HISTORIA COMPLETA DE IRÁN

 

16-BUYÍES 932-1048

17-LOS ZIARÍES

18-GAZNAVÍES 998-1187

19-LOS SELYÚCIDAS (1037-1117)

20-ISMAILÍES 1080-1256

 

 

16-BUYÍES 932-1048

Tres hijos de cierto personaje llamado Buyieh, que al parecer eran pescadores de Gilán, se fueron a servir a los emires ziaríes. Estos tres pescadores, llamados ‘Ali, Ahmad y Hasan estuvieron bajo la protección de Mardaviŷ. Al parecer, Mardaviŷ pudo conquistar la ciudad de Isfahán gracias a la ayuda del mayor de los hermanos, ‘Ali. Cuando Mardaviŷ cayó asesinado, los esclavos turcos salieron huyendo debido al miedo que les tenían a los esclavos deylamitas, especialmente a ‘Ali, quedando pues para estos últimos el campo libre. ‘Ali comenzó así su empresa militar con la ayuda de su hermano Ahmad y pudo conquistar Ahvaz (937) convirtiendo en fugitivos a los esclavos turcos que se habían refugiado en aquella ciudad. Tras la conquista de Juzestán por ‘Ali, él se dirigió a Fars y envió a su hermano Ahmad a Kermán conquistando ambas regiones (945). Una vez terminada estas empresas militares, se dirigió a Bagdad y sometió al califa abbasí al-Mustakfi. El califa, que veía un hecho imparable el avance de los hermanos buyíes por una gran parte de Persia, no tuvo otra opción que avenirse con ellos y dar su beneplácito al nombramiento de ministros para el reino buyí, además de concederles títulos honoríficos, así por ejemplo, a ‘Ali le nombró “Imad al-Doula”, a Hasan “Rukn al-Doula” y a Ahmad “Mu’iz al-Doula”. Fue este último el que prohibió en Bagdad que se denigrara el nombre de la familia del Imán ‘Ali e implantó las conmemoraciones del luto por el martirio de Huseyn, fiesta religiosa shií más conocida como la Ashura, que fue muy sonada, especialmente en el año 963 cuando Bagdad reunió una gran cantidad de seguidores shiíes, incluso cerraron los mercados, donde levantaron tiendas de campaña. Ese día la gente se abstuvo de beber agua en memoria del imán Huseyn, y las mujeres se golpeaban el rostro y la cabeza en señal de lamentación. Desde entonces, comenzó la práctica de visitar las tumbas de los santos imanes y Bagdad quedó dividido en dos partes, el barrio sunní y el shií (973).

Cuando los Hamdaníes de Siria acudieron a ayudar al califa de Bagdad, sufrieron una derrota por parte del ejército de Mu’iz al-Doula. Los Buyíes conquistaron Basora en el 947 y al año siguiente atacaron Mosul y provocaron la huida del hamdaní Nasir al-Doula. El hermano mayor de ‘Imad al-Doula (m. 949), al no tener hijos le pidió a su hermano Rukn al-Doula o Hasan, que a la sazón gobernaba las regiones de Rei e Irak, que enviase a su hijo Panah Jesr a Shiraz para que le sustituyese en el cargo. A este Panah Jesr le fue dado el título honorífico de ‘Azud al-Doula cuando se le encargó el gobierno de Shiraz y los puertos del golfo Pérsico. Rukn al-Doula era una persona sagaz; en el año 969 atacó el Kurdistán y obligó a capitular a Hasanvieh, el gobernador kurdo. Rukn al-Doula estaba en continuo conflicto contra los Samaníes, especialmente con el emir samaní de Jorasán, Abul Hasan Simŷur. Las hostilidades entre ambos reinos cesaron cuando el emir Nuh Samaní pidió la mano de la hija de ‘Azud al-Doula, petición que fue concedida (971).

Mientras Mu’iz al-Doula estuvo vivo no hubo diferencias ni discrepancias entre los miembros de la familia buyí ni entre los hermanos. Tras su muerte, acaecida en el 966, su hijo ‘Iz al-Doula Bajtiyar sustituyó a su padre tras lo cual se encendieron las disputas. ‘Iz al-Doula tenía bajo su mando la mayor zona de la parte oriental de Kermán. En el 977 ‘Azud al-Doula envió contra él un ejército para conquistar la zona de Kermán. Ambos parientes se enfrentaron en varias ocasiones, una de las cuales se produjo en las cercanías de Bagdad donde ‘Iz al-Doula fue derrotado y huyó a Mosul. Se cuenta que cuando la noticia le llegó a Rukn al-Doula se enfadó de tal manera que se bajó del trono y estuvo varios días sin comer. Tiempo más tarde, ‘Iz al-Doula Bajtiyar fue perdonado por los emires buyíes, algo en lo que tuvo que ver el ministro Abul Fath. Fue también en la época de Rukn al-Doula cuando el shiísmo alcanzó reconocimiento oficial e Ibn Babuyeh escribió su célebre obra que ha llegado a ser uno de los cuatro libros fundamentales del shiísmo.

Cuando Rukn al-Doula enfermó gravemente en el año 975, convocó a los emires buyíes y les pidió que no siguieran luchando después de su muerte. Luego hizo un banquete en Isfahán donde estaban presentes sus tres hijos y los gobernantes de Deylam y allí mismo Rukn al-Doula nombró su heredero y sucesor a ‘Azud al-Doula. Sin embargo, dividió el reino entre sus hijos. La división fue hecha de esta manera; Hamadán, Rei y Qazvin para Fajr al-Doula; Isfahán para Mu’ayyed al-Doula y ordenó mostrar obediencia a su hermano mayor, ‘Azud al-Doula a quien le dio Fars y Juzestán. Tras esto, se dirigió a Rei donde murió en el 976.

Cuando murió su padre, ‘Azud al-Doula tenía 42 años de edad. Se nombró con el vetusto título persa de “shahenshah” (rey de reyes). En el año 974 ya había entrado en Bagdad y en el 977 invadió y conquistó Mosul con la excusa de estar persiguiendo a ‘Iz al-Doula. Acabó asesinando a ‘Iz al-Doula, y venciendo al hijo del hamdaní Nasir al-Doula. En Diyarbakir se apoderó de la región del Alto Éufrates. El califa de entonces, al-Ta’ih dio permiso para que por ‘Azud al-Doula repicaran los tambores tres veces. La hija de ‘Azud al-Doula fue tomada como esposa por el califa.

En el 981, ‘Azud al-Doula utilizó la excusa de perseguir a Fajr al-Doula para dirigir sus ejércitos hacia Gorgán. Conquistó la ciudad así como la cercana Gonbad Kavus. Fajr al-Doula tuvo que huir a Jorasán. En el 982 ‘Azud al-Doula murió poco más tarde de epilepsia. Fue enterrado en Najaf. Este emir mandó la construcción de muchos edificios útiles, que de alguna manera llevan o llevaron su nombre, como por ejemplo el hospital ‘Azodí en Bagdad, cuya construcción fue sugerida por el célebre médico persa Zakaria Razi, la biblioteca ‘Azodí de Shiraz, la famosa presa llamada en persa Band-e-Amir (Presa del Emir) y la tumba de Salman Farsi, el primer persa que se convirtió al Islam.

