HISTORIA COMPLETA DE IRÁN

 

8-SASÁNIDAS

Con la llegada al poder de los Sasánidas y la caída de los partos en el siglo III de nuestra era se inicia una nueva época. Sobre Ardeshir I, el primer rey de esta dinastía hay discrepancias entre los estudiosos sobre la fecha exacta de su llegada al poder, si bien se suele establecer la del 226 d. C. Durante los pocos más de cuatro siglos que gobernó esta dinastía, Persia llegó a ser uno de las dos potencias más grandes de su época, junto con Roma, contra la que siguió luchando. Sus fronteras orientales iban desde el valle del Indo hasta Pishavar, a veces llegó incluso más lejos, hasta Kashgar. Su frontera norte iba desde el Cáucaso o Darband (junto al Caspio) e incluso en ocasiones llegó al mar Negro. Su frontera oeste estaba marcada por el río Éufrates, tanto con los romanos, primero, como con los bizantinos después.

Los Sasánidas, además de continuar, al igual que sus predecesores, siendo hostigados por el imperio romano, eran constantemente objeto de incursiones en sus fronteras norte y oriental, lo cual en ocasiones llegaban a ser una amenaza seria. No obstante ello, Persia pudo mantenerse en guardia y sostener durante más de cuatro siglos su infraestructura política, su poder, su religión zoroastriana y una cultura que sería la base cultural del Irán islámico. A pesar de estar Persia acuciada y amenazada por sus enemigos durante varios siglos, su final en el siglo VII le llegó de parte de una tribus por las nunca jamás estuvo amenazada; los árabes, que con su nueva y revolucionaria religión pudieron suplantar entre los persas a la milenaria religión de Zaratustra.

La pujante religión de Mahoma era tan vigorosa y respondía tan bien a las necesidades espirituales que la aceptación de la misma por parte de las naciones vecinas, además de las tribus árabes, no fue algo coyuntural, más bien todo lo contrario ya que echó unas profundas raíces que aún perduran. El ejército árabe islámico, a pesar de su escasa fuerza militar y flaqueza política, pudo en pocos años avanzar a Oriente y Occidente, incluida Persia, y conquistar el país que los romanos no pudieron conquistar.

La cuna de los Sasánidas era la provincia de Fars, la Pérside de los griegos. Durante la época parta existían provincias que aún siendo protectorados arsácidas permanecían semiindependientes y eran gobernadas por un virrey o reyezuelo local. Tal era la provincia de Fars que estaba regida por la familia sasánida. Los Sasánidas se consideraban a sí mismos renovadores y herederos del legado aqueménida. Los Partos, aunque iranios, eran considerados por los Sasánidas como una dinastía intrusa que estaba rigiendo los destinos del hogar aqueménida. Cuando ellos llegaron al poder, creían estar restableciendo la patria irania, la nación aqueménida. Ellos emulaban a los Aqueménidas en sus inscripciones, en su estilo e incluso llegaron a realizar tallas que representaban escenas bélicas, cinegéticas y otras, junto a las famosas tumbas de Naqsh-e-Rostam, cerca de Persépolis. La existencia de las ruinas de Persépolis y de las tumbas aqueménidas influyeron en mucho a la hora de mantener intacto el recuerdo de los Aqueménidas. Según algunas fuentes históricas de la época islámica, a finales del reinado de los Arsácidas la provincia de Fars tenía muchos gobernantes y la zona de Estajr (cerca de Persépolis) estaba en manos de una familia aristocrática. Una de estas familias era la familia sasánida cuyo patriarca, Sasán, era sacerdote de uno de los templos de Estajr, a la sazón ciudad próspera que hoy no son más que ruinas. En la inscripción trilingüe de Shapur I de la llamada Kaaba de Zaratustra, cerca de Persépolis, podemos leer su nombre. Uno de los hijos de Sasán, llamado Babak, llegó a ser un reyezuelo del lugar quien a su muerte delegó el cargo a su hijo Ardeshir Babakan (Ardeshir, hijo de Babak), si bien se discute pues los estudiosos aún no se han puesto de acuerdo si Ardeshir era hijo de Babak o de Sasán. Sea de ello como fuere, ocurrió que cuando Babak era sacerdote le pidió a Gazhar, uno de los gobernadores de la zona, que su eunuco educase a su hijo Ardeshir. Este eunuco, llamado Tira, era Argupat (que en persa medio o pahleví significaba “guardián de fortaleza”) de la ciudad de Darabgerd y con ello pretendía Babak subir en la escala de influencias para que su hijo obtuviese ese cargo en el futuro. Y así fue, Ardeshir llegó a ser Argupat, pero, no conformándose con aquello comenzó a anexionarse las ciudades vecinas hasta que se rebeló contra Gozhar y le pidió a su padre Babak que lo asesinase. Y así se hizo, y, tras el asesinato de Gazhar, Babak le pidió al último rey parto Artavan V que traspasase los poderes de la familia del difunto a su hijo Ardeshir. Ni que decir tiene que el rey arsácida no cedió a sus proposiciones y se negó a ello, pero Ardeshir ni le prestó atención.

Por entonces, la dinastía arsácida iba en declive y había dos pretendientes al trono, uno llamado Vologeso y el otro Artavan. En los anales siríacos de Arbelas está registrado que Vologeso (IV) luchó en varias ocasiones contra los persas y que éstos fueron derrotados en varias ocasiones hasta que se aliaron con los medos, el pueblo de Adiabena y Kirkuk, y lograron imponerse y derrocar a la dinastía arsácida. Así pues, de ello se infiere que al principio de las contiendas, Babak fue derrotado varias veces por los Arsácidas. Tras la muerte de Bakak, su hijo mayor Shapur (el Saporis de los romanos) llegó a ser gobernador de la provincia de Fars, pero al poco fue muerto y su hermano Ardeshir ocupó su puesto. Fue eliminando a sus adversarios uno tras otro hasta que pudo dirigirse a Kermán y atacar la ciudad cayendo preso el rey del lugar, llamado Vologeso, y nombrando en su lugar a uno de sus hijos llamado también Ardeshir. Luego conquistó todo el litoral del golfo Pérsico. Cuando Artavan V se enteró de la rebelión de Ardeshir le escribió una carta en tono amenazador y le ordenó a su virrey en Ahvaz que le apresara. Se produjo una batalla en Fars donde las fuerzas de dicho virrey fueron derrotadas por Abar Sam, el general a las órdenes de Ardeshir. Tras aquello, Ardeshir se dirigió a Isfahán donde realizó una ofensiva y derrocó a su virrey. Luego conquistó Juzestán y Meisan (223), en la desembocadura del Tigris y el Éufrates. Meisan era un estado independiente, pero vasallo de los Arsácidas. La batalla final entre Ardeshir y Artavan se produjo en un lugar llamado Hormozdegan que no ha podido ser localizado, aunque se cree que se encuentra en Juzestán. El orientalista sueco Widengreen identifica el lugar en el actual Golpayegan. Shapur, el hijo de Ardeshir mostró su valentía y coraje en esta batalla y logró dar muerte a Dad Bandad, el secretario del ministro del rey arsácida. Tras la derrota de Artavan, el resto no era más que un paseo militar, una tras otra cayeron Media, Mesopotamia, Azerbaiyán, y la capital de los Arsácidas, Ctesifonte, que convirtieron también en su capital. En la orilla oeste del Tigris había una ciudad que había sido fundada en el 312 a. C. por Seleucos Nicator y que llegó a ser uno de los centros culturales de la época. Esta ciudad fue arrasada por los romanos en el 164 d. C. y quedó abandonada hasta la llegada de Ardeshir que la reconstruyó e hizo de ella una de las siete ciudades más importantes del imperio. Nos referimos a la ciudad que los árabes llamaron “Madaien”, cerca de la actual Bagdad, y cuyos restos aún se conservan. No obstante estas fáciles victorias, Armenia fue tenaz en su resistencia contra los persas y no pudo ser conquistada hasta la época de Shapur I, hijo de Ardeshir. Shapur presenta a su padre Ardeshir en la Kaaba de Zoroastro como “rey de los persas” y él mismo, Shapur, se presenta como “rey de los persas y los no persas”. Según Nöldeke, Ardeshir fue investido rey el 26 de septiembre del año 226. Quizás haya sido este año cuando fue derrotado Artavan V y tomada la capital arsácida. Algunos orientalistas son de la opinión de que Artavan V fue derrotado el 28 de abril del 224 y dejan la conquista de Ctesifonte para el año 226. Sea como fuere, una vez Ardeshir se hubo apropiado de las provincias occidentales se dirigió a la parte oriental de Persia y se anexionó Sistán, Gorgán, Jorasán, Joresmia, Neyshabur, Marv y Balj. Por otra parte, los reyes de Kushan, Turán y Makran enviaron emisarios al rey sasánida para manifestar su sumisión. Esto indica que Ardeshir no había ido personalmente a estos territorios sino que una vez hubo derrocado a la dinastía parta, simplemente los países vasallos de ésta pasaron a ser tributarios y vasallos de los nuevos amos de Persia. A finales de su reinado Ardeshir compartió su reino con su hijo Shapur, y este dato se deduce por el hecho de que en las monedas de la época aparecen juntos los bustos de ambos.

El famoso historiador persa Tabari, que escribió su obra en el siglo X, nos cuenta que la rebelión de Ardeshir en contra de los partos fue debida a la voluntad de aquel por restablecer el poder y la antigua gloria nacional que Alejandro le había arrebatado a los persas. Vemos pues una intención nacionalista en las pretensiones de Ardeshir. Que tanto Ardeshir como su familia eran originarios de Fars y que ellos veían constantemente las ruinas de los Aqueménidas es algo de lo que no hay ninguna duda. Está también el hecho de que los partos estaban fascinados por todo lo griego, a la cultura griega se remitían, la lengua griega aprendían y la memoria de Alejandro Magno veneraban, -conquistador al que los zoroastrianos se referían y se refieren como el “maldito”, y, a lo que la cultura persa se atañe les traía, al parecer, hasta cierto punto sin cuidado; eran éstos factores de sobra para que los patriotas Sasánidas los detestasen. Además, hay que tener en cuenta que los partos no eran muy piadosos en materia de religión, pues si bien el zoroastrismo era la religión imperante en Persia, ellos dejaban la religión al libre arbitrio de cada cual, incluso cuando el rey parto de turno era religioso, y, los Sasánidas, cuyos antepasados cercanos no debemos olvidar eran sacerdotes, veían en aquella desidia en materia religiosa una amenaza para la religión del imperio. No en vano, lo primero que hicieron los Sasánidas una vez que llegaron al poder fue encargarle al sacerdote Kartir la implantación del zoroastrismo o mazdeísmo como religión oficial del imperio. En una de las inscripciones cerca de Persépolis podemos leer el proceso mediante el cual, Kartir (cuya imagen podemos ver junto a la inscripción) “restableció” el zoroastrismo.

Por otra parte, Ardeshir quiso devolver a Persia las tierras perdidas por los Aqueménidas en la invasión de Alejandro, y, como hemos podido ver, conquistó muchas zonas de las posesiones aqueménidas en la parte occidental. Sin embargo, los romanos no se quedaron con los brazos cruzados y atacaron Armenia y Mesopotamia en el 232 venciendo a los Sasánidas. Pero a la muerte del césar Severo en el 235 hubo disturbios en Roma y Ardeshir aprovechó la ocasión para tomarse la revancha: en el año 238 recupera Nisibín y Harran. Al parecer, fue también a finales del reinado de Ardeshir cuando cayó en manos de los persas la importante ciudad de Hatra, si bien algunos estudiosos creen que esta ciudad fue conquistada por Shapur y mediante la ayuda de la hija del rey de dicha ciudad, que traicionó a su padre porque se había enamorado del rey de Persia. Aunque la historia es seguramente apócrifa, se puede deducir de ella que Hatra poseía unas fortificaciones cuya conquista hizo sumamente difícil.

Ardeshir, que había demostrado que además de rey era un gran conquistador, pudo conseguir reconquistar muchos de los territorios perdidos siglos atrás y unificar la nación bajo una bandera imperial. Además, construyó muchas ciudades que aún existen en Irán, centralizó la administración e institucionalizó la religión zoroastriana. En definitiva, Ardeshir creó un imperio basado en la cultura y los valores de los persas y bloqueó por completo la cultura griega que no dejaba de invadir el país desde la época de la conquista de Alejandro. Es por ello que es mirado como uno de los personajes más destacados de la historia del Irán Antiguo

Tras 14 años de reinado, Ardeshir dejó este mundo y fue sustituido por su hijo Shapur I en el 241. Durante su reinado se produjeron nuevas anexiones para el imperio. Shapur inmortalizó sus hazañas reales en la inscripción trilingüe de la Kaaba de Zaratustra, cerca de Persépolis, donde, tras referirse a su padre Ardeshir como personaje de raza celestial y rey de Persia, se presenta a sí mismo como adorador de Ahura Mazda (Dios) y rey de los persas y no persas.

También nos hace una enumeración de los territorios que están bajo su mando y termina diciendo que ha sometido a los gobernantes de dichos territorios y les ha convertido en sus tributarios. Tras esta exposición, pasa a narrar sus batallas contra los romanos y dice que tras estabilizar el trono, el césar Gordiano le atacó por Asiria. Según esta inscripción, se produjo una cruenta batalla entre ambos bandos donde pereció el césar y el ejército romano fue derrotado. Con la llegada al poder de Filipo el Árabe, el nuevo césar quiso avenirse con Persia, para lo cual le pagó a ésta una indemnización de 500.000 dinares. Sin embargo, sigue contando Shapur en su inscripción que el césar poco después atacó Armenia pero que él contraatacó derrotando a un ejército romano de 60.000 hombres y saqueando Siria. Sigue contando que en su III guerra contra Roma, atacó Harran y Raha y el césar Valeriano vino hacia él. El césar había reunido un ejército de 70.000 hombres de las levas de Asia y Europa. Hubo una batalla en las cercanías de las dos ciudades en la que incluso el césar cayó prisionero de los persas junto a senadores, generales, oficiales y otros altos dignatarios, llevándoselos cautivos a Fars.

Después de Shapur I subió al trono Hormuz I (272) que solo reinó un año. En el 273 le sucedió Bahram I y tres años después Bahram II. En el 293 fue entronizado Bahram III, más conocido en la historia como rey de Sistán. Hormuz I y Bahram I eran hijos de Shapur I. Roma no dejaba de hostigar las fronteras de Persia y en uno de sus ataques pudo avanzar hasta la capital Ctesifonte. Pero tras la muerte del césar Caro en el 283 los romanos retrocedieron. En este mismo año Persia firmó un tratado con Roma en virtud del cual la primera perdía Armenia y parte de Mesopotamia. En la época de Bahram II, su hermano Hormuz, que gobernaba Jorasán con el título de Sakanshah (rey de los saces) se levantó en rebelión contra su hermano, pero éste logró aplastarla y puso a su hijo (Bahram III) en el lugar de su hermano.

En el año 276, durante el reinado de Bahram I, Mani, el famoso fundador del maniqueísmo fue ejecutado tras un juicio, su piel fue rellenada con paja y colgado su cuerpo en una de las puertas de la ciudad de Gondishapur. Bahram III no reinó más que 4 meses. Fue sustituido por Narses, hijo de Shapur I (293). Narses mantuvo una guerra con el césar Galerio donde salió éste vencedor y le hizo firmar en el 298 un pacto a los persas donde se entregaba a Roma una parte de la Pequeña Armenia. Tirídates se convirtió en rey de Armenia y Georgia y en vasallo de Roma. El tratado con los persas duró 40 años, hasta que Shapur II lo rompió en el 309 recuperando de nuevo los territorios perdidos. Se conserva una inscripción de Narses en Paikuli, en el actual Irak, donde se da una lista de los aristócratas que defendieron a Narses en detrimento de su hermano Bahram III y en el que se nombra algunos países vasallos como Kushan y Joresmia y donde se puede ver que los Sasánidas pudieron mantener en su poder las provincias más orientales.

Después de Narses, llegó al trono su hijo Hormuz II (302). Es conocido en la historia como un rey poderoso y justo. Murió tras siete años de reinado, y su hijo, el que sería Shapur II y que aún seguía en el vientre de su madre, fue entronizado por los nobles que creían, acertadamente, que sería un varón.

Obviamente, el gobierno de este rey que además tuvo relativamente larga vida, fue el más largo de la historia de la dinastía sasánida. Durante su niñez, Persia fue atacada por tribus árabes llegando a mantener su influencia en el interior del país. Desde su más temprana juventud Shapur II mostró su coraje y, en cuanto tomó las riendas del poder, lo primero que hizo fue expulsar a las tribus árabes. Por otra parte, salió victorioso en las primeras guerras que mantuvo contra Roma y aplastó las rebeliones de los saces, que continuamente se agitaban en el este del imperio. Tras aquello, le escribió una severa misiva al césar donde se presentaba a sí mismo como rey de reyes, hermano del sol y la luna y más poderoso que sus antepasados, así como le exigía al césar la devolución de todos los territorios usurpados a sus antepasados y que, de lo contrario, su ejército atacaría Roma después del invierno. El césar Constante, a su vez, en la carta que le envió como respuesta se presentó a sí mismo como conquistador de las tierras y los mares e invicto en todas las guerras, y, como es obvio, rechazó todas las pretensiones y exigencias de Shapur además de increparle por ser éstas demasiado desproporcionadas: Shapur II cumplió sus amenazas y atacó Roma. En el 359, tras una dura resistencia por parte de los romanos, es tomada la ciudad de Amida (actual Diyarbakir). El entonces emperador de Roma, Juliano, que con su renuncia al cristianismo se había ganado el apodo de Apóstata, fue herido y posteriormente muerto en batalla (363). Su sucesor, Joviano, no vio otra salida que firmar la paz con Shapur y devolver muchos de los territorios que le habían ganado a Narses. Shapur recuperó, entre otros territorios, la ciudad de Nisibín y Armenia. Entretanto, los godos atacaron los Balcanes, viéndose, pues los romanos hostigados por otro flanco, lo que les obligó a hacerles más concesiones a los persas. Shapur siguió la misma política de construcción de fortalezas del emperador Diocleciano. En el Cáucaso construyó fortalezas para detener las tribus salvajes procedentes del norte y se cuenta que la construcción de la presa de Darband (Bab al-Abwab) fue iniciada por Shapur II. Durante su reinado se intensificaron las persecuciones contra cristianos, judíos y maniqueos. En aquel entonces, el sacerdote que regía el destino religioso del país era Aturpat, hijo de Marab Sepand, sumo sacerdote, que fortaleció y afianzó aun más el poder clerical.

Tras la muerte de Shapur II llegó al trono en el 379 Ardeshir II del que no se sabe si era hijo o hermano del rey. Solamente estuvo cuatro años pues su desavenencia con la aristocracia causó su pronta destitución. Entre el 383 y el 388 reinó Shapur III que al parecer pereció asesinado. En el 388 fue coronado Bahram IV ocupando el trono 11 años. Durante el reinado de estos dos últimos reyes Persia entró en guerra con las tribus procedentes del este. En el año 399 Yazdegerd sustituye a Bahram IV. Reinó 21 años y es conocido con el apodo de Pecador (bezehkar) por la violencia que mostraba hacia la aristocracia y su condescendencia con los adeptos de otras religiones en general y con los cristianos en particular. Se cuenta que contrajo matrimonio con una judía llamada Shushdojt. Durante su reinado, los cristianos de Seleucia incluso llegaron a establecer un obispado que desapareció posteriormente debido a disputas internas. Pese al buen comportamiento de este rey, los cristianos hicieron mal uso de estas libertades y acabaron incendiando algunos templos zoroastrianos y el rey no vio otra solución que darles un escarmiento. Entonces, el césar Arcadio le pidió al rey sasánida que tutelara a su hijo Teodosio. Yazdegerd aceptó la petición y envió a un eunuco llamado Antiocos Bizantino para que, tras la muerte del emperador romano tutelase al que posteriormente fuese Teodosio II. Tras la muerte de Yazdegerd el Pecador, fue sucedido por su hijo Bahram V que había sido educado en Hira, bajo la tutela de los reyes vasallos de aquel lugar. Bahram V, llamado el Onagro por su afición a la caza de este animal, es muy conocido en la literatura persa pues de él se cuentan muchas historias y leyendas sobre su afición a las fiestas, y en general, a la buena vida. Se dice que incluso hizo traer gitanos de la India para entretener con sus cantos y danzas a la corte persa. Pero su ascensión al trono no se produjo de forma natural pues una vez hubo llegado a Persia tuvo que arrebatárselo a un tal Josrov que había sido entronizado por la Aristocracia (420).

Durante el reinado de Bahram V se reiniciaron las persecuciones y muchos cristianos se refugiaron en Bizancio. Hizo un pacto con el emperador bizantino mediante el cual él dejaría de hostigar a los cristianos a cambio de que los zoroastrianos que se encontraban en territorio bizantino tuviesen libertad de culto. El emperador de Bizancio le pagaba a Persia también una cantidad anual para que mantuviese los caminos del Cáucaso cerrados a cal y canto y no pudiesen pasar los hunos. Bahram V salía vencedor de las guerras que mantenía con las tribus del norte y del este. Estas tribus, que se identifican con los hunos, son conocidas como tribus turcas en las fuentes de los historiadores persas. Durante el reinado de este rey se fundaron varios obispados en varias ciudades de Persia que declararon abiertamente su separación de la doctrina oficial bizantina, nos referimos a los nestorianos.

En el año 438 muere Bahram V y su hijo Yazdegerd II es entronizado. Durante los 18 años que duró su reinado continuaron las guerras contra las tribus procedentes del norte y del este, concretamente contra los heftalitas, que habían suplantado a los kushanes. Yazdegerd II estableció durante un tiempo la sede del trono en la ciudad de Neyshabur para poderse garantizar la seguridad de la frontera este del país. Después de esto, comenzó a hostigar y a perseguir a los cristianos que vivían en Armenia y en las regiones occidentales de Persia.

Tras la muerte de Yazdegerd II, su hijo mayor Hormuz III le sucedió, pero su hermano Peroz, ayudado por los heftalitas, le arrebató el trono (457). Peroz aplastó la revuelta de los alanos, en el norte del Cáucaso, y liberó a los aristócratas armenios que su padre había encarcelado. Durante su reinado, hubo una horrible sequía en Persia que se cobró miles de víctimas. Peroz entró en guerra contra los heftalitas, también denominados hunos blancos y fue derrotado. Los hunos blancos eran poseedores de una gran civilización. Eran originariamente tribus procedentes de Kansu, en China, que se desplazaron al oeste llegando a la región de Tojaria o Tojaristán. Peroz no solo fue derrotado sino que además cayó prisionero, tras lo cual le prometió a sus captores que si les liberaba les pagaría una suma de dinero, les daría a su hijo Qobad como rehén y no volvería a atacar las fronteras de su territorio. El hijo de Peroz, Qobad, permaneció en poder de los heftalitas durante dos años hasta que fue entregado el dinero prometido por su padre. Peroz no pudo soportar esta humillante capitulación y terminó atacando nuevamente a los heftalitas donde además de ser derrotado fue muerto en batalla y su hija cayó prisionera. Tras la muerte de Peroz, su hermano Balash o Vologeso llegó al trono (484). Hizo las paces con los heftalitas a cambio de pagarles un oneroso tributo. Asimismo, dio muchas prerrogativas a los armenios y ordenó que fuesen demolidos los templos zoroastrianos que habían sido construidos en Armenia. En el 488 Vologeso fue destronado y Qobad ocupó su lugar.

El reinado de Qobad se vio gravemente agitado por una revuelta que turbó el país. Un reformador religioso, llamado Mazdak, comenzó a predicar una doctrina que abogaba por la comunidad total de bienes, era una especie de comunista que argüía que la aristocracia debía compartir todas sus riquezas con los pobres. Pese a ello, Qobad, en primera instancia, vio en este movimiento una forma de restar poder a la aristocracia que mermaba la autoridad real de los reyes sasánidas. Por ello, en lugar de combatir a Mazdak, tomó partido por la nueva doctrina. Ni que decir tiene que tanto la Aristocracia como el Clero vieron en peligro sus intereses tanto hegemónicos como financieros y se apresuraron a deponer al rey. Así lo hicieron, y en su lugar fue entronizado su hermano Ŷamasp. Qobad fue encerrado en una mazmorra, pero, con la ayuda de un aristócrata llamado Siavosh pudo escapar al este donde los heftalitas le dieron refugio. Fue calurosamente acogido por el rey heftalita y le proveyó de un ejército que le ayudase a recuperar el trono perdido. Ŷamasp se rindió y Qobad recuperó su reino. Entre tanto, los bizantinos, que eran sabedores de las tormentas interiores que desde hacía años sacudían a Persia, aprovecharon la ocasión para dejar de pagar el tributo que entregaban anualmente para la salvaguardia de los caminos del Cáucaso. Qobad, ni corto ni perezoso, le declaró la guerra a Bizancio y se apoderó de las ciudades de Erzerum y Amida, derrotando al general bizantino Belisario.

Tras la muerte de Qobad, su hijo Cosroes I, más conocido como Anushiravan ascendió al trono (530). Al igual que su antepasado Bahram V, Cosroes I es muy conocido en la literatura persa por su proverbial equidad y porque se cuenta que fue su reinado la época más esplendorosa y gloriosa de la dinastía sasánida. En la cuentística persa podemos leer multitud de historias, la mayoría obviamente apócrifas, donde o bien él mismo o alguno de sus cortesanos son protagonistas. La primera medida que tomó el entonces joven rey es aplacar de una vez por todas la revuelta mazdaquista para lo cual se confabuló con el clero y la aristocracia, y, en un juicio sumarial, fue condenado a muerte Mazdak y sus secuaces. Persia volvía, pues, a la normalidad.

Las drásticas medidas que tuvo que tomar Cosroes I tras aplastar la revolución mazdaquista para normalizar el país fueron las que hicieron que la posteridad le conociera como Anushiravan el Justo. Cuando terminó en el año 540 con aquel cometido, se dispuso a arreglar sus cuentas contra Bizancio para lo cual la atacó y avanzó hasta Antioquia, saqueándola. A su regreso construyó una ciudad cerca de Ctesifonte donde alojó a los prisioneros romanos. El emperador bizantino no tuvo más opción que pedir la paz a los persas a cambio de comprometerse a entregarle una fuerte suma de dinero a Cosroes Anushiravan, pero a su regreso a Persia y a su paso por las ciudades bizantinas, el rey fue arramplando con el dinero que pudo, lo que hizo que el emperador de Bizancio renunciase a la paz. Cosroes Anushiravan atacó los territorios bizantinos del litoral del mar Negro. El general bizantino Belisario no obtuvo ningún resultado de su ataque a Nisibín, y, tras una serie de batallas y conciliaciones, Persia y Bizancio firmaron en el 561 una paz que duraría 50 años y en la que Persia le devolvía parte de los territorios del litoral del mar Negro. A cambio, Bizancio se comprometía a pagar una cantidad anual de oro a Persia como tributo.

En otro orden de cosas, en las fronteras del este y nordeste, las tribus heftalitas estaban siendo hostigadas por tribus turcas regidas por un jaqan. Cosroes Anushiravan se alió con el jaqan y juntos acabaron con los heftalitas. Es desde entonces cuando persas y turcos se convierten en pueblos vecinos y, al parecer, el río Oxus marcaba su frontera.

La política que siguió Cosroes I en el sur de Arabia fue también exitosa. Los bizantinos, ayudándose de los etíopes que se habían convertido al cristianismo monofisita, tenían como objetivo dominar las rutas comerciales terrestres y marítimas que unían Europa con la India y acabar con la hegemonía que los persas tenían sobre el Índico. Un etiope llamado Abrahe conquista el Yemen y es muerto más tarde en Hijaz, en la Meca. Esta invasión está registrada en el Corán, en la azora 105, y es conocida como la Batalla del Elefante y al parecer aconteció en el año 570, el mismo del nacimiento del profeta Mahoma. En el 572 Cosroes I respondió a la petición de ayuda por parte de un aristócrata árabe y envió un ejército con el que expulsó a los etíopes. Con la victoria de los persas en esta batalla, el sur de Arabia pasó a manos y bajo control de los Sasánidas. Tras 48 años de reinado, murió Cosroes en el 579 y aunque su imperio no llegó a alcanzar la extensión que tuviera con Shapur I y Shapur II, sin embargo, es conocido su período monárquico como el más glorioso y próspero de los que hubo en la época sasánida llegando a considerarse su reinado como el período álgido de la cultura persa sasánida.

Tras su muerte, su hijo Hormuz IV subió al poder, y, aun cuando era un rey justo, políticamente hablando era muy débil. Ocurrió que su famoso general Bahram Chubin, que siempre salía vencedor en todas las batallas, perdió una. Esta derrota hizo que el rey lo destituyese del cargo militar que ostentaba. Bahram Chubin, que veía en ese gesto una grave ofensa para su honor castrense, decidió tomar represalias contra el rey y se levantó en rebelión. Aprovechando las desavenencias existentes entre el rey, la nobleza y el clero, dio muerte a Hormuz IV, tras lo cual fue entronizado su hijo Josrov II más conocido como Josrov Parviz. Es menester referirnos aquí que aun cuando este reinado tuvo sus episodios gloriosos, en él se encontraba el germen de la caída de la dinastía sasánida. En efecto, al ascender al trono Josrov Parviz, Bahram Chubin tomó la decisión de marchar a Ctesifonte y destituirle. Tras algunos lances, Josrov se refugió en la corte bizantina donde el emperador Mauricio le había dado “asilo político”. Mauricio le proporcionó un ejército con el que pudo derrotar a Bahram Chubin y recuperar el trono. El general se vio obligado a acudir al jaqan turco donde al poco cayó asesinado mediante la presión Josrov Parviz. Bastam, un tío de Josrov Parviz, se levantó también en rebelión y se autoproclamó independiente en Rei, cerca de la actual Teherán. Después de diez años de “reinado”, intervalo que le dio incluso tiempo para acuñar moneda con su nombre, fue muerto a manos de un heftalita. El emperador bizantino Mauricio fue muerto en una revuelta, y Focas se autoproclamó el nuevo emperador. Fue entonces cuando Josrov Parviz vio una oportunidad de oro para recuperar los territorios perdidos y presentarle batalla a Bizancio con la excusa de vengar la muerte de su amigo Mauricio. Así pues, atacó Armenia, Siria y Palestina. Sus eficientes generales llamados Shahin y Shahr Boraz (el “Halcón” y el “Jabalí del Imperio” respectivamente) infligieron derrota tras derrota a las legiones bizantinas y conquistaron Damasco, Jerusalén y Egipto (614). Entretanto, en Bizancio, Heraclio, una persona que demostraría eficacia y grandes habilidades, toma el poder, y, tras hacer una serie de reformas en el ejército, se dirige con éste hacia Persia para tomar la revancha. Recupera los territorios perdidos y saquea no sólo las ciudades de Azerbaiyán sino también Dastgerd, lugar de residencia de Josrov. Finalmente, la aristocracia persa se rebeló contra su rey, lo encarcelaron y fue asesinado con la complicidad de su propio hijo Siroes (627). Estas continuas derrotas por parte de los romanos, unidas a los reveses dados por las tribus árabes, hicieron tambalear los cimientos militares y económicos de Persia, y el reino no disponía de nadie capacitado para hacer salir al país del atolladero en que se había metido.

Mientras tanto, el Islam se había extendido por toda la península Arábiga y no dejaba de crecer y expandirse. Las tribus dispersas árabes se habían unido y aliado bajo la bandera de una única religión. Tras la muerte de Mahoma, estas tribus árabes atacaron Bizancio y Persia. Bizancio fue desposeída de Siria, Palestina y Egipto, y, en lo que respecta a Persia, ésta sucumbió enteramente después de varias batallas. La batalla final se libró en Qadesiya en el 636 donde las tribus beduinas árabes inflingieron la derrota final al ejército de Yazdegerd III. El rey huyó a Oriente pues nada pudo hacer y cuenta la leyenda que cayó asesinado en Marv a manos de un molinero que lo reconoció y quiso quitarle su lujosa ropa (651 ó 653). Con su muerte acaba la dinastía sasánida. A partir de aquí, Persia entra en un nuevo período, cae una dinastía, se produce la ocupación de Persia por los árabes, en tres siglos se cambia enteramente de religión quedando los zoroastrianos relegados a unas cuantas comunidades diseminadas en Yazd y Kermán.

Hay que decir que durante la época sasánida Persia había desarrollado