HISTORIA COMPLETA DE IRÁN

 

27-SAFAVÍES 1501-1722

28-AFSHARÍES 1735-1748

 

27-SAFAVÍES 1501-1722

La formación del estado safaví a principios del siglo XVI es uno de los acontecimientos más importantes de la historia del Irán contemporáneo. La fundación de este estado, al que hay que considerar como el inicio de una nueva era en la historia política, cultural y religiosa persa, fue el que hizo de Persia una nación independiente y relativamente centralizada fundamentada sobre las bases del shiísmo duodecimano, al que convirtió en doctrina oficial. Por otro lado, la fundación y consolidación del estado safaví allanó el terreno para el desarrollo de una cultura y arquitectura que fue tomada como patrón posteriormente, en especial en el terreno de las artes. Además, el inicio de relaciones con los europeos y las naciones vecinas por parte de la corte safaví trajo como consecuencia positiva el desarrollo del comercio. Es menester decir que ello provocó un cambio drástico en la economía interna, que se tradujo en una profunda transformación en la producción y venta de la seda y la fundación de grandes factorías de hilado.

En 1501 Shah Ismail I (hijo de Sheij Heydar Safaví) fue ayudado por los Qezelbash. Los Qezelbash, que estaban vinculados a una cofradía sufí o tariqa de Ardabil, vencieron a Farroj Yasar, rey de Shirvan, y a Alvand Bik Aq Qoyunlu y conquistaron la ciudad de Tabriz, a la sazón capital de los Aq Qoyunlu. Fue en esta ciudad donde echó los cimientos del estado safaví y declaró el shiísmo duodecimano doctrina oficial del nuevo estado persa. Durante los primeros años de su reinado derrotó y derrocó a todos los pequeños estados internos independientes y preparó las bases para un gobierno centralizado.

Aunque se puede afirmar que el estado safaví fue fundado por Ismail en 1501, no obstante, sus antecedentes históricos se remontan a dos siglos antes. Si echamos un vistazo a la historia de la sociedad de Persia después de la llegada del Islam, puede decirse que la creación del estado safaví shií es la culminación de los alzamientos que otrora hubiera a favor del shiísmo y en contra de los Omeyas, de los Abbasíes y de los estados que convergían con su política. La invasión y devastación de Persia por las hordas mongolas durante el siglo XIII, la caída del califato abbasí en 1258 y todas las consecuencias que acontecimientos de este calibre conllevaba, propició y allanó el terreno a los seguidores de otras doctrinas, especialmente al shiísmo y otras ramas afines a él, y les posibilitó un mayor y más rápido desarrollo. En realidad, durante los siglos XIV y XV, y especialmente durante el período de decadencia de los Iljaníes y los Timúridas, hubo un gran desarrollo del shiísmo y del misticismo. Sheij Safi al-Din Ishaq Ardabilí (1252-1329), antepasado epónimo de los Safavíes y líder de la cofradía sufí de los Safavíes, vivía en la época iljaní. Fue contemporáneo de reyes iljaníes como Sultán Mahmud Qazán Jan y el sultán Abu Sa’id Bahador Jan.

Basándonos en uno de los antiguos textos safavíes, uno de los antepasados ilustres de Safi al-Din fue Firuzshah Zarrin Kolah, que se había afincado en Moghan, en una región adyacente del oeste de Gilán, y cuyos hijos vivieron en la misma región una vida piadosa y ascética. Safi al-Din pertenecía a la octava generación de Firuzshah Zarrin Kolah, y desde su más temprana juventud comenzó afanosamente a ir de ciudad en ciudad en busca de un anciano o guía que lo guiase en la senda espiritual del sufismo. Finalmente, en Gilán llegó a la tariqa o cofradía sufí de Sheij Zahed Gilani y se sumó a su círculo. El sheij, que pronto se percató de las cualidades y del talento del muchacho en las cuestiones místicas, lo escogió para que fuera su sucesor. Cuando el sheij murió en 1300, Safi al-Din ocupó su lugar en la tariqa e hizo de la ciudad de Ardabil, su patria chica, el centro de sus actividades y erigió una tariqa que pronto fue el lugar de reunión de sus prosélitos. La crueldad y la tiranía de los Iljaníes y sus agentes y las estrecheces y penalidades a las que sometían al pueblo convirtieron a las cofradías sufíes de aquella época en el lugar de encuentro de descontentos, rebeldes, opositores e intelectuales, entre los que obviamente Safi al-Din ocupaba un lugar destacado. Por otra parte, la ubicación de Ardabil en plena ruta que une Gilán, con Azerbaiyán, Aran y Anatolia, la influencia espiritual de Safi al-Din y el respeto que le tenían los jefes de las tribus no hicieron sino aumentar la influencia de aquella su familia.

Cuando Safi al-Din murió en 1329 había ya reunido en torno a su persona una gran cantidad de adeptos y discípulos. Tras su muerte, le sucedió Sadr al-Din Musa. Desde aquel entonces y hasta la época del liderazgo de Sheij Ŷoneid, todos los guías de la tariqa se dedicaban exclusivamente a guiar en la senda espiritual a sus adeptos y a propagar su doctrina en otras regiones. Fue en este periodo de 100 años (desde 1330 a 1340) cuando la influencia de la cofradía sufí safaví se difundió entre las tribus pobres y desheredadas de Anatolia, que eran turcos emigrados a aquella región, y entre los shiíes procedentes de Siria, las montañas del Líbano. Pero desde que Ŷoneid asumió el liderazgo de la tariqa, y debido a la difusión del shiísmo en las mencionadas regiones, muy especialmente en Anatolia, y el fuerte vínculo existente entre las ideas sufíes y el shiísmo, la tariqa de Ardabil se convirtió en un centro de propaganda del shiísmo duodecimano. La aparición de divergencias entre los gobernantes de las sagas de los Aq Qoyunlu y Qarah Qoyunlu y la situación de esta tariqa en las mismas provocó que la cofradía safaví se viese arrastrada a intervenir en los asuntos políticos y militares del momento. Sheij Ŷoneid, que había sido deportado de Ardabil por Ŷahanshah Qarah Qoyunlu, se encontraba en Diyarbakir y allí se hallaba bajo la protección de Uzun Hasan, el rival de Ŷahanshah. Sheij Ŷoneid comenzó a reunir efectivos y partidarios de su causa entre las tribus turcas y los shiíes. Participó en las guerras de Uzun Hasan, pero en el año 1455 murió cuando fue a Shirvan para declararle la guerra santa (yihad) a Shirvanshah. Después de su muerte, su hijo Heydar ocupó su lugar, quien, al igual que su padre, se puso bajo la protección de Uzun Hasan, quien le dio su hija en matrimonio. Sheij Heydar reunió en Ardabil a los sufíes frustrados a quienes armó y colocó bajo su mando. Debido a que estaban tocados todos por igual por un gorro de doce hendeduras (cada una de ellas representaba a los doce imanes) con la coronilla roja fueron conocidos como los Qezelbash que en turco significa “cabeza roja”. Este grupo jugaría posteriormente un papel fundamental en la formación del estado safaví.

Sheij Heydar dio continuación a los grandes planes que había hecho su padre y para ello continuó su cruzada contra Shirvanshah. Marchó a Shirvan, a la cabeza de sus guerreros, pero a pesar de su denuedo y valentía fue derrotado y muerto por el bien organizado ejército de Yaqub Bik Aq Qoyunlu (1487), y sus hijos, ‘Ali, Ibrahim e Ismail fueron encarcelados en la mazmorra de una fortaleza de Estajr, en Fars. Mientras tanto, se levantaron nuevas disputas a raíz de la sucesión de Yaqub Bik Aq Qoyunlu entre Bayesnoqor Mirza (su hijo) y Rostam Mirza (biznieto de Uzun Hasan) que hicieron temblar a la saga safaví. Así pues, Rostam Mirza, para poder enfrentarse a su poderoso rival, es decir a Bayesnoqor Mirza, decidió contar con la ayuda de los tres hijos de Sheij Heydar, por lo que fue hasta Fars para liberarlos. Tras su liberación, marcharon hacia Ardabil y una vez hubieron llegado, ‘Ali (el mayor de los hermanos) acompañado de un ejército que había reunido entre los sufíes, marchó a enfrentarse a Bayesnoqor Mirza y le infligió una derrota a la orilla del río Kor. Pero, debido a las malas sospechas que comenzó a albergar Rostam Mirza y al miedo que a éste le daba el poder que estaba acaparando los partidarios de ‘Ali, asesinó a éste en una trama a su regreso a Azerbaiyán y ordenó que apresaran a sus dos hermanos, Ibrahim e Ismail. Los dos hermanos, ayudados por sus consejeros, huyeron de la quema, y, después de un tiempo de vivir fugitivos en Ardabil, se marcharon a Gilán donde fueron cordialmente recibidos por Karkia Mirza ‘Ali, gobernador de Lahijan y unos de los seyyeds shiíes de la zona. Tras varios meses de residencia en Lahijan, Ibrahim se fue a Ardabil pero su hermano Ismail permaneció en Lahiján seis años más, hasta 1499 que es cuando inicia su levantamiento. Durante el tiempo que permaneció bajo los auspicios de Karkia Mirza ‘Ali, se familiarizó con la lectura, la escritura, el Corán, aprendió a montar a caballo y a tirar con arco. Finalmente, en el mes de ramadán de 1499 y tras consultar con los notables, especialmente con Huseyn Bik Allah, decidió partir de Lahiján y marchar hacia Ardabil. Mirza ‘Ali hizo cuanto estuvo en su mano para impedírselo pues consideraba aquella su decisión como algo precipitada. En el camino hacia Ardabil se le fueron uniendo nuevos efectivos de las tribus de Jolo, Shamlu, Zulqadar, Afshar, Qajar y Varsaq. Al principio, Ismail tenía decidido declararles la guerra santa a Georgia, pero en la ciudad de Arzanjan cambió de idea y se preparó para luchar contra Shirvan. Esta decisión la tomó con la intención de vengarse de Shirvanshah, pues tanto su padre como su abuelo perdieron la vida luchando contra él, Ismail y su ejército. Tras cruzar de forma temeraria el río Kor y apoderarse de la ciudad de Shomaji, derrotó y asesinó a Shirvanshah cerca del castillo de Golestán (1500). Después de aquello, conquistó las fortalezas de Now, Bakú y Golestán, y, en la región de Sharur derrotó a las huestes de Alvand Bik Aq Qoyunlu que habían acudido a ayudar a Farroj Yasar, rey de Shirvan. Tras aquello, Ismail marchó hacia Tabriz donde llegó tras su paso victorioso por Nakhjavan; con la conquista de Tabriz, el estado safaví entra en la escena de la historia de los reyes de Persia (1501).

El primer viernes tras su victoria, el ahora Shah Ismail ordenó al ulema de la ciudad que se hiciese la homilía del viernes o “jutba” en el nombre de los Doce Imanes y que el almuédano precediese su llamada a la oración con las frases “Ashhadu inna alian wali allah” (soy testigo de que ‘Ali es el vicario de Dios), a la vez que declaró al shiísmo duodecimano religión oficial del estado.

Shah Ismail pasó los primeros años de su reinado ocupado en eliminar la influencia y el poder de los Aq Qoyunlu y en aplastar a los gobernadores locales. Desde 1501 hasta la conquista de Jorasán en 1510, derrotó en Hamadán al sultán Murad Aq Qoyunlu (gobernador del Irak árabe y persa, Fars y Kermán) y sometió las regiones que se hallaban bajo la influencia de los Aq Qoyunlu. También dio fin a los gobiernos regentados por Murad Bik Aq Qoyunlu (Abarqu), Huseyn Kia Chalaví (gobernador de Firuzkuh, Semnan y Jar), Abul Fath Bik (gobernador de Kermán) y otros gobiernos locales. En 1507 derrotó a ‘Ala al-Douleh Zulqadar y así pudo hacerse con Diyarbakir, y al año siguiente se apoderó de Bagdad y de los lugares santos del shiísmo (Nayaf y Karbalá). Asimismo, conquistó Juzestán y Havizeh y dio fin a la influencia de Barik Bik Pornak en el Irak Árabe. En 1509 decidió atacar al gobernador uzbeco Mohammad Jan Sheybaní, que se había apoderado de Jorasán y de toda la zona oriental de Persia hasta Kermán. Sheybaní era el soberano del poderoso estado de los sheybaníes. Uno de los antepasados de Sheybaní fue el hijo de Ŷuŷi Jan que poco a poco, a finales del siglo XIV, se fue apoderando de toda la zona de Transoxiana. Finalmente este Mohammad Jan Sheybaní conquistó toda Transoxiana en 1494, y, aprovechándose de la debilidad de los últimos Timúridas, se hizo de Jorasán y las regiones del este de Persia, como antes señalamos.

La aparición del estado shií safaví en Persia levantó hostilidades en el estado otomano de Anatolia y en el sheybaní de Asia Central, ambos, protectores y defensores de la sunna, la otra rama principal del Islam. Entre los dos estados sunníes se creó una especie de connivencia en contra del enemigo común shií, algo que es corroborado por los textos de la profusa correspondencia que ambos mantuvieron. Los abusos de los uzbecos en Jorasán y el este de Persia, y el envío de misivas amenazadoras de Mohammad Sheybaní al Shah Ismail incitaron a éste a atacar Jorasán. Tras hacer llamar a su ejército que se encontraba disperso en diferentes zonas del país, los reunió para marchar contra Jorasán y, en el año 1510, infligió a los uzbecos una humillante derrota en las cercanías de Marv muriendo Mohammad Jan Sheybaní en la contienda. Con la derrota de los uzbecos se abrieron las puertas para dominar las regiones de Transoxiana y Jorasán, por lo que ahora la frontera nordeste del estado safaví se extendía desde el río Oxus hasta Balj.

Shah Ismail no mostraba mucho interés en administrar Transoxiana y su ofensiva contra los uzbecos se debía más a los abusos de éstos contra la población de Jorasán, aún así, al nombrar gobernadores en las diferentes ciudades de aquella región, extendía efectivamente la hegemonía safaví en toda la cuenca sur del Oxus.

La derrota de los uzbecos provocó una violenta reacción entre los otomanos, cuyo sultán, Bayazid, seguía una política inerte y de concurrencia frente al Shah Ismail que se enfrentaba de pleno con los jefes Yenicheri y los ulemas sunníes otomanos. Estos opositores consideraban a Bayazid un impedimento en la lucha contra los Safavíes, por lo que se agruparon alrededor de su hijo (Salim) y tramaron un complot en el que cayó muerto Bayazid, quitando de en medio el estorbo.

Tras la muerte de su padre, el ahora sultán Salim I cargó contra Persia con el objetivo de derrocar el nuevo estado shií. Para ello, se hizo de un numeroso y bien equipado ejército compuesto de los Yenicheri y de súbditos de los estados vasallos, no sin antes masacrar a los shiíes y partidarios de Ismail I de Anatolia. Tras aquella masacre, se dirigió a Persia (1514) y, en Chaldirán, cerca de Juy (Azerbaiyán), provisto de un ejército muy superior en número y equipado con las nuevas armas de fuego, inició la contienda en contra del ejército de Ismail. De nada sirvió la resistencia y la valentía mostrada por el rey safaví y los Qezelbash; la batalla fue ganada por los otomanos y Tabriz conquistada. Pero Salim I no se pudo quedar mucho tiempo en Azerbaiyán pues el miedo a permanecer lejos del centro de poder, la inseguridad, y, lo más importante, la insurrección de los Yenicheri que se habían levantado en rebelión por estar en contra de la guerra y de las matanzas perpetradas contra los musulmanes, le obligó a retroceder.

Aunque la batalla de Chaldirán fue un duro revés para el estado safaví, no causó ni mucho menos su desaparición. Tras aquella batalla, Ismail I ya no realizó nada importante en su vida, pasando ocioso la mayor parte de su tiempo, y tan solo envió un contingente a Georgia y Transoxiana para aplacar unas revueltas. Shah Ismail murió en 1523 dejando como legado un estado que tendría que durar dos siglos y que fue las bases del Irán moderno.

Su hijo mayor, Tahmasp, había nacido en 1513. Con solo un año de edad fue enviado a Herat por mandato de su padre. Debido a la importancia que tenía la región de Jorasán, ésta iba a ser conferida nominalmente al niño. Ismail le encargó la educación de su hijo a Div Sultán Rumlu (gobernador de Balj). A la muerte de su padre, fue nombrado sultán Tahmasp, cuando tan solo tenía 10 años y medio, por lo que tuvo un largo reinado de 43 años (1523-1576), el más largo de todos los reyes safavíes.

Tahmasp no tenía la valentía ni el coraje de su padre, pero en lo que se refiere a sus artes políticas y administrativas, su período debe ser considerado uno de los más importantes del reinado safaví. Durante su corta vida, Shah Ismail, que la había pasado mayormente luchando contra enemigos del interior y del exterior, fracasó a la hora de establecer los cimientos de su nuevo estado sobre bases religiosas, misión que sí se realizó durante el largo reinado de su hijo. La primera mitad de su reinado la dedicó a luchar contra la deslealtad y la escisión en varios grupos de los Qezelbash, amén de prepararse para la guerra en las fronteras este y oeste de Persia. Sus acérrimos enemigos, es decir, los otomanos y los uzbecos, ya comenzaron sus ataques contra Persia en cuanto Tahmasp fue entronizado. ‘Obayd Allah Jan Uzbek y otros emires atacaban constantemente Jorasán perpetrando masacres y arramplando con lo que podían. Finalmente, en 1528, se produjo la gran batalla de Ŷam que se saldó con la victoria de Shah Tahmasp sobre ‘Obayd Allah y la vuelta a la normalidad y a la calma de Jorasán. En la frontera este, Shah Tahmasp se enfrentaba al portentoso ejército del sultán Suleymán, que había heredado una gran extensión de territorios en Europa, Asia Occidental y el norte de África, que habían sido conquistados por su padre, a los que él fue añadiendo nuevas conquistas. La debilidad y la división de los monarcas europeos le brindó la oportunidad de llevar sus ejércitos hasta las puertas de Viena, y, por otro lado, la aparición de antagonismos entre los Qezelbash de Persia le hizo posible hostigar sus fronteras del este.

La huida al imperio otomano de Ulameh Sultán Taklu, uno de los jefes principales de los Qezelbash y el asilo de Alqas Mirza, hermano de Tahmasp, en la corte de Suleymán y las provocaciones que levantaron en Estambul en contra de Persia, intensificó aún más si cabe el fuego de la contienda entre ambos estados. Las milicias otomanas hostigaron varias veces los territorios persas situados en la frontera este, incluido Azerbaiyán. Shah Tahmasp, para impedir su avance, recurrió a la destrucción de aldeas y recursos, en definitiva, a la táctica de campo quemado, con lo cual el ejército invasor se veía sin víveres e imposibilitado para seguir avanzando, viendo el sultán Suleymán sus objetivos frustrados. El hijo de Shah Tahmasp, Ismail Mirza le arrebató en 1577 al sultán otomano las regiones de Erzerum, Kurdistán y Armenia.

Shah Tahmasp trasladó su capital de Tabriz a Qazvin en 1557 ya que la primera ciudad era muy vulnerable debido a su cercanía al imperio otomano y a la vez estaba demasiado lejos de Jorasán que constantemente era hostigada por los uzbecos. Qazvin mantuvo su condición de capital de Persia hasta 1597 cuando Shah ‘Abbas el Grande nombró Isfahán nueva capital del estado. Otros de los importantes eventos acontecidos durante el reinado de Shah Tahmasp fue el asilo en su corte del rey de la India Homayun, y del príncipe otomano Bayazid, eventos que influyeron de forma decisiva en las relaciones de Persia con dichos estados. En efecto, en 1543 el rey de la India se vio obligado a tener que huir debido a sus diferencias con Shir Jan de Afganistán y a las intrigas de sus hermanos, y refugiarse con sus deudos en la corte de Tahmasp, quien lo recibió calurosamente y ordenó que le acompañasen hasta la capital con respeto y honores. Tras un período en la corte safaví, Homayun regresó a la India acompañado con un ejército proporcionado por Shah Tahmasp y con el que pudo recuperar el trono perdido. Este acontecimiento dejó una huella indeleble en las posteriores relaciones de la India con Persia, de tal guisa que mientras duró el estado safaví tuvieron unas relaciones excelentes, solamente salpicadas de vez en cuando por desavenencias de carácter fronterizo, especialmente tocantes a la ciudad de Qandahar.

En lo que se refiere al príncipe otomano que también se había refugiado en la corte safaví, hay que decir que en 1559 surgieron disputas entre el refugiado Bayazid, su hermano (Salim) y su padre (el sultán Suleymán). Bayazid entró en Persia a la cabeza de diez mil soldados y le pidió a Shah Tahmasp que le diese protección. Este recibió amistosamente y con honores a su invitado y ordenó que se le alojase junto a los suyos en un palacio adecuado. Una vez enterado el sultán turco de lo que había hecho su hijo, comenzó a enviar misivas a Shah Tahmasp, a veces en tono amistoso y otras amenazante, donde le solicitaba o exigía la devolución de su hijo. La mediación y las peticiones del rey persa pidiendo la gracia del sultán otomano para Bayazid no obtuvieron ningún resultado. Finalmente, Shah Tahmasp, con el objetivo de impedir la invasión otomana y evitar el avivamiento de un conflicto que se había apaciguado tras el Tratado de Amasía, devolvió a Bayazid y a sus hijos a los agentes otomanos, gesto aquel que tuvo como consecuencia positiva un nuevo tratado de paz en 1561 que detendrían sus guerras fronterizas durante mucho tiempo.

Shah Tahmasp murió en 1576 en Qazvin. Su cuerpo fue llevado a Mashad para su eterno reposo junto al mausoleo del Octavo Imán. Era muy religioso y concienzudo a la hora de cumplir con sus deberes religiosos. Aunque la oficialidad del shiísmo fue proclamada por su padre, fue durante su reinado cuando fue consolidada y difundida, para lo cual hizo traer ulemas y sabios shiíes del Líbano, Bahrein e Irak. El largo período de paz que hubo con los otomanos le permitió a Shah Tahmasp erigir y consolidar las diferentes instituciones estatales como son la Administración y el Ejército, amén de organizar su economía sobre unas fuertes bases. En realidad, su reinado puede considerarse el período de la estabilización y consolidación del estado safaví.

Después de la muerte de Shah Tahmasp, su segundo hijo, Ismail Mirza (Ismail II), a la sazón encarcelado por orden de su padre en el castillo de Qahqaheh, llegó al trono con el concurso de la mayoría de los Qezelbash. Aunque solamente reinó un año y medio, tuvo tiempo suficiente para cometer los más horrendos crímenes. Hizo asesinar a la mayor parte de los cortesanos que tras la muerte de su padre habían apoyado a su hermano menor Heydar Mirza para su ascensión al trono, y, no contentándose con ello, dictó la orden de dar muerte a todos los príncipes safavíes para así asegurarse la ausencia de cualquier rival, siendo su hermano mayor Mohammad Mirza el único que salió vivo de aquella matanza, junto a los hijos de éste, Hamzeh Mirza y Abbas Mirza, que, si hubiera sido más largo su reinado, de seguro que también hubiesen perecido más tarde o temprano. A primeros de su reinado, Ismail II alejó de sí a los ulemas shiíes de primera fila pues era partidario de los sunníes. Hay que mencionar el hecho que durante su breve reinado no ocurrió ningún conflicto fronterizo.

Tras la muerte de Ismail II acaecida en 1577, los hombres de estado safavíes y los emires qezelbash se pusieron de acuerdo para nombrar sultán a Mohammad Mirza (primógenito de Shah Tahmasp). Reinó desde 1577 a 1587. Al ser este rey una persona corta de miras y de carácter débil, era incompetente para atender asuntos de gobierno y no hacía más que pasar la mayor parte de su tiempo junto a su esposa Fajr al-Nesa’ Bigum. Era ésta una mujer enérgica que plantó cara a los Qezelbash cuando éstos quisieron sacar provecho de la débil personalidad de su marido, enfrentamientos que no hicieron más que avivar la llama de la discordia, sobre todo entre algunos generales cercanos al trono, de tal manera que acabaron conspirando contra el monarca dándole muerte. La desaparición del rey no hizo sino provocar aun más enfrentamientos entre los miembros de la familia safaví, de cada rincón del país surgía algún príncipe que se levantaba en rebelión. Los emires de Jorasán, encabezados por Morshed Qoli Jan Ostad Ŷolo y ‘Ali Qoli Jan Shamlu, echaron del trono a ‘Abbas Mirza quedando así todas las provincias del país fuera del poder central y a merced del feudalismo de los cabezas militares. Mientras tanto, el imperio otomano estaba al corriente de los problemas internos que sacudía Persia, por lo cual no dejó de aprovechar la ocasión para atacar toda su frontera oeste y noroeste. Los otomanos conquistaron grandes territorios ocupando también Tabriz, la ciudad más importante de Azerbaiyán. Los uzbecos por su parte atacaron Jorasán por estas fechas. Hamzeh Mirza, el heredero del sultán Mohammad, que era el único que podía sacar del atolladero al país pues ya había mostrado su valentía frente a los otomanos, fue asesinado por varios emires de su confianza. A partir de entonces, se intensificaron más si cabe las rebeliones y se produjo un vacío en el aparato del estado. Morshed Qoli Jan Ostad Ŷolo aprovechó la oportunidad y después de quitar de en medio a su rival, ‘Ali Qoli Jan Ostad Ŷolo, y tomar el control, se dirigió a Qazvin junto a ‘Abbas Mirza, tomó la capital y sentó a éste en el trono, que en adelante sería conocido como Shah ‘Abbas-e-Kabir, (Shah ‘Abbas el Grande) o Shah ‘Abbas I. Corría el año 1587.

Shah ‘Abbas reinó hasta el año de su muerte, acaecida en 1629. Su reinado supone un punto y aparte en la historia de Persia en general y en la de los safavíes en particular. Este monarca inteligente y de buen hacer político, que observaba todos los acontecimientos que le rodeaban de cerca y de lejos, supo darse cuenta de que la madre de todos los problemas y revueltas eran las ansias de poder de los emires Qezelbash, por lo que se puso manos a la obra, y, antes que nada, lo primero que realizó fue dar fin a sus actividades. Lo primero fue eliminar a los emires y cabecillas rebeldes qezelbash, para lo cual contó con la ayuda de Morshed Qoli Jan Ostad Ŷolo, a la sazón jefe del ejército y de la administración. Luego hizo asesinar a éste último y nombró gobernadores y generales a personas obedientes de menor categoría y con ello estableció las bases de su poder absoluto. Para poder enfrentarse a los uzbecos decidió hacer las paces con los otomanos. Tras esto, les presentó batalla a aquellos en Jorasán, y, para el año 1598, ya los había expulsado de la región. Tras la disolución del ejército compuesto por los Qezelbash a la que aludimos antes, inició en aquel una serie de reformas drásticas que incluía la introducción de armas de fuego, asesorado por los hermanos Sherley que habían venido de Inglaterra. Shah ‘Abbas comenzó en 1602 una serie de ofensivas que no acabaron hasta 1624, mediante las cuales les arrebató a los otomanos regiones del Cáucaso, de Anatolia y de Irak, y Persia llegó a tener las fronteras que tenía en la época de Shah Ismail. El estado safaví se enfrentó política y militarmente también a los portugueses que se habían establecido en algunas islas del golfo Pérsico, con lo que Shah ‘Abbas consolidó también su hegemonía en Fars y el golfo.

Con el reestablecimiento de la seguridad y la estabilidad del país, añadido al interés del monarca en fortalecer las estructuras militares y políticas, se inicia una nueva era en las relaciones de Persia con los estados europeos cuyo primer resultado fue el desarrollo del comercio interno y externo, sobre todo, en lo tocante a la manufactura y venta de la seda. El interés del rey por el avance y el progreso fue un impulso para el desarrollo de la arquitectura civil y la construcción de edificios de uso público, caminos, caravasares, puentes y madrasas, así como impulsar el desarrollo de las diferentes bellas artes hasta llevarlas a su esplendor, siendo esto el principal rasgo que caracteriza al periodo safaví.

Shah ‘Abbas murió en 1629 sin dejar un sucesor digno. Los hombres de estado safavíes sacaron a su nieto Sam Mirza del serrallo y lo sentaron en el trono con el nombre de Shah Safi.

Shah Safi, que había pasado toda su infancia en el harén y era ajeno a todas las cuestiones políticas y militares, no tenía la capacidad suficiente para administrar aquel país tan grande que le había dejado su abuelo. A principios de su reinado se hallaba fuertemente influido por las mujeres del harén y otros oportunistas, como Emam Qoli Jan (conquistador de la isla de Hormuz) al que ordenó asesinar junto a sus hijos debido a una sospecha sin fundamento. El sultán otomano Murad IV rompió el tratado de paz que había firmado con su abuelo el Shah ‘Abbas aprovechando la incapacidad del nuevo monarca y atacó Persia con el propósito de recuperar los territorios perdidos en las pugnas con Shah ‘Abbas. Conquistó entre 1629 y 1638, en tres guerras, la ciudad de Bagdad, que era el centro más importante de paso de tropas para ejercer el control de Irak. Al año siguiente, en 1639, fue firmado el tratado de paz de Zahab en el que Persia capitulaba reconociendo oficialmente la anexión de Bagdad y el Irak Árabe al imperio otomano, y unas nuevas fronteras que iban de Mandali a Mariván pasando por Shahrezur.

Por otro lado, en los disturbios de la zona oriental, Qandahar cayó en manos de los Gurkaníes de la India (1639). En 1642 muere Shah Safí y le sucede su hijo al que llaman Shah ‘Abbas II, que reina hasta el año 1661. Durante su reinado no se produjo ninguna guerra con los otomanos debido al susodicho tratado de Zahab, pero en la región de Qandahar, que era la zona fronteriza de la Persia safaví con el estado indio de los Babur, se produjo una guerra entre ambos estados que se saldó con la derrota del ejército indio y la nueva anexión de Qandahar a Persia.

Las relaciones entre los Babur y el estado safaví habían sido siempre de lo más cordiales. Entre Zahir al-Din Babur y Shah Ismail, debido a la colaboración mutua que mantuvieron, hubo unas excelentes relaciones amistosas. Homayun, el rey depuesto de la India, pudo recuperar su trono con el concurso del rey safaví Shah Tahmasp. Las relaciones entre Shah ‘Abbas el Grande y Akbar Shah de la India estaban basadas en el mutuo entendimiento y en la armonía. La tolerancia religiosa de los Gurkaníes y el apogeo económico de la India hizo que emigraran a este país miles de personas de los más diversos orígenes religiosos, entre los que se contaban sunníes y shiíes persas, grupo mayoritariamente formado por artesanos, mercaderes, sabios y artistas. Este factor impulsó la difusión de la cultura persa en la India. En el periodo de Shah Ŷahan, debido al imperialismo de éste así como a la lasitud y debilitamiento de los guardianes de las marcas y de los acontecimientos que estaban agitando el centro de Persia, la estratégica ciudad de Qandahar cae en manos de los indios. Es cuando Shah ‘Abbas II decide enfrentarse a la India para recuperarla, algo que logra en 1649. Por otro lado, Shah ‘Abbas II neutralizó los esfuerzos de los cabecillas de las revueltas de Georgia que se habían levantado en rebelión instigados por Tahmuras Jan y con el apoyo de Rusia, impidiendo con ello la anexión a Rusia de esta zona.

Al igual que el periodo de Shah ‘Abbas el Grande, fue el periodo de este monarca una época de bonanza económica, de prosperidad, desarrollo y de auge cultural, y una época de surgimiento de sabios y eruditos religiosos.

Shah ‘Abbas II murió en 1666 y le sucedió su hijo Safí Mirza, más conocido en la historia como Shah Soleymán.

Shah Soleymán reinó hasta 1694. Fue un monarca indigno, carente de voluntad y un títere en manos de los eunucos y de los altos dignatarios. Los primeros signos de la decadencia de la dinastía safaví aparecieron durante su reinado. Si nada importante aconteció en las fronteras era porque todavía repicaba el sonido del poderío de la Persia de Shah ‘Abbas el Grande y porque ya no había vecinos poderosos como antes, a los que Persia pudiese considerar una seria amenaza. Esta relativa calma estaba acompañada con el desarrollo en las relaciones con el exterior (europeos) y con las relaciones comerciales, especialmente, en el campo de la seda. Este período, al que hay que considerar como el período de desarrollo de las grandes potencias europeas, fue también una época en que creció la atención de dichas potencias hacia el mercado con Oriente, y era Persia uno de los centros y focos de los mercados orientales. Otra de las características de este período es la llegada a Persia de comerciantes, viajeros y misioneros extranjeros, que empujados por factores de índole económico, hicieron las mejores descripciones de la sociedad persa de aquel entonces. Chardin, Tavernier y Sansón son tres ejemplos de los muchos viajeros que llegaron a Persia en el siglo XVII.

El último sultán safaví, antes de la caída definitiva de la dinastía a manos de Nader Shah, fue Sultán Huseyn, que sucedió a Shah Soleymán y reinó entre los años 1694 y 1722. Los factores ocultos y evidentes que desde hacía tiempo habían allanado el camino para la decadencia y desaparición de la dinastía, aparecían ahora durante el reinado de este rey de personalidad débil pero bienintencionado. La subida de impuestos, los abusos de gobernadores bisoños y autoritarios, la fuerte presión hacia las minorías religiosas, la presencia e influencia en la corte de elementos irresponsables como los eunucos del harén, la expulsión de personas competentes de la Administración y del ejército, todo ello unido a la poca voluntad del rey era la antesala de la desintegración del estado safaví. En 1701, la insurrección de la tribu afgana de los Galzai en Qandahar que había sido avivada por el estado indio, y la rebelión de los Abdalíes de Herat en 1706, fueron el prólogo de la caída del último rey safaví y que él no supo remediar a tiempo. En 1722 los afganos invaden Isfahán. Cae la dinastía safaví y el país se sume en un caos del que no saldrá hasta terminar el siglo XVIII con la llegada de la dinastía Qayar.

 

28-AFSHARÍES 1735-1748

Nader Qoli Jan era el hijo de Emam Qoli, de la tribu de los Qerajlu, que era una ramificación de la tribu de los Afshar. Dicha tribu había sido trasladada a principios de la época safaví a la zona norte de Jorasán para impedir las incursiones de los uzbecos y de los turcomanos, asentándose en Abivard y Darreh Gaz. El historiador oficial de la corte de Nader Shah, Mirza Mehdi Jan, nos dice que Nader Shah nació el sábado 28 de moharram de 1100 de la hégira (1688) y se contenta luego con darnos una parca descripción de la vida de las tribus sin decirnos nada acerca de las alcurnias del último conquistador aparecido en Asia. Lo que sí se puede sacar en claro de todo ello, es que Nader Qoli Jan, antes de la insurrección de los Galzai afganos en Qandahar y de la caída de la dinastía safaví, era un personaje anónimo que guarnecía su vida de pastor con algunas sencillas demostraciones de valor y coraje. La caída de Isfahán en 1722 fue un buen pretexto para que, por un lado, los agitadores del interior y por otro, los pretendientes del exterior, salieran todos de sus rincones y sumieran también al país en un largo y duradero caos. Nader Qoli Jan, que encabezaba un grupo que había sido formado para la defensa de la integridad de la población de Abivard, se puso en primera instancia a las órdenes del jan de la zona, y tras contraer matrimonio dos veces sucesivas con dos de sus hijas, heredó la pequeña región que aquel regentaba. Fue entonces, en 1726, cuando Nader Qoli se unió al príncipe errante safaví Tahmasp Mirza, que estaba buscando amigos y colaboradores abnegados y se dispuso a salvar al país de la quema de los afganos.

Nader Qoli, salió vencedor en las cuatro batallas consecutivas que mantuvo contra los afganos en las regiones de Mehmandust (Damghan), Sar Darreh Jar (cerca de Teherán), Murcheh Jar (Isfahán) y Zargán (Fars). Estaba allanando el terreno para el reestablecimiento de los Safavíes. Después de aquellas batallas, durante los 20 años siguientes, mantuvo continuas guerras contra los otomanos en las que siempre Nader Qoli salía vencedor, y solamente en una ocasión las huestes turcas pudieron derrotarle. Así pues, Nader Qoli expulsó de nuevo a los turcos de las regiones de la ribera sur del mar Negro, Armenia y Georgia.

Por otra parte, Pedro el Grande, aprovechando los disturbios internos y siguiendo una política hábil y eficaz, había hecho evacuar los contingentes rusos de la franja del Caspio, de la línea que va de Bakú y Darband a Mazandarán. Nader Qoli aprovechó de forma oportuna la debilidad mostrada por Shah Tahmasp II (1713-1732) para destronarlo. Luego, en 1735, destronó al hijo de éste, aún pequeño, ‘Abbas III, para autoproclamarse rey, designación apoyada en una asamblea celebrada en Dasht Moghan en la que se hallaban presentes nobles, generales, “barbas blancas” y clero de alto rango. Las siguientes empresas con las que continuó fueron dirigirse a Qandahar donde aplastó las rebeliones internas y el reestablecimiento de la calma en todo el país. Por otra parte, debido a que la corte gurkaní de la India había dado refugio a varios fugitivos afganos y aquellos no atendían a las exigencias de Nader Shah, éste no tuvo otra opción que dirigir sus milicias hacia la India. El 24 de febrero de 1739 se produjo la batalla decisiva entre ambos bandos en la región de Karnal, en la India, que se saldó con la derrota del rey Mohammad Shah Gurkaní. Nader Shah entró en Delhi, y, después de acuñar moneda y anunciar su victoria sobre el rival, volvió a sentar a Mohammad Shah Gurkaní sobre su trono. A cambio de ello, el rey de la India devolvió a Persia las zonas de occidentales de Ab Atak y el río Sind.

Al regreso de Nader Shah a Persia, Jodayar Jan ‘Abbasí, gobernador de Sind, comenzó a insubordinarse, lo cual obligó a Nader Shah a ocuparse un año entero en reprimirlo a él y a los afganos para apaciguar la región. El suceso importante de 1741 fue la expedición militar de Nader Shah a Transoxiana y la conquista de la región de la ribera sur del Oxus. Abul Feyz Jan, descendiente de Gengis Jan, sufrió una gran derrota pero fue nombrado, por el mismo Nader Shah, gobernador de Samarcanda, Bujara, y toda la ribera norte del Oxus hasta Sogdiana y Ferghana. Ilias Jan (valí de Joresmia), perdió la vida en su enfrentamiento con ellos.

Así pues, Joresmia recuperó su posición en la historia y fueron de nuevo sometidas las regiones que se hallaban entre los dos grandes lagos que abarca de este a oeste, el mar de Aral y al mar Caspio y de norte a sur desde Mazandarán hasta el desierto de Qipchaq (actual Kazajistán).

Debido a los errores que cometió Nader Shah a la hora de reconocer a sus conspiradores, se llenó de ira contra su propio hijo, Reza Qolí Mirza, y lo cegó (1741). Esta calamidad le causó un desequilibrio mental que se fue agravando cada vez más. Las revueltas internas de los Lazgíes de Daguestán, y las insurrecciones locales de Fars, Gorgán y otros lugares, unido a la negativa de los otomanos en aceptar el shiísmo como una quinta escuela del Islam, provocaron que Nader Shah renunciase a atacar Rusia, Estambul y Transoxiana, y se encerrase en sus luchas internas que lo hostigaban.

Finalmente, el rey murió en Quchan, en 1747, a manos de un grupo de generales muy afines a él, que temían por su vida.

Nader Shah fue un dirigente que llevó por última vez las fronteras de Persia a sus confines naturales. Se hizo de grandes buques navales con el objetivo de hacer devolver a Persia el derecho histórico que ostentaba en el golfo Pérsico y en el mar Caspio.

Los sucesores de Nader Shah

Con la caída del estado afsharí, se desintegró el extenso reino de Persia que por mucho tiempo había estado unido bajo una sola bandera. Por otra parte, los numerosos generales que habían estado a las órdenes de Nader y que mediante él habían llegado a ser importantes, pusieron manos a la obra en la conquista del gobierno, cada uno por su lado. Entre los más poderosos que llegaron a ostentar el poder en Persia un tiempo en alguna de sus regiones, podemos nombrar los siguientes:

Karim Jan Zand (1749-1779). Hasta el año 1749, en que las guerras internas de los remanentes de Nader Shah mostraron su ineptitud en política y asuntos de estado y que prepararon el terreno para la llegada de nuevos pretendientes al poder, nada sabemos de Karim Jan Zand. A tenor de las revueltas que había a la sazón en todo el país, Karim Jan formó un triángulo formado por él, Ali Mardan Jan y Abul Fath Jan Bajtiarí, pero como ninguno de los tres se consideraba inferior respecto al resto del grupo en rango y autoridad, la alianza acabó en disputas. Karim Jan, después de 16 años de guerras continuas, pudo vencer a todos sus rivales, entre los que se contaban Mohammad Hasan Jan Qajar y Azad Jan Afghan, y apoderarse de las regiones centrales, norteñas, sureñas y occidentales del país. Su hermano, Sadeq Jan, pudo arrebatar Basora a los otomanos en 1775, y de esta manera los persas ya dominaban además de la meseta de Irán, la cuenca del Shatt al-Arab, Bahrein y las islas del sur del golfo Pérsico. Tras la muerte de Karim Jan, de nuevo comenzaron las disputas entre sus sucesores, que desembocaron en guerras continuas que también le allanaron el terreno para la llegada de Aqa Mohammad Qajar, fundador de la dinastía qajar.

Shahroj Mirza Afshar. Era hijo de Reza Qoli Mirza (nieto de Nader Shah) y su madre era hija del sultán safaví Huseyn. Tras el asesinato de Ibrahim Jan, sobrino de Nader Shah, tomó las riendas del gobierno pero fue cegado por Seyyed Mohammad, que se creía miembro de familia safaví y quería proclamarse rey con el nombre de Soleymán Shah, pero Shahroj, de nuevo se sentó en el trono ayudado por Yusef ‘Ali, uno de sus generales, y este Soleymán Shah fue asesinado. Poco más tarde, dos generales llamados Ŷa’far y Mir ‘Alam se unieron, mataron a Yusef ‘Ali y encarcelaron a Shahroj. Fue entonces cuando Ahmad Jan Abdalí invadió Jorasán y de nuevo devolvió la región a las manos de los descendientes de Nader Shah pasando nuevamente así a Shahroj la corona. Fue por esta época cuando Aqa Mohammad Jan Qajar era ya un personaje poderoso, y cuando éste era ya rey en 1795, no tenía más rivales que Shahroj y su hijo, por lo que, tras colocarse la tiara real, la tarea más importante que le quedaba por acometer era la aniquilación de los Afsharíes, y, para ello, se puso en camino hacia Mashad desde Teherán a principios de la primavera del mismo año. En aquel entonces, solamente Mashad y la zona norte de Jorasán estaba bajo el poder de Shahroj y su hijo. Los gobernadores locales, que sólo obedecían nominalmente a Shahroj, salieron en estampida por el miedo y se unieron al campamento de Aqa Mohammad Jan Qajar. En cuanto al hijo de Shahroj, al no poder soportar la presión, abandonó Mashad y huyó hacia Afganistán dejando a su suerte a su ciego padre en Mashad. Aqa Mohammad Jan entró en Mashad sin resistencia. Una vez allí, torturó a todo aquel del que sospechara que sabía donde se encontraba el tesoro real, hasta que llegó el turno al viejo y ciego Shahroj, que finalmente acabó confesando el paradero de los tesoros de la Corona. Tras aquello, Aqa Mohammad Jan deportó a Teherán a Shahroj y a su familia, pero el anciano rey pereció en el camino.

Ahmad Jan Abdalí. Era este hombre uno de los generales de Nader Shah y uno de sus incondicionales en su última época. En poco tiempo pudo conquistar Qandahar y Kabul y aumentar sus dominios con las conquistas del Sind, Punjab y Cachemira. Sus ataques a Mashad no tuvieron ningún resultado.

En lo que se refieren a las zonas del noroeste de Persia, como eran las regiones de Shirván, Aran, Armenia y Georgia, la situación era confusa, aunque, en líneas generales, estaban gobernadas por los Zandíes y sus sucesores. Mientras tanto, Heraclio (valí de Georgia y general de confianza de Nader Shah), se hallaba ocupado en establecer su propio gobierno, pero se sabe que permaneció bajo la hegemonía persa hasta finales del período zandí y principios del qajar, y que, tras las guerras que mantuvo contra éstos últimos (1803-1813) cayó finalmente en manos de los rusos.

En lo que respecta a la parte nordeste de Jorasán y Transoxiana (Bujara, Samarcanda y Joresmia) se encontraban éstas gobernadas por janes uzbecos y turcomanos, que se consideraban a sí mismos descendientes de Gengis Jan.