Mu’ayyed al-Doula, hermano de ‘Azud al-Doula, gobernaba Rei como virrey de parte de su hermano. Tenía como ministro al célebre Sahib ibn ‘Ibad, nombrado en algunas obras tanto de la literatura árabe como persa. Tras la muerte de ‘Azud al-Doula, su hijo Abul Favares al que se le otorgó el título honorífico de Sharaf al-Doula, fue nombrado emir de Fars y Kermán. Pero a esto que comenzaron las disputas de los otros cuatro hijos de ‘Azud al-Doula, y Fajr al-Doula, su tío, nada pudo hacer en su intento de aplacarlas. Sharaf al-Doula fue derrotado el año 987 en una batalla contra Badr ibn Hasanwayeh, en Kermanshah. Desde entonces los Hasanwahies gobernaron el oeste de Persia.

En el 990 Baha’ al-Doula conquistó Juzestán y entregó Behbahan y Fars a Samsam al-Doula, tras lo cual se marchó a Bagdad. Al año siguiente el emir Jalf b. Ahmad Saffarí venció a lo Buyíes que gobernaban en Kermán.

Las continuas guerras entre los hermanos y contra ‘Iz al-Doula debilitó a los Buyíes. Baha’ al-Doula murió en Bagdad en el 1012. Su hijo, Sultán al-Doula gobernó Kermán y la zona este hasta el 1019 y el hijo de éste, Abu Kaliŷar Marzban, hasta el 1048. Fue durante el gobierno de éste último cuando aparecieron los Selyúcidas y les arrebataron la provincia de Kermán a los Buyíes. Por otra parte, los Deylamitas de Fars y Juzestán le quitaron el gobierno a Malik Rahim, hijo de Abu Kaliŷar. Malik Rahim reconquistó Estajr y Shiraz en el año 1051, pero en el 1055 fue apresado por el selyúcida Togrol que acudió a Bagdad para ayudar al califa al-Qa’im para restablecer el sunnismo: fue cuando se puede decir que desaparecen los Buyíes.

En rasgos generales, se puede dividir el reparto de gobierno hecho por los Buyíes de la

siguiente manera:

1) Los que gobernaban Irak, Ahvaz y Kermán

2) Los que gobernaban Irak y Fars

3) Los que gobernaban Kermán y Fars

Como se ha podido observar, entre estas provincias, gobernadas por innumerables miembros de la familia buyí, hubo a lo largo de la dinastía guerras continuas que acababan con el apoderamiento de un territorio determinado por algún miembro de la familia, lo que complicaba aun más el mapa regional de los Buyíes.

 

17-LOS ZIARÍES

Tanto los Ziaríes como los Buyíes eran dinastías persas procedentes de la ribera del Caspio. Tras constituirse en Persia los estados semiindependientes de los Taheríes y los Saffaríes, que prepararon el terreno para fundarse en el siglo X el de los Samaníes en Jorasán y Transoxiana, surgieron en Mazandarán y Gilán, en la ribera del Caspio, dos dinastías que abarcaron dos períodos, uno detrás del otro, los Ziaríes y los Deylamitas.

La región de Tabaristán y Deylam, que corresponden a lo que son el Mazandarán y Gilán actuales, son regiones montañosas y boscosas de difícil acceso que contribuían no poco a la creación de estados independientes. El muro que constituye la cadena montañosa de los Zagros ya había facilitado antaño este hecho, de tal manera que incluso antes del Islam, durante el reinado de Cosroes I Anushiravan, había en dicha región un estado semiautónomo.

Tras la conquista de Persia por los árabes musulmanes, si bien aquellos lograron llegar hasta las más remotas regiones del este como Transoxiana, Jorasán y Bactriana (Afganistán), en un principio Tabaristán y Deylam quedaron a salvo de las incursiones de los musulmanes. Los remanentes de las grandes familias o sagas nobles de la época sasánida, como eran las familias de Qaran, los Ispahbods (palabra que en persa significa “general del ejército”) y los Ŷostán seguían manteniendo sus costumbres ancestrales. Y esto vale lo mismo para la cuestión religiosa por cuanto no se convirtieron al Islam hasta que los árabes shiíes y zeydíes acudieron a aquella región en busca de refugio. Así, cuando Hasan b. Zeyd llegó a Tabaristán y a Deylam, muchos de sus pobladores apoyaron su causa así como en las guerras que aquel mantuvo contra Yaqub Leys Saffarí en las que fueron incondicionales suyos.

Por otra parte, cuando los Samaníes conquistaron Tabaristán, la familia de Ŷostán apoyó y estuvo junto a los misioneros zeydíes. Después de aquello, muchos personajes influyentes como Makan Kakí, Asfar Shiruyeh y Mardaviŷ Ziar defendieron la causa zeydí. En aquel entonces, la parte norte del país estaba en manos de Makan Kakí y sus generales, y la parte sur, esto es Kermán y Sistán, era administrada por el general samaní subversivo Abu ‘Ali Mohammad b. Ilias (circa 933). Él y su hijo gobernaron Kermán, Sistán y parte de Fars casi 40 años. Fueron ellos mismos los que trasladaron la sede del gobierno desde Sirjan a Kermán y restauraron la ciudadela y las murallas y que la rodean. El gobierno de Ilias fue derrocado por los Buyíes (967) y su familia además fue expulsada de Sirjan por Mu’iz al-Doula.

Makan Kakí comenzó sus andaduras en el escenario de la historia de Persia como cortesano de la corte samaní donde llegó a alcanzar altos puestos administrativos, hasta que fue nombrado por los Samaníes gobernador de Mazandarán. Pero al poco tiempo fue objeto de la ira del emir samaní Nasr b. Ahmad, y, en una batalla que se produjo entre el general samaní Abu ‘Ali Ahmad b. Mohtaŷ Choghaní y Makan en los alrededores de Kermán, Makan Kakí fue derrotado y asesinado (940).

Pero desde sus comienzos el conflicto de Tabaristán quedó sin resolver para los Samaníes. Aunque al principio Asfar Shiruyeh estaba aliado con los Samaníes, acabó también rebelándose y fue conquistando paulatinamente las regiones de Gorgán, Tabaristán, Qazvin, Rei, Qom y Kashán. Asfar Shiruyeh entregó el mando del ejército a un noble de la provincia, Mardaviŷ Ziar, pero Asfar también cayó víctima en Taleqan de una insurrección de sus soldados en el 928. Pero Mardaviŷ ya le había dado tiempo de conquistar, además de Mazandarán, parte de Gilán, Rei, Qom, Karaj, Abhar e incluso Hamadán. Mardaviŷ también conquistó Isfahán y se sabe que tenía intenciones de avanzar hasta Bagdad. Llegó a afirmar que él quería restituir la dinastía sasánida y convertir de nuevo Ctesifonte en capital del imperio. Fue finalmente asesinado por esclavos turcos en un baño (hammam) de Isfahán debido a las diferencias de éstos con los Deylamitas (934).

Tras la muerte de Mardaviŷ, sus seguidores hicieron llamar a su hermano Voshmgir desde Mazandarán a Rei y a Isfahán para nombrarle sucesor. Durante aquel tiempo, Voshmgir se había contentado con gobernar Gorgán y parte de Mazandarán (934-967), pero más tarde luchó contra los Buyíes, por los que fue derrotado, y las peticiones de ayuda al emir samaní Nuh b. Ahmad no dieron resultado alguno. Mientras se preparaba para luchar contra los Buyíes, Voshmgir se fue de cacería; allí encontró la muerte al ser embestido por un jabalí (967). Sus dos hijos, Behestun y Qabus eran rivales, y, tras la muerte del primero, el segundo solamente reinaba lo que era la provincia de Gorgán. En la batalla que se produjo entre él y los Buyíes en Asterabad, Qabus fue derrotado y tuvo que huir a Jorasán (981); también Gorgán cayó en manos de los Buyíes y Qabus fue asesinado en el 1012. Después de él, su hijo Manuchehr, yerno del sultán Mahmud de Gazna, no pudo extender sus dominios, y el hijo de Manuchehr (Anushiravan) como su nieto (Ŷostán) gobernaron en Gorgán hasta aproximadamente el año 1043, pero solamente como emires. Durante todo el tiempo que Qabus y sus descendientes gobernaron el territorio semiindependiente de Gorgán, los Buyíes no dejaron de extender sus dominios.

 

18-GAZNAVÍES 998-1187

Los Gaznavíes fueron los primeros turcos que establecieron un estado en tierras musulmanas. En su momento álgido, durante el primer cuarto del siglo XI, constituyó un estado fuerte y poderoso que pudo extenderse hasta la India. Por estas invasiones, que hacía en el nombre del Islam, se le conoció en su época y entre los historiadores como gran difusor de la fe en tierras indias y defensor del sunnismo en el Jorasán. Es por ello que el califa de Bagdad se fijó en los Gaznavíes y gozó incluso a veces de la aprobación de los sunníes persas de Jorasán. El fundador de la dinastía gaznaví fue Naser al-Din Saboktakin, otrora esclavo turco de la corte samaní y yerno del chambelán Alptagin. Obviamente, más tarde se inventaron una falsa genealogía que les hacía descendientes directos de Peroz, el hijo de Yazdegerd III.

Fue Alptagin el que le arrebató la ciudad de Ghazni a los emires que en ella gobernaban, siendo, pues, anexionada al territorio samaní. Debido a los acontecimientos que causaron el alejamiento de Alptagin de la corte de Bujara y de los Samaníes, Ghazni se convirtió en la sede de su gobierno independiente y cortó las relaciones que tenía con los Samaníes.

Años más tarde, cuando este minúsculo reino cayó bajo el mando de su yerno Naser al-Din Saboktakin, fue durante un tiempo punto de partida de las razzias que hacían en Sind y en la India, Ghazni era usada como una especie de cuartel general desde donde partían los soldados o gazis que iban a luchar por la difusión del Islam. Es por esta razón, a la que antes aludimos, por la cual fue mirado con simpatía por otros musulmanes de regiones cercanas y lejanas, hecho que hasta cierto punto puede justificar su fácil avance y pronta conquista de las regiones del oeste de Persia además de Asia Central.

Naser al-Din Saboktakin hizo de su pequeño reino un estado independiente con sucesión al trono hereditaria (977). En poco tiempo, este estado, especialmente en el período que reinó su hijo Mohammad b. Saboktakin, conquistó casi toda la Transoxiana que pertenecía a los Samaníes, concretamente la orilla izquierda del Oxus, quedando la derecha para los janes turcos del Turkestán. Los Gaznavíes conquistaron una extensión de territorio inmensa y llegaron a ser una superpotencia en su época, la cual, sin embargo, no pudo resistir el embate de los Selyúcidas que invadieron Persia sólo unos 50 años después. De los Gaznavíes conquistadores de la India, “portaestandartes de la bandera del Islam en tierras de los infieles y conquistadores de los Samaníes”, poco quedó cuando las huestes del selyúcida Togrol aparecieron, viendo replegado su reino de nuevo a la insignificante ciudad de Ghazni y pereciendo en el olvido a finales del siglo XII.

Durante el tiempo relativamente breve que duró el apogeo de esta dinastía, que fue en realidad el período que reinó el Sultán Mahmud de Ghazni (998-1030) y su hijo Mas’ud (1030-1040), además del territorio que comprende el actual Afganistán, los Gaznavíes se extendieron por Jorasán, Sistán, Gorgán, Qumes, Rei, Isfahán, y, fuera de las fronteras del Irán actual, comprendía además de Afganistán, Joresmia, Chogan (el Alto Oxus), Juzyanan, Marv, Balj, Herat, el valle del Indo y varias regiones del este y nordeste de la India.

En cuanto a la India, a pesar de todas las algazaras del Mahmud de Ghazni y su hijo Mas’ud a la India, donde obtuvieron un inmenso botín, nunca este país llegó a ser anexionado completamente por ellos. Una mención, aquí innecesaria, de todas las ciudades y regiones de la India en la que desplegó su ejército en el que incluso emuló a los indios utilizando elefantes, nos daría una idea de su poderío militar. Entre todas las regiones conquistadas eligió Lahore, en el Punjab, que fue posteriormente durante un tiempo la última sede de su reino, especialmente cuando los guríes conquistaron Gazna.

Según nos cuenta el historiador Beyhaqi por boca de Mas’ud y de Horreh Jatali, hermana del sultán Mahmud, los reyes gaznavíes consideraban todos los territorios ocupados como algo secundario mientras que Ghazni era el núcleo importante y principal para ellos, no en vano ellos se hacían llamar “gaznavíes”.

Entre los reyes gaznavíes pertenecientes al segundo periodo de la dinastía, es decir al periodo de decadencia política y militar de la misma después de la conquista de los Selyúcidas, cabe mencionar los nombres de Zahir al-Douleh Ibrahim (1058-1098), ‘Ala al-Douleh Mas’ud III (1098-1114) y Yamin al-Douleh (1118-1152) cuyos nombres están asociados a poetas y literatos persas de la talla de Mas’ud Sa’ad Salman (m. 1121), ‘Abul Faraŷ Runí (m. 1130) y ‘Abul Mu’ali Nasrullah Monshí, (m. 1160) entre otros.

Los Gaznavíes debían su poder y el apogeo que alcanzaron a su fuerte y organizado ejército. La gran capacidad de movilidad que éste tenía les hizo ganar suculentos botines que fueron a parar al tesoro del sultán, de sus generales y al bolsillo de sus soldados, botín que mantenía al ejército para seguir haciendo incursiones. Es por ello que cuando se paralizó el ejército, no tardó mucho tiempo en producirse la decadencia de la dinastía. No obstante, todas estas incursiones y ataques militares y su subsiguiente botín, añadido a las conquistas hechas por los Gaznavíes que eran motivo de elogio por parte del califato, no se traducían en un bienestar y una prosperidad para el pueblo. Sólo durante el reinado del sultán Mahmud se hicieron 17 incursiones a la India cuyo botín iba a parar al tesoro real y al de los suyos, mas la sociedad sufría cada vez más el menoscabo de la pobreza. Las expediciones militares necesitaban dinero y éstas eran financiadas mayormente mediante los gravosos impuestos que pagaba la población. A esto se sumaba el reclutamiento masivo forzoso para engrosar las filas que se hacían sobre todo entre los jóvenes del campo. Los campos se quedaban sin mano de obra joven, y, o bien las cosechas se arruinaban o simplemente no se podía sembrar, por tanto la población sufría hambruna o carestía. Mientras tanto, el califa y los aduladores poetas de la corte no hacían más que elogiar la política de los Gaznavíes y, por otro lado, como resultado de las revueltas de los turcomanos selyúcidas en Jorasán, las tribus turcas selyúcidas iban entrando por la permeable frontera nordeste de Persia y el sometimiento a éstas era bien aceptado por la mayor parte de la población.

En lo que se refiere al sistema administrativo y cortesano de los Gaznavíes, éstos eran en realidad una continuación del sistema samaní de la corte de Bujara. De hecho, muchos de los funcionarios que trabajaban en los asuntos administrativos ya habían desempeñado su cargo bajo la égida samaní. Los Gaznavíes emulaban a los Samaníes también en lo que se refiere al aspecto cultural. Lo primero que hizo el sultán Mahmud fue rodearse de un grupo de sabios, poetas y eruditos persas, a la manera de los Samaníes. Curiosamente, podría llamar la atención el hecho de que los Gaznavíes, turcos, (cabría decir mejor, túrquicos) de lengua turca y cultura turca, ejerciesen como mecenas de la lengua y cultura persas. Es más, los turcos Gaznavíes difundieron en la India la lengua y cultura persas, que se extendió por todo el norte de la India, y, si bien nunca llegó a ser la lengua del pueblo, sí que consiguió tener un rango cultural y administrativo que hizo sombra al resto de las lenguas locales, un rango que mantendría nada menos que hasta mediados del siglo XIX, cuando los británicos sustituyeron el persa por el inglés como lengua de cancillería.

olviendo al mecenazgo de los Gaznavíes, este interés por emular lo persa se puede justificar mirándolo desde dos perspectivas. Por un lado, esta actitud no estaba exenta de intereses políticos y propagandísticos, pues al fin y al cabo los Gaznavíes iban a reinar en Persia y a un pueblo persa.

El reclutamiento de al-Biruni (amigo de Avicena) en la corte del sultán añadía un prestigio a la nueva dinastía que difícilmente podría obtener de otro modo. Por otro lado, está el hecho innegable de la superioridad cultural de los persas frente a la carencia de los turcos de Asia Central de una cultura ciudadana que compitiese con ella, y, debido a ello, tuviesen que apoyarse en la cultura y lengua persas para consolidar y afianzar su reino. Esta aculturación de los turcos de Asia Central continuó a lo largo de los siglos. En efecto, todos los pueblos turcos procedentes del nordeste de Persia (Gaznavíes, Selyúcidas, turcomanos etc.) sufrían un proceso de iranización que era facilitado por el hecho de haberse convertido al Islam.

Desde la conquista de Ghazni por Alptagin en 955, que marcaba el inicio de la dinastía, hasta el fin del reinado de Josrov Malek en Lahore (1187), transcurrieron más de 230 años. Los efímeros reinados de Alptagin y sus sucesores desembocaron en la gloriosa dinastía del sultán Mahmud de Gazna.

 

19-LOS SELYÚCIDAS (1037-1117)

Los turcomanos selyúcidas crearon uno de los más extensos y poderosos estados que ha habido en Persia. Desde que el selyúcida Togrol derrotó al sultán Mas’ud, rey gaznaví, los Selyúcidas reinaron completamente los destinos de Persia hasta la caída de su último rey en el 1193.

La buena fortuna de los Selyúcidas se debía principalmente a dos razones. La primera sería que la Administración de un reino tan extenso que iba desde el Oxus hasta el Mediterráneo y desde Omán a Tiflis, fue puesta en manos de persas que ocuparon los puestos administrativos incluyendo el visirato. Los visires persas selyúcidas más conocidos fueron ‘Amid al-Malek Kondorí, Jaŷeh Nezam al-Molk de Tus, Maŷd al-Molk de Qom, Sharaf al-Molk de Joresmia, Sa’d al-Molk Abí etc. La segunda razón eran las circunstancias que imperaban en Oriente Medio cuando los Selyúcidas aparecieron en escena ya que el califato abbasí, a causa de su debilidad y a que el mismo califa al-Qa’im había reclutado a turcomanos selyúcidas en su ejército, no pudo oponerse a los Selyúcidas y pronto reconocieron oficialmente su hegemonía. Los Selyúcidas obtenían así el visto bueno y el beneplácito del califa abbasí al-Qa’im que de hecho había recuperado el califato gracias a los Selyúcidas. En efecto, un emir ismailí de Deylam llamado Arsalan Basasirí ocupó Bagdad, expulsó al califa al-Qa’im, tomó las riendas del gobierno de Bagdad y ordenó que se nombrase en la plegaria del viernes el nombre del califa fatimí de Egipto.

Mientras tanto, el califa, que vivía en el exilio, le pidió ayuda a Togrol, primer rey selyúcida. Togrol a la sazón ya había expulsado de Jorasán a la India a los Gaznavíes y se había asentado allí estableciendo Neyshabur como sede del trono. Nombró visir a Abu Nasr Kondorí y acabó con las rivalidades familiares como la de su hermano Yanal, al que derrotó en Hamadán.

Por otro lado, derrotó al último remanente de los Ziaríes conquistando así Gorgán y Mazandarán. A Joresmia le llegó su turno en el 1042, y a los Buyíes y Kakavíes el año siguiente: Rei, Kermán, Fars e Iraq caen en manos selyúcidas. De esta manera, cuando Togrol se dirigió a Bagdad en el 1055, la mayor parte de Persia ya estaba en su poder. La conquista de Bagdad fue rápida y fácil y pronto venció al general Basasirí, y el nombre de Togrol comenzó a mencionarse el mismo año en las mezquitas en la plegaria de los viernes, Togrol restituyó al califa abbasí al-Qa’im, que tomó por esposa a una de las sobrinas del rey selyúcida y a su vez éste último tomaba por esposa a una de las hijas del califa, así ambas familias, los Abbasíes y los Selyúcidas quedaban unidas por vínculos familiares. La contraofensiva de Basasirí en el 1059 no llegó a ninguna parte y una batalla habida en Kufa fue la última. Fue derrotado, decapitado, y su cabeza llevada ante el califa.

El origen de los turcomanos selyúcidas fue la emigración desde Asia Central y el asentamiento de estos, con el beneplácito y la aprobación del sultán Mahmud de Ghazni, en Sarajs y Abivard. Los turcomanos se habían ido convirtiendo al Islam poco a poco. Su antepasado Salŷuq b. Daqa’iq, por el cual fueron denominados Selyúcidas (salŷuqi, en árabe y persa), fue el primero en hacerse musulmán a finales del período samaní. Su hijo Mijail, que fue muerto en batalla, tenía tres hijos; Yabqu, Ŷagri y Togrol. Arsalan b. Salŷuq fue encerrado en prisión debido al incumplimiento de los pactos entre ellos y el Sultán Mahmud. Mientras éste último se encontraba ocupado con sus conquistas en la India, los Selyúcidas aprovecharon para sacarlo de prisión. De los tres hijos de Mijail, Togrol fue el verdadero fundador del estado selyúcida. Togrol reinó hasta el año hasta su muerte en Rei en 1063. Sus ministros fueron ‘Amid al-Molk Kondorí y Abul Qasem Ŷoveyní. El nombre musulmán de Togrol era Abu Taleb Mohammad pero en la historia se le conoce más por su nombre pagano turco de Togrol. Recibió del califa de Bagdad el título honorífico de Rokn al-Din (Columna de la Religión).

Su sobrino, Alp Arsalan, (hijo de Ŷagri) le sucedió en el trono en el que permaneció 10 años. Su ministro fue célebre Nezam al-Molk que sucedió en el cargo a ‘Amid al-Molk cuando éste cayó asesinado en el 1063. Fue durante el reinado de Alp Arsalan cuando fue conquistada Armenia y Georgia por los Selyúcidas (1063). Por otro flanco, los ejércitos selyúcidas también avanzaron al norte hasta Joresmia, y dos años después al este, hasta Balj. Qavard, hermano de Alp Arsalan, atacó Kermán y Fars, conquistándolas, con lo que desgajó un territorio de los dominios de los Selyúcidas fundando la dinastía conocida como los Selyúcidas de Kermán. Alp Arsalán atacó Asia Menor en el 1069 y derrotó al emperador bizantino en una batalla ocurrida en Malazgerd, entre el lago Van y Erzerum. Tras las contiendas hubo entre ambos estados unos acuerdos de paz mediante los cuales los bizantinos dejaban de inmiscuirse en Armenia. Todos estos acontecimientos estaban preparando el terreno para la creación de lo que fue posteriormente el estado selyúcida de Anatolia, más conocidos como los Selyúcidas de Rum.

Alp Arsalan murió apuñalado en el 1072 y fue enterrado en Marv, entonces capital de los selyúcidas. Su hijo Malekshah le sucedió en el trono ayudado por el visir Nezam al-Molk. Este nuevo rey no se contentó con la obtención de conquistas locales como la reconquista de Kermán sino que además avanzó hasta Jerusalén en el 1070, conquistó Siria tras sitiar Damasco (1079) y Diyarbakir en el 1084. Después de aquello dirigió sus ejércitos hacia el Mediterráneo y como dicen “abrevó sus caballos con las aguas del Mediterráneo”. Dos años después conquistó Alepo. Transoxiana cayó en manos de Malekshah en el 1089 junto con ciudades tan emblemáticas como Samarcanda.

En esta época se construyeron caravasares y posadas en los caminos. Se llegaron incluso a erigir torres de 25 metros de altura en los desiertos para que los viajeros no se extraviasen, de las cuales todavía quedan algunos restos.

Durante el período selyúcida fue cuando comenzó a dar problemas la secta de los ismailíes, especialmente durante el reinado de Malekshah. Tanto el rey como su ministro Nezam al-Molk hicieron ímprobos intentos para acabar con ellos. Los adeptos de esta secta se habían atrincherado en fortalezas diseminadas por varios puntos de la geografía del país, sobre todo en Qohestán y detrás de los montes Zagros (Alamut). La fortaleza de Alamut, cerca del Caspio, fue conquistada por Hasan Sabbah, el mismo que instituyó la organización de los “fidain”, más conocido en la historia como los “hashishun” (los asesinos) llamados así porque se dice que perpetraban sus atentados bajos los efectos del cannabis. Nezam al-Molk cayó también asesinado por la daga de los fidain en el 1092.

Con Malekshah y Nezam al-Molk la hegemonía de la Persia selyúcida se extiende por primera vez hasta la Meca y Medina y con ello la influencia de los califas fatimíes de Egipto se reduce a los Santos Lugares. Sin embargo, tras la desaparición de Malekshah, el poderío selyúcida de Iraq va paulatinamente disminuyendo, situación que es agravada por las luchas de los dos hijos de Malekshah, nos referimos a Barkiaraq (m. 1104) y Mohammad (m. 1117) que es considerado el inicio de la fragmentación de los Selyúcidas.

El largo reinado de Sanŷar en Jorasán, (1096-1128) una parte del cual transcurrió con el enfrentamiento de los dos hermanos, fue también un periodo de luchas locales internas, y, en la última expedición militar que envió a Samarcanda, su general Arsalan Jan se le rebeló quedando el río Oxus como frontera. Sanŷar no tuvo otra opción que enviar más contingentes militares a las ciudades que ya habían sido conquistadas.

En el 1117 atacó Ghazni y convirtió a Bahramshah Gaznaví en su vasallo, y en el 1119 combatió a su sobrino en Saveh. En el 1129 Sanŷar volvió a atacar Samarcanda, y, por otro lado, debido a la insurrección de Etsez, hijo de Qotb al-Din Mohammad Jarezmshah que era vasallo suyo, se vio obligado a atacar también el reino de Joresmia (1138) conquistando la fortaleza de Hezar Asb, aunque no pudo atrapar a Etsez. En el 1141 Sanŷar atacó a los Qarajtai en Joresmia pero fue derrotado cerca de Samarcanda, su esposa hecha prisionera y él tuvo que huir a Tirmiz. Las siguientes expediciones militares que envió a Joresmia no tuvieron resultado alguno y el debilitamiento de los Selyúcidas provocó que las tribus turcomanas de los oguz procedentes de Transoxiana se fortalecieran. Finalmente, por consejo del gobernador de Neyshabur, Sanŷar atacó a los oguz pero fue además de derrotado hecho prisionero de los emires oguz. Estuvo cautivo alrededor de un año y fue liberado en el 1156. Tras aquello, enfermó y murió al año siguiente.

 

20-ISMAILÍES 1080-1256

El ismailismo es una rama desgajada del shiísmo. La aparición del ismailismo fue el resultado de la controversia surgida en cuanto a la sucesión del imanato entre Ismail y su hermano Musa al-Kazim, ambos, hijos del Iman Ŷa’far Sadeq. Los ismailíes creen que al morir Ismail antes que su padre, el imanato se acababa con él (séptimo de los imanes) y no procedía el nombramiento del hermano vivo.

Los ismailíes son de la creencia que la historia de la Humanidad se divide en varios períodos y que cada uno de estos comienza con un profeta que habla y un imán que consolida. Con profetas se refieren ellos a los principales, es decir, a los siete conocidos, tras los cuales deben venir siete imanes o vicarios de este profeta. El período de cada profeta es de mil años, y, cuando éste toca su fin, aparece otro profeta con otras nuevas leyes abrogando la anterior. El imán es conocedor de las ciencias de la exégesis de las leyes coránicas. Los ismailíes tomaron de los maniqueos y los zoroastrianos sus ideas milenaristas y exegéticas. También creían que unos cuantos de individuos guías en la Humanidad pueden, mediante la iluminación de los santos imanes, llegar a la verdad interior de la “sharia”, en otras palabras, eran esoteristas, y los guías eran los líderes ismailíes por los que ellos eran guiados.

Desde el punto de vista de los ismailíes, los seres humanos se dividen en dos grupos: los elegidos, que, después de atravesar varias etapas pueden llegar a la verdad interior que encierra el significado de la “sharia” o ley islámica; y el común de las gentes, que al no ser ismailíes solamente pueden dilucidar el significado externo del mensaje divino.

La organización ismailí era rigurosamente jerárquica. Tenía una escala ascendente que era la siguiente: “mustaŷib”, “mazun”, “da’i”, “hujjat”, “bab” e “imán”, que va del neófito al iluminado.

Los imanes a veces permanecen ocultos y otras no. Según creen ellos, cuando se encuentran ocultos, es decir, cuando están en el período de ocultamiento, los “da’i” (misioneros) tienen la misión de trabajar para expandir la causa. En dicho periodo solamente el “bab” y los elegidos pueden contemplar al “imán”. Ellos consideran como ocultación el período que va desde Mohammad Ismail hasta el levantamiento de ‘Ubayd Allah al-Mahdi en Qayrawan (Túnez). Los “da’i” o misioneros más conocidos del ismailismo en este periodo fueron Abu ‘Abdullah Hasan b. Ahmad Zakariya (más conocido como Abu ‘Abdullah Shií) y Meymun Qaddah, ambos de origen persa.

En el año 909 Abu ‘Abdullah Shií diseminó la semilla del ismailismo entre los kutama del norte de Ifriqiya. Liberó a ‘Ubayd Allah al-Mahdi, que se hallaba confinado en Sijilmasa y lo puso al mando de los ismailíes. Después de establecerse en Qayrawan, ‘Ubayd Allah exigió ostentar el califato y el imanato. Los de este movimiento ismailí, al afirmar que eran descendientes de Fátima, la hija del Profeta, se hicieron llamar a sí mismos fatimíes. La mecha fatimí no tardó en prender y pronto el norte de Ifriqiya, Yemen, Bahrein, Siria, Palestina y Persia se encontraban llenos de agentes fatimíes.

Cuando los ismailíes establecieron su califato en Egipto bajo la denomnación de fatimíes, pudieron incluso llegar a rivalizar con el abbasí de Bagdad. Los fatimíes hicieron del Mediterráneo un lugar inseguro para los europeos, saquearon los puertos franceses y conquistaron Génova. Finalmente, le arrebataron Egipto a los Ijshidíes y allí fundaron una dinastía-califato que perduraría hasta el siglo XII, fundaron la ciudad de El Cairo y su universidad, la de al-Azhar, que se encuentra activa aún hoy día.

La época del V califa fatimí al-‘Aziz (965-996) fue una edad dorada, y el estado egipcio fatimí llegó a lo más alto de su apogeo ya que sus dominios se extendían desde el Atlántico hasta el mar Rojo, incluyendo regiones como Yemen, Damasco y la Meca. Incluso en Bagdad se llegó a hacer los sermones de las mezquitas en el nombre del califa fatimí, quedando, pues, el califa abbasí humillado. Los misioneros ismailíes tenían presencia en Persia desde el principio. Se encontraban principalmente en las regiones de Deylam, Alamut, Qohestan, Damghan y Sistán, donde su misión era aceptada por el común de las gentes. Los misioneros más destacados fueron Abu Hatam Razi (m. 933) que ejerció su misión en Deylam, ‘Abdul Malek Koukabí (en Damghan), Abu Yaqub Sagzí (en Rei) y Huseyn b. Marvrudí (en Jorasán).

Abu Hatam Razi convirtió a un grupo de deylamitas al ismailismo, entre los que se encontraban Asfar Shiruyeh, Mardaviŷ Ziarí, Yusof Abul Saŷ (gobernador de Rei). Mohammad Najshabí sustituyó en Jorasán a Huseyn b. Marvrudí y logró convertir a muchas personalidades de la dinastía samaní. Sin embargo, cuando el ejército samaní se puso manos a la obra en el asunto e intervinieron en ello las milicias turcas, muchos ismailíes fueron asesinados y entre ellos cabezas importantes como el mismo Mohammad Najshabí y Yaqub Sagzí.

Tras la caída de los Samaníes, los ismailíes fueron perseguidos y masacrados por el sultán Mahmud de Ghazni. Fue entonces cuando muchos ismailíes de Talegan en Jorasán fueron asesinados, y los ismailíes de Multan, en la India, fueron deportados. No obstante estas masacres y persecuciones, los ismailíes no cesaron en su empeño de continuar con sus misiones de proselitismo, y a lo largo de los siglos X y XI los veremos extendiendo su fe.

El misionero más destacado del siglo XI fue Naser Josrov Qobadianí. Su misión comenzó a principios de la dinastía selyúcida. Su misión propagandística dio como fruto en Mazandarán y Jorasán el surgimiento de una subsecta ismailí llamada “naserieh”.

En la zona de Birjand (al sur de Jorasán) y por esta misma época, otros agentes fatimíes se hallaban ocupados en propagar el ismailismo. El más famoso de ellos era ‘Abdul Malik Attash y su hijo Ahmad. Este último, antes de ser apresado, le encomendó a Hasan Sabbah que marchase a Egipto (1072), mas cuando llegó no pudo, por mucho que lo intentó, tener un encuentro con Mustansir, el octavo califa fatimí, y regresó a Persia después de un año y medio de estancia en Egipto. Hasan Sabbah estuvo durante diez años recorriendo toda Persia en busca de un emplazamiento adecuado donde construir su cuartel general. Finalmente, en el 1090, con la ayuda de Huseyn Qayení (exgobernador de Tarshiz) y los ismailíes de Deylam, encontró un lugar apropiado: se trataba del castillo de Alamut. Este castillo fue erigido un siglo atrás por un rey deylamita. Hasan Sabbah, después de apropiarse del mismo, inició las obras de reconstrucción y al terminarlas quedó la fortaleza como nuevo centro de operaciones de los ismailíes de Persia, y desde ahí fue desde donde envió al citado Huseyn Qayení a extender el ismailismo a las regiones de Qohestán y Jorasán. Por otro lado, Huseyn Qayení pudo, ayudado por los ismailíes de Qohestan, apoderarse de la antigua fortaleza de Darreh, a 150 kilómetros al sudeste de Birjand, junto a Sistán.

La ocupación de dos fortalezas, la de Alamut y la de Darreh por parte de los ismailíes era algo que comenzó a preocupar al gobierno de los Selyúcidas. Yuruntash en Alamut y Qezel Sarugh, junto a su aliado de Sistán, Baha’ al-Douleh, iniciaron la ofensiva contra los ismailíes. La resistencia pertinaz de los sitiados, la muerte del rey selyúcida Malekshah y el asesinato en atentado del famoso ministro Jaŷeh Nezam al-Molk detuvieron las operaciones militares. Con aquel atentado los ismailíes parecían obedecer al destino, que tanto la tiara real como el turbante de ministro debían caer ambos al mismo tiempo. El atentado contra el ministro selyúcida fue muy sonado en su época y le dio mucha propaganda a los ismailíes. Éstos aprovecharon el vacío de poder habido tras la ausencia del rey y del ministro a la vez para apoderarse de otras fortalezas.

Entre tanto, se produjo un cisma entre los fatimíes de Egipto. A la muerte del último califa fatimí hubo divergencias en cuanto a quien nombrar como sucesor. Unos se decantaban por Nizar y otros querían nombrar a su otro hijo al-Musta’lí . Finalmente fue elegido este último, no pudiendo cumplir los partidarios de Nizar con el objetivo de sentar a su preferido en el califato. Desde entonces, el ismailismo quedaba escindido en dos grupos, los partidarios de Nizar o nizaríes y los musta’lawíes. Los primeros se hicieron célebres en todo Oriente Medio por sus sonados atentados que, según dice la leyenda, sus agentes terroristas se narcotizaban con hachís antes de llevarlo a cabo. Fueron llamados los “hashishun” (los del hachís) que ha dado lugar a la palabra “asesino”, importada por los Cruzados y usada hoy en casi todas las lenguas romances europeas.

En fin, los nizaríes se concentraban en Siria y Persia, mientras que los ismailíes de Egipto y el Magreb preferían a Musta’li como califa, y que de hecho era el que estaba en el poder. La independencia y separación de los ismailíes de Persia de los de Egipto infundió nuevos bríos a los primeros para propagar todavía más la causa ismailí.

En el año 1095 los nizaríes conquistan la fortaleza de Lamasar, en Alamut. La corrupción interna del estado selyúcida y su política represiva hacía que los nizaríes fuesen mirados como salvadores de la sociedad, de tal manera que Monavvar Simŷuri (descendiente de los simŷuríes) entregó a los ismailíes la fortaleza de Masinan, en Tabas, debido a los abusos del gobernador selyúcida, y, por otro lado, ‘Amid Mas’ud Zurabadí (jefe de la región de Tarshiz) se refugió entre los ismailíes huyendo de la tiranía de los turcos.

Poco después, los intentos de los hijos de ‘Ala al-Din Mas’ud Zurabadí en restablecer el nombre del califa abbasí en la oración del viernes fueron en vano y, cuando el imán de la mezquita de Tarshiz lo nombró fue hecho pedazos por la turba ismailí encolerizada.

Hasta la fecha, las zonas de Persia conquistadas por los ismailíes iban desde Qohestan (en Darreh) a Tarshiz en el norte, y desde el este de Tabas Masinan hasta Tabas Gilakí en el oeste. Los ismailíes de Tabas Gilakí estaban capitaneados por un emir de familia de rancio abolengo y dada a las antiguas costumbres y tradiciones ismailíes. Al consolidar su presencia los ismailíes en Alamut y Qohestán, éstos ya estaban preparados para extenderse a otras zonas del país. En el 1099 se apoderaron de la fortaleza de Gerdkuh, llamada también Gonbadan Dezh, a 15 kilómetros al norte de Damghan. También fue conquistada la fortaleza de Qal’e Shah, en Isfahán por Ahmad b. ‘Abdul Malik Attash.

Con la conquista de las fortalezas de Astunavand, Ardahán y Laŷvardí, ubicadas en la ruta que va de Rei a Jorasán, los ismailíes de Qumes se aseguraban el control de dicha ruta, además de poder cobrar su correspondiente “peaje” a las caravanas. Los continuos ataques de los Selyúcidas de Rei y los Bavandíes de Tabaristán no dieron fruto alguno y los ismailíes continuaron expandiéndose por los territorios vecinos. A finales del siglo XI la influencia de los ismailíes de Qohestán llegó a los pueblos del sur de la zona de Beyhaq, y, desde ahí, partieron a conquistar otras fortalezas al sur de Qumes, conquistas éstas que hicieron conectarse como una cadena las otras fortalezas situadas en la ruta de Rei a Jorasán. También hay que decir que otras fortalezas situadas en sitios tan dispares como Juzestán, Arjan y Abhar cayeron en manos de los ismailíes.

Los adeptos de las filas ismailíes eran en su mayoría artesanos, pobres y desterrados. Los artesanos ya estaban organizados desde antaño por haber pertenecido a las filas de los Hermanos de la Pureza, pero el ismailismo infundió en ellos un nuevo espíritu. La situación económica de los campesinos y la gente común jugó un papel determinante a la hora de sentirse atraídos por el ismailismo, algo que se deduce leyendo entre líneas las obras de los historiadores y pensadores de la época, tales como Algacel y el poeta Sanaí de Ghazni. La influencia de los ismailíes llegó a ser tal que pudieron entrar en los aposentos del rey selyúcida Sanŷar y clavar una daga sobre su cama. La fama de mártires que obtuvieron los ismailíes y su lealtad a Hasan Sabbah creó un halo mítico alrededor de este grupo que llegó, como ya señalamos anteriormente, a Europa, a través de los Cruzados. En cuanto a las fortalezas, aun cuando todas ellas gozaban de cierta independencia, todas obedecían al fin las órdenes que venían de Alamut.

En el año 1124 Hasan Sabbah nombró como sucesor a Kiya Bozorg Omid Rudbarí, muriendo poco después. La muerte de Hasan Sabbah animó a los enemigos de los ismailíes para atacar de nuevo Alamut y Qohestán; los Selyúcidas, los de Tabaristán y los del Sistán se pusieron en acción, y, en esta caza de brujas contra los ismailíes muchos inocentes fueron asesinados.

Sin embargo, la destreza y habilidad de Kiya Bozorg echó por tierra los planes de los enemigos y pronto los ismailíes nizaríes conquistaron incluso ciudades sirias. En Deylam, los ismailíes quemaron a Abu Hashem Zeydí y aplastaron la revuelta zeydí, además de apoderarse de muchas de sus fortalezas. El poder de la mano asesina de los ismailíes a la hora de perpetrar asesinatos individuales llegó a ser tal que incluso el califa abbasí al-Mustansir no se libró de su daga.

Kiya Bozorg Omid murió en el 1127 y su hijo Mohammad le sucedió. Durante el liderazgo de Mohammad, los Selyúcidas siguieron con su persecución. Por otra parte, el gobernador de Rei, el ispahbod (general) ‘Ali b. Shahriar Bavandí, continuó hostigando Rudbar en Alamut. Las matanzas por éste perpetradas fueron de tal calibre que se hicieron montañas de cabezas con los cráneos de los cadáveres, mientras que por otro flanco, en Qohestán, los hermanos del rey selyúcida Sanŷar asolaban las aldeas y pueblos donde atacaban. Los ismailíes reaccionaron ante estos ataques asesinando al gobernador de Rei y a su hijo.

Los cronistas de la época encomian la caballerosidad y la capacidad de perdón de Mohammad a la hora de dar refugio a sus enemigos. Mohammad murió en el 1161 y su hijo Hasan le sucedió. Las fuentes históricas ismailíes consideran a Hasan hijo del hijo de Nizar, que se había criado y educado en casa de Mohammad como si fuese su hijo. A finales del mandato de Mohammad Kiya Bozorg Omid hubo entre los jóvenes ismailíes un movimiento que reivindicaba una vuelta a la vida sencilla que otrora tuviera Hasan Sabbah y un renacimiento de la gloria y la grandeza de antaño. Muchos de ellos, fundamentándose en ideas místicas y eclécticas, pedían que aquellas personas que no habían alcanzado el rango de poder entender las verdades ocultas, esto es, el sentido oculto de las aleyas coránicas, quedasen exentas de los cumplimientos de los deberes religiosos que imponía la sharia. Ni que decir tiene que este movimiento y sus pretensiones fueron aplastados por Mohammad, pero tras su muerte, muchos fugitivos y desterrados regresaron a Alamut, y dos años después, es decir en el 1163, se instituyó como símbolo la “Fiesta de la Resurrección” a la manera que la celebraban los ismailíes. Así pues, Hasan ordenó que el peso de la sharia ismailí fuese quitado de las espaldas de los fieles ismailíes y que estos fuesen libres de hacer lo que quisieran.

Sin embargo, todo esto trajo muchos problemas a Hasan, y, los creyentes de la sharia ismailí optaron por emigrar. Un año y medio después Hasan moría asesinado por su cuñado, partidario de respetar la sharia.

Después de él, Mohammad, su hijo, le sucedió en el cargo. Era una persona instruida, sabia y versada en filosofía. El imán Fajr Razi fue contemporáneo suyo. Los ismailíes, para atraer a Fajr Razi a sus filas, le enviaron a un fida’i o suicida para atemorizarlo, tras lo cual el imán mantuvo buenas relaciones con los ismailíes. En la época de Mohammad, Onar (emir selyúcida) continuó con su ofensiva y los ismailíes cada vez amenazaban más la ciudad de Qazvin, especialmente tras atrincherarse en una fortaleza que allí habían erigido.

En Siria, los nizaríes estaban sacando partido de las guerras de Saladino contra los Cruzados consolidando su posición. A finales de la época de Mohammad (1190 en adelante), los guríes, que estaban reemplazando a los Selyúcidas en Jorasán, atacaron Qohestan repetidas veces. En estos ataques, Qohestan quedó tan desolada que se convirtió en algo proverbial en Jorasán y Kermán. En la zona norte y central de Persia, los Jarezmshahíes entraron en escena sustituyendo a los Selyúcidas y presentándose como defensores del pueblo. Mas todavía permanecía en la memoria de la gente la espantosa fama de los ismailíes como asesinos, y todavía éstos utilizaban el asesinato individual como táctica de infundir terror. El personaje más célebre asesinado en este período fue el atabak (gobernador) Mohammad Qezel Arsalan Ildguez en el año 1191, en los alrededores de Hamadán, por tres fidaíes y como represalia por sus ataques contra los ismailíes.

Tras la muerte de Mohammad en 1210, su hijo Ŷalal al-Din Hasan le sucede en el cargo. El período protagonizado por Ŷalal al-Din es un período donde los ideales ismailíes sufren un varapalo. La vida sencilla es sustituida por la de lujo y el surgimiento de una aristocracia nueva. Ŷalal al-Din se proponía así sacar partido a los bienes obtenidos y vivir en paz con sus vecinos. Él, al contrario de los que le precedieron, que nunca renunciaron a los ideales y valores ismailíes, tomó la vertiente dicha, cosa que comunicó a los sultanes de los países vecinos y al califa de Bagdad al-Nasir. Estos sultanatos y superpotencias de la época, que nunca pudieron someter a los ismailíes a fuerza de la espada, recibieron con júbilo la noticia de la nueva política ismailí de “puertas abiertas”, reconocieron oficialmente su derecho a gobernar su estado, y, por otra parte, Moukab, la madre de Ŷalal al-Din Hasan, fue calurosamente recibida y despedida de Bagdad durante su peregrinación a la Meca. Ŷalal al-Din Hasan llegó al extremo de permitir que los ulemas sunníes más radicales inspeccionasen la biblioteca de Alamut y que destruyesen las obras que ellos no aprobasen. Sus reformas no causaron levantamientos en los territorios ismailíes pues según la doctrina ismailí el imán era considerado el eje del poder. En el este de Persia, Ŷalal al-Din Hasan era el que hacía y deshacía, jugando por ello un importante papel en las luchas entre el atabak uzbeco y Mangelí. Tras la derrota de Mangelí, Abhar y Zanján pasan a ser parte de los dominios de Ŷalal al-Din Hasan.

Ŷalal al-Din Hasan murió en 1221 y ‘Ala al-Din Mohammad le sustituyó como imán de Alamut. Su mandato coincide con el ataque de los mongoles y la destrucción por éstos del reino de Joresmia o Jarezmshahíes. Tras el exterminio de la gente de Jorasán por los mongoles, los supervivientes de la sangrienta masacre se dirigieron a las zonas seguras de los ismailíes, especialmente a Qohestán. Los ismailíes mostraron prudencia aviniéndose con los mongoles. El más conocido de estos “invitados” fue el célebre sabio Jaŷeh Naser al-Din Tusí que aprovechó la calma que le ofrecían en Qohestán para escribir su obra “Ajlaq-e-Naserí”, entre otras.

En la refriega del califato de Bagdad contra el reino de Joresmia, los ismailíes de Alamut tomaron partido por el primero y aprovecharon la debilidad de éste último para conquistar Damghan y las regiones del este. Luego, los ismailíes enviaron agentes secretos fida’íes a lo que quedaba de la corte del reino de Joresmia para que se “pusieran al servicio” del visir de Ŷalal al-Din Jarezmshah. Cuando fueron descubiertos los quemaron vivos y no pararon de gritar “viva ‘Ala al-Din” hasta que murieron.

La muerte del rey joresmio les dio a los ismailíes una nueva esperanza de poder atraer hacía sí al pueblo haciendo uso de su desesperación. Por otro lado, los pronósticos de los ismailíes de conquistar todos los territorios ribereños del sur del Caspio, China y la India se fueron al traste, pues el mongol Hulagu, animado por el cadí Shams al-Din Qazviní, se puso en marcha hacia Persia para acabar de una vez por todas con los ismailíes. ‘Ala al-Din le envió el siguiente mensaje al califa de Bagdad: “La primera diana soy yo, cuando pase por aquí, tú y él sabréis”. A esto que ‘Ala al-Din cayó víctima de una conspiración y su hijo Rokn al-Din fue acusado de ser cómplice de la trama.

En el año 1255 este Rokn al-Din se convirtió en jefe de Alamut. Envió delegados ante los mongoles, pero lo que Hulagu quería de los ismailíes era la rendición incondicional. Los notables ismailíes también estaban de acuerdo en que la rendición era la mejor vía de escape, pero el pueblo llano ismailí, en especial los jóvenes, estaban ansiosos por sacrificar sus vidas por su causa. Finalmente, los jefes de Gerd Kuh y Qohestán acabaron por rendirse, pero en el interior de las fortalezas la situación difería en mucho del exterior. Los que vivían en ellas se defendieron de forma numantina y así, por ejemplo, la resistencia mostrada por los de la fortaleza de Gerd Kuh sólo pudo ser doblegada por el cólera que se propagó en su interior, el resto de los que sobrevivieron a ella murieron en una última batalla contra los mongoles. La fortaleza de Gerd Kuh fue al final destruida y los pocos supervivientes fueron o pasados a cuchillo o deportados.

Los ímprobos esfuerzos de los ismailíes de Alamut por reestablecer su poder tras la calma de la tormenta mongol fueron en vano. La emblemática fortaleza de Alamut cae en 1256, los mongoles logran en poco tiempo lo que los estados más portentosos de la época no pudieron realizar en casi dos siglos. A partir de entonces, los ismailíes desaparecieron del escenario de la historia como fuerza política, pero siguieron viviendo furtivamente bajo apariencia de místicos y sufíes. Vuelven a reaparecer a finales del siglo XIX.

El resto de los emires selyúcidas, como por ejemplo Mahmud b. Mohammad (m. 1130), si bien tuvieron refriegas con el califato de Bagdad, ninguno de ellos pudo obtener mucho poder. Rokn al-Din Abu Taleb y Togrol b. Mohammad (Togrol II) se vieron envueltos en las batallas de los príncipes selyúcidas. Mas’ud b. Mohammad (m. 1152), Malekshah b. Mohammad, Mohammad b. Mahmud b. Mohammad (m. 1149) y Arsalan Shah b. Togrol (m. 1175) estaban casi siempre en guerra contra los atabaks Ildgez de Azerbaiyán. El último de ellos, Togrol III, perdió la batalla y la vida en Rei (1193). Llevaron su cabeza al califa abbasí y así desaparecieron los Selyúcidas de Irak.