y de la diplomacia, y que, por ende, se cambió, aunque solo aparentemente, muchos de los estamentos sociales.

Las fronteras

Durante el período Qajar se produjeron cambios muy importantes en todas las fronteras de Persia. Así, por ejemplo, en lo que respecta al norte de Azerbaiyán y en la ribera occidental del Caspio (el Cáucaso), en la época en que se fundó la dinastía, Persia mantenía aproximadamente los mismos territorios que tenía cuando la época safaví y afsharí. Después de que Rusia se convirtiera en una potencia militar y los príncipes, emires, janes y los reyes musulmanes y cristianos de dicha zona (Georgia, Armenia) pasaran a las filas de la Rusia zarista, especialmente tras la muerte de Aqa Mohammad Jan, se produjeron varias guerras en las que la política transgresora de Gran Bretaña no estaba exenta. Finalmente, Persia se vio reducida a unas fronteras en dicha zona que no se pueden aceptar, ni bajo el punto de vista histórico ni cultural. Las guerras entre Persia y Rusia comenzaron el séptimo año del reinado de Fath ‘Ali Shah (1804-1813) y culminaron con la firma del tratado de Golestán (un pueblo de Qarabagh) escrito en 11 capítulos precedidos por un prólogo y que fue firmado en presencia del embajador inglés, y en virtud del cual Persia perdía parte de Georgia (capital, Tiflis), Daguestán (capital, Darband), Shirván (capital, Bakú) y otras zonas como Shomají, Shakí, Ganjeh, Qarabagh y partes de Moghan y Talesh.

En la segunda guerra, que acabó con las protestas del pueblo y del clero independentista (1826-1828) y que tuvieron como consecuencia la derrota y la imposición a Persia de otro tratado, el de Torkamanchai, escrito en 16 capítulos, y una addenda de tres capítulos, en virtud del cual, además de los territorios susodichos Persia perdió Iraván y Nakhjavan. Además de estas pérdidas territoriales, se le impuso a Persia el pago de 5 millones de tomanes a Rusia en concepto de indemnización de guerra, amén de otras concesiones políticas y económicas al gigante europeo cuyo origen debe verse además a la insensata política y a la corrupción moral de algunos personajes de la dinastía. Entre estas políticas insensatas, cabe destacar las constantes capitulaciones y el permitir a los rusos la intervención en los asuntos internos con la excusa de defender el derecho al trono de los descendientes de ‘Abbas Mirza Qajar, intervención que ya siempre se mantuvo durante toda la dinastía Qajar y que no cesó hasta su revolución de octubre de 1917. En cuanto a las fronteras, según el capítulo IV del tratado de Torkamanchai, el punto de encuentro de las fronteras entre el Cáucaso, Persia y el imperio otomano comenzaba cerca de la cima del Agri, pasaba por el nacimiento del Bajo Qarasu hasta que este río se encontraba con el Araxes, que era utilizado como línea fronteriza hasta la fortaleza de Abbasabad. Por otro lado, la cadena montañosa que va desde el nacimiento del río Adineh Bazar hasta las cimas de los montes Jegir, fue establecida como frontera, y ésta continuaba hasta el nacimiento del río Astara situado en el norte, y se extendía a lo largo de todo su recorrido hasta su desembocadura en el Caspio. Los rusos no se conformaron solamente con la imposición a Persia de dos tratados humillantes y con declararle la guerra, sino que también exigieron nuevas concesiones relacionadas con las nuevas fronteras, y que en numerosas ocasiones fueron el origen de conflictos y desavenencias, como fueron los siguientes: protocolo de 1829 relacionado con las nuevas fronteras, imposición del protocolo de 1896 en virtud del cual se redibujaban las fronteras que eran llevadas esta vez hasta la confluencia de los ríos Qarasu y Araxes, beneficiándose con ello los otomanos, y, finalmente, la ausencia de resultados de los esfuerzos de la Comisión de Moghan en 1925. Todo esto hizo que hasta finales del período Qajar no se establecieran las fronteras de Persia como aproximadamente están en la actualidad.

Pasando ahora a la frontera nordeste, un tal Mohammad Amin Jan había obtenido en Joresmia mucho poder. Aunque Hesam al-Saltaneh (valí de Jorasán) había nombrado biglerbiguí (especie de cacique o señor de una ciudad) de Marv en 1852 a ‘Abbas Qolí Jan Darreh Gazí, sin embargo, Mohammad Amin Jan atacó Jorasán como hicieron antes que él otros janes que le precedieron, pero fue muerto por Freydun Mirza Farmanfarma en Sarajs. Cuando en 1854 llevaron su cabeza a Teherán, el valí de Jorasán nombró como gobernador de Marv a Jan Savar Jan Hezareí. Pero los turcomanos irrumpieron de nuevo, esta vez más preparados, y derrotaron a los persas y se hicieron de muchos cautivos aprovechando las desavenencias que habían entre Heshmat al-Douleh (valí de Jorasán) y Qovam al-Douleh. En este asunto nada pudieron hacer los intentos políticos de Mirza Huseyn Jan Sepahsalar, y lo rusos, que ya se habían planteado el objetivo de anexionarse Asia Central, conquistaron Jiva en 1873 con la intervención de Kaufman. Más tarde, con el aplastamiento de la tribu turcomana de los Yamut en 1878 en manos del general Lazarov y una nueva guerra posterior contra la misma tribu en 1880, a las órdenes del general Skobelev, y, finalmente, con la masacre perpetrada contra los turcomanos por unas tropas rusas que llegaron a Gug Tappeh en ferrocarril, ocurrió en toda aquella región del nordeste de Persia lo mismo que en el Cáucaso, es decir, la imposición de la firma de un tratado a la ya maltrecha Persia, similar al de Torkamanchai, el 9 de diciembre de 1881. Este tratado fue firmado por el ministro de Asuntos Exteriores persa (Mirza Sa’id Jan Mo’tamen al-Molk) y el embajador ruso (Iván Zinoviev). Según su capítulo primero, las nuevas fronteras que imponían los rusos iban desde el golfo de Huseyn Qolí Jan, el río Atrak hasta Chat, los montes Sangudagh y Sagumdagh, el río Chandar, y, tras pasar varios montes y valles, el río Sambar hasta Masjed Darianeh, y continuaba tras pasar varios barrancos y desfiladeros y los pueblos de Jeyrabad, Gug Gital, Darband y las cercanías de Firuzeh. La línea discurría también por Kalteh Chenar y el lugar donde se encuentran los montes Zirkuh y Qezeldagh y el valle de Babagavras y Lotfabad, y se inclinaba hacia el sudeste y terminaba en lo que es hoy la ciudad de Sarajs. Según el capítulo II, se estableció que ambas partes firmantes designasen comisarios para la delineación de fronteras. Así pues, en febrero de 1886, fue nombrado por el gobierno persa Soleymán Jan, y, los rusos, por su parte, nombraron a Taravayev además de otros agregados técnicos rusos y persas que llegaron a diseñar un mapa con la escala de 1/48.000. Sin embargo, los zares tenían aún más pretensiones y exigencias al respecto de Firuzeh y Hesar que llevaron a la firma de un nuevo tratado el 27 de mayo de 1893 en el que intervinieron Mirza Ali Asgar Jan Amin al-Douleh (primer ministro de Persia) y Potzev (Embajador de Rusia) que según sus tres primeros capítulos, “Su Majestad Imperial de Persia [Naser al-Din Shah], en su nombre y en el de su heredero cede completamente la región de Firuzeh a Su Majestad el emperador de todas las Rusias.” En cuanto a la región de Hesar, hicieron también algunos cambios en los que salió beneficiada Rusia. A cambio de todo esto y para restar un poco los escollos que contenía el tratado de Torkamanchai, se le devolvió a Persia el trozo de tierra situado en la orilla derecha del río Araxes así como las tierras situadas frente a la antigua fortaleza de Abbasabad.

Así pues, la situación de Rusia en lo que respecta al paso de tropas y a la economía fronteriza (riego) se fortaleció, y, según el capítulo IV del tratado se acordó que los comisarios de ambos bandos encargados de delinear las fronteras llevasen éstas desde el golfo de Huseyn Qolí hasta la cuenca del Tajan en Zulfaqar, y también, según el capítulo VI, la población de Firuzeh y Hesar tenía que ser deportada a otro lugar. También acordaron que no construyesen fortalezas en los territorios intercambiados, y que ni en Firuzeh ni en Hesar se asentaran turcomanos.

A estos tratados impuestos se agregaron varios protocolos, como el del 23 de enero de 1894 y el del 8 de noviembre del mismo año. En Ashkabad, los delegados rusos siguieron el mismo método que utilizaron en el Cáucaso; no delimitar unas fronteras precisas. Tras el establecimiento del régimen bolchevique se firmó un tratado entre Moscú y Teherán en 1921, y Rusia, convertida ahora en la URSS, reprendía en su capítulo III la abusiva política de la Rusia zarista y se le devolvía a Persia la región de Firuzeh. Por otro lado, a cambio de que la Unión Soviética se quedara la antigua Sarajs, ésta a cambio renunciaría a la explotación de la isla de Ashuradeh y otras islas situadas en la costa caspia de Asterabad. Con todo ello vemos cómo la nueva Rusia seguía la misma política que su antecesora, de tal manera que al final del período Qajar (1922), una comisión de 11 miembros mantuvieron conversaciones durante diez meses y no se pudieron poner de acuerdo ni siquiera en las peticiones planteadas según los tratados impuestos por Rusia a Persia, quedando por ello varias zonas de las fronteras del norte sin establecer definitivamente.

En lo que se refiere a la frontera oriental, hay que decir que en la región de Jorasán (Herat), después de Nader Shah hubo también muchos disturbios. Ahmad Jagan Darani (uno de los generales) y después de él Zamanshah (emir de Kabul) se convirtieron en dos de las personalidades más poderosas de la zona. El devenir de los acontecimientos era de tal manera que, por un lado las rivalidades entre Francia y Gran Bretaña, a raíz de la India, y, por otro lado, la coordinación entre ingleses y rusos para la conquista de Asia Central, lo único que hacían era añadir más leña al fuego de la región. Las diferencias tribales, lingüísticas y religiosas, añadidas a las ansias de poder de los jefes y príncipes, animó a los ingleses a intervenir directa o indirectamente para hacer aún más inestable la región hasta tal punto que Kamran Mirza, hijo de Mohammad Shah Darani, le declaró la guerra a Mohammad Shah Qajar, y mientras el ejército persa asediaba la ciudad de Herat, es decir las puertas de la India, le era arrebatada a Persia la isla de Jark en el golfo Pérsico por tropas británicas bien equipadas al mando de Lord Auckland, gobernador de la India. También, por otro lado, los puertos del golfo se encontraban bajo seria amenaza, de tal guisa que Mohammad Shah Qajar se vio obligado a renunciar al asedio de Herat. Mientras tanto, continuaban las insurrecciones de los jefes y emires afganos (Kamran Mirza, Shoŷa’ al-Molk, el hijo de Amir Teymur Darani y varios más). Finalmente, uno de ellos llamado Yar Mohammad Jan asesinó a Kamran Mirza en 1841 tomó para sí, de parte de Mohammad Shah, el título honorífico de Zahir al-Douleh, se avino con el emir de Qandahar Kahdel Jan y su hermano Dust Mohammad Jan (emir de Kabul), y, con su declaración de lealtad al gobierno central de Persia, apaciguó hasta cierto punto la región. Mas esta paz fue rota por las hostilidades por parte de los británicos que enviaron un contingente de 20.000 soldados entre cipayos, ingleses y afganos a las órdenes de Sir William Magnaughten, y levantaron una guerra entre los años 1839-1842 con el objetivo de ayudar a Shah Shoŷa’. Aunque el emir vasallo había sido asesinado en noviembre de 1841 por Amir Jan (hermano de Dust Mohammad Jan), Mohammad Shah puedo reunir la ayuda necesaria para enviarla al frente. Finalmente, Dust Mohammad Jan se vio privado de la ayuda del gobierno central de Persia e incluso del janato de Joresmia. Después del fin de las hostilidades y hasta el año 1863, los británicos no se opusieron a su política seguida contra Persia, y estos se beneficiaron de él a la hora de separar Herat de Persia y de inmiscuirse en los asuntos persas, le prefirieron a él en detrimento de otros gobernadores o emires de la región como Yar Mohammad Jan (Zahir al-Douleh I), Mohammad Jan (Zahir al-Douleh II), Mohammad Jan Darani (enemigo de Zahir al-Douleh II) y también les fue a los británicos de gran ayuda la política jugada por Sir John Lawrence en Kabul. Cuando Dust Mohammad Jan se presentó como amigo de los ingleses y fue ayudado por Hesam al-Douleh, gobernador de Jorasán, el ejército persa conquistó Herat y fue pronunciada allí la homilía del viernes en nombre de Naser al-Din Shah, rey de Persia. Tras aquello, el gobierno británico le dio un fuerte ultimátum al gobierno persa y envió por tierra y por mar un fuerte contingente armado cerca de Bushehr. Los ingleses declararon sin ambages que Persia no solo tenía que replegarse de Herat sino que además tenía que indemnizarles por todos los gastos y pérdidas ocasionadas y renunciar expresamente a todas futuras pretensiones relacionadas con Herat y el territorio afgano. Mirza Aqa Jan Nuri (uno de los títeres de los ingleses que llegó a primer ministro tras el asesinato de Amir Kabir) envió como embajador a Farrol Jan Gaffari (un político de su misma línea) a París para firmar con el embajador británico, con Napoleón III de intermediario, un tratado en virtud del cual Herat se desgajaba de Persia, con lo que se le daba al gobierno persa un golpe funesto.

El tratado de París fue redactado en 15 capítulos y un prólogo. Los capítulos V y VI, que tratan sobre las cuestiones fronterizas, es donde Persia más sale perdiendo. En el V se pacta que “los soldados y agentes de Persia deben de salir de la ciudad de Herat y del territorio afgano en un plazo de tres meses”. Según el capítulo VI “Persia renuncia a reinar en Herat y Afganistán, y si surgen desavenencias entre Persia y aquel país, sin llegar a la fuerza, deberán consultar al gobierno amigo británico”. Así fue como Gran Bretaña, creando una situación de inseguridad, pudo lograr su objetivo que era proteger la India, y con ello hizo aparecer unas fronteras que si las miramos bajo el punto de vista social y antropológico son turbulentas y borrosas.

En lo que respecta a la región de Sistán y Baluchistán, tras la firma del tratado mencionado, los ingleses dirigieron sus miras esta vez a dichas regiones, que estaban en continuos disturbios desde la muerte de Nader Shah, debido a la lejanía del gobierno central. Los janes de la región, como por ejemplo Mohammad ‘Ali Jan Sistani Nahravi y Dust Mohammad Jan Baluch, eran en ocasiones motivos de disturbios, pero cuando el gobierno central se enteraba, se reestablecía la calma hasta cierto punto, (como en la época de Amir Kabir, cuando fue nombrado gobernador de Kermán el príncipe Tahmasp Mirza Mo’ayyed al-Douleh, con la ayuda de ‘Abdullah Jan Sarem al-Douleh). Los ingleses estaban al acecho para sacar el máximo partido a estas insurrecciones y revueltas locales. Entre ellas, hay que destacar la de Naser Jan Baluch contra los británicos, que acabó en la firma de un tratado en 1854 entre Naser Jan y Gran Bretaña, en virtud del cual él y su familia pasaban a estar bajo la protección de la colonia inglesa.

Después de él, su hermano Mir Jodadad Jan, al querer duplicar sus asignaciones provocó una situación que no hizo más que aumentar la influencia británica.

Delineación de las fronteras orientales

En este periodo se producen grandes modificaciones de norte a sur en las fronteras orientales, desde la garganta de Zulfaqar (punto geográfico donde confluían Irán, Afganistán y la Unión Soviética), hasta el punto fronterizo situado más al sur, común con Afganistán, donde empieza el actual Pakistán (el Baluchistán de los ingleses). Esta larga frontera fue finalmente delineada por ingleses y persas.

En el oeste

En la frontera occidental, imperio otomano e Irak, siempre había habido disputas fronterizas debido a factores religiosos, sociales (tribus y cabilas), políticos (refugiados) y económicos (tensiones comerciales). En el período Qajar estos problemas se agrandaron debido a las exigencias de las dos superpotencias, es decir Rusia y Gran Bretaña. Después de evidenciarse la debilidad de Persia en las guerras que ésta mantuvo contra Rusia, y aunque ‘Abbas Mirza y su hermano (Mohammad ‘Ali Doulatshah) pudieron conquistar entre 1806-1812 muchas ciudades otomanas en las se asentaban armenios, e incluso arrastrar la guerra de tal manera que pudieron asediar Bagdad, finalmente los cercos rusos y británicos se estrecharon más en perjuicio de Persia.

El primer tratado fronterizo entre Persia y el imperio otomano fue firmado en la época de Fath ‘Ali Shah (1822) en Erzerum, y en virtud del cual se tendría que haber fijado la frontera entre ambos países partiendo del monte Ararat, hasta la desembocadura de Shatt Al-Arab, y que permanecerían inalterables, mas prevalecieron finalmente las desavenencias fronterizas que desde antaño tenían ambos estados, sobre todo en la región norte de asentamientos kurdos y en Juzestán, asentamiento árabe.

Tras la muerte de Fath ‘Ali Shah, los rusos y británicos organizaron en Erzerum la II Conferencia, con claros objetivos políticos, como era la necesidad de paz en el Cáucaso y el golfo Pérsico. El comité persa estaba encabezado por Mirza Taqi Jan Amir Nezam, el otomano por Nuri Efendi y después por Sa’d Allah Anvar Efendi, el inglés por el coronel William y el ruso por el coronel Dainese. Los ingleses se trajeron geógrafos y arqueólogos que sometieron toda la línea fronteriza persa a un exhaustivo estudio antropológico, científico, técnico e histórico. Tras surgirle varios problemas al comité persa y ser asesinado Cheragh Ali Jan Zanganeh, fue firmado el 2 de junio de 1847 un tratado redactado en 9 artículos precedidos por un prólogo. Según el párrafo II del tratado, la parte oeste de la provincia de Zahab pasa a pertenecer al imperio otomano, y la parte este (Jabaliyeh y Darreh) a Persia, y, en lo que se refería a la región persa de Suleymaniyeh, Persia renunciaba a cualquier pretensión sobre su propiedad. El estado otomano, por su parte, renunciaba a Jorramshahr (a la sazón llamada Puerto de Mohammareh), en la margen izquierda del Shatt al-Arab y a la isla de al-Jazr. Así pues, aparentemente aquí se acababan las disputas, y aunque un año después empezó a poner pegas, no obstante, los “dos países intermediarios” supieron responder adecuadamente.

Desde aquel entonces y hasta la caída del imperio otomano en 1914, varias fueron las comisiones de delineación fronterizas: en 1850, en cumplimiento de la sección tercera del tratado de Erzerum para delinear las fronteras, en 1875-76, 1905, 1911 (para solventar algunos problemas fronterizos), 1912, 1914 sobre el Protocolo de Estambul y el Convenio de Constantinopla, y, finalmente, el 21 de enero de 1914 se formó una comisión en Mohammareh (Jorramshahr) en la que estuvieron presentes delegados de Persia, del estado otomano y de Gran Bretaña (Wrattislaw y el capitán Wilson), de Rusia (Minorsky y Beleiew). Obviamente, ni que decir tiene que con todas las reuniones que se hicieron y todos los comités que se formaron, los problemas fronterizos del oeste además de no solventarse se agravaron aún más con el nacimiento del nuevo estado de Turquía, nacido de las cenizas del imperio otomano, y el estado artificial de Irak, con los cuales los problemas territoriales y de navegación en Shatt Al-Arab y en su desembocadura (ribera occidental del golfo Pérsico) continuaron igual.

En el sur

En la parte sur del país nos encontramos con el golfo Pérsico y el mar de Omán. Tras el asesinato de Nader Shah, y, sobre todo, tras la muerte de Karim Jan Zand (1779) se incrementaron las revueltas y la agitación en el golfo Pérsico y en las aguas del mar de Omán. Con la llegada de Sir John Malcolm, la influencia de Gran Bretaña aumentó en Persia. Aunque durante el período fugaz de Mirza Taqi Jan hubo un reestablecimiento de la calma y la seguridad en las fronteras del sur, no obstante, no pudo Persia enfrentarse de forma independiente a los ingleses debido a las intrigas coloniales, las excusas engañosas de la lucha contra el comercio de esclavos y el establecimiento de relaciones por separado con cada uno de los 11 jeques árabes de la región. Huseyn Mirza Farmanfarma, gobernador de Fars, que era inconsciente de lo que ocurría, firmó un pacto con el capitán Bruce mediante el cual hacía cargo a los británicos de la seguridad del golfo Pérsico. Gran Bretaña se apoderó de todo el golfo en 1819 trayendo una flota de seis buques de guerra y 3.000 marineros a las órdenes de Sir William Grantkair. Las islas del golfo, y entre ellas Bahrein, quedaron bajo el control militar de Gran Bretaña, que siguió la política de asentar en ellas árabes y evitar el asentamientos de Persas y firmar tratados coloniales con los jeques recién llegados de la familia Jalifa (Sheij Mohammad b. Jalifa) mediante Felix Jones.

Entre los años 1880 y 1892, es decir, en la época de debilidad de Naser al-Din Shah, el jeque de Bahrein se comprometió con los ingleses a acorralar a los persas lo más posible. En 1914, es decir, a comienzos de la I Guerra Mundial, todo Bahrein pasó a ser un protectorado británico. Uno de los personajes conocidos del colonialismo británico fue Sir Charles Belgrave, que gobernó durante varias décadas allí y en otras zonas sensibles del golfo Pérsico. No obstante todo lo dicho, la Persia Qajar, durante ninguno de sus reinados jamás aceptó ni confirmó la separación, ni renunció a los derechos que ostentaba en el golfo Pérsico, en el mar de Omán ni a lo largo de los 1830 kilómetros de sus fronteras marítimas.

Conclusión

Después del período safaví, las fronteras de Persia en sus cuatro puntos cardinales sufrieron grandes cambios debido a la llegada al poder de estados tribales y regionales y el colonialismo de las potencias extranjeras. La tribu de los Qajar, que como hemos visto se impuso finalmente sobre las demás, logró crear un estado cuyas fronteras eran verosímiles con la realidad cultural y geográfica persas. Sin embargo, la hegemonía extranjera, enfrentada a las estructuras tradicionales, hizo tambalear a la Persia Qajar y dibujar unas fronteras que son imposibles de definir sin tener en cuenta factores como el principio de equilibrios, políticos y sociales, tanto internos como externos.

En el noroeste, con la imposición de los tratados de Golestán y de Torkamanchai (el Cáucaso), y, en el nordeste, con la imposición del tratado de 1881 (Jorasán y Transoxiana), Rusia se apropió de dos regiones grandes e importantes de Persia, y aunque posteriormente los bolcheviques reconocieron la política abusiva y despótica del zar, las fronteras quedaron igual y apenas se produjeron algunos tímidos cambios. La Unión Soviética nunca devolvió ni siquiera los territorios que se había comprometido a devolver, como por ejemplo Firuzeh. Más al este, con el tratado de París (Herat y Afganistán), y más al sur, siguiendo la misma línea fronteriza (Baluchistán) se consolidaron los intereses de Gran Bretaña en Asia Central y la India. Al oeste, en la frontera que se separaba a los dos estados decadentes, el otomano y el Qajar, rusos e ingleses trazaron unas líneas fronterizas protegiendo sus intereses coloniales en el Cáucaso y el golfo Pérsico con la que no estaban de acuerdo ni los estados de entonces ni la posterior Turquía e Irak.

En el sur, aunque se encontraba el golfo Pérsico que podía marcarse como frontera natural y que a veces era considerado como un mar interior de Persia, nunca éstas aguas descansaron del azote colonial, y como ejemplo de ello podemos mencionar los acontecimientos de Bahrein.

En consecuencia, se puede analizar y obtener un conocimiento completo de las exigencias y ambiciones de las potencias colonialistas echando un vistazo a las fronteras de la Persia Qajar. No solo no fueron tomados en cuenta los factores geográficos, étnicos y culturales para la delineación de las fronteras, sino que incluso fueron puestos al servicio de unas tendencias de los gobiernos regionales en poner en marcha el mecanismo de aceptación de la presencia de la hegemonía extranjera y la sumisión a su poderío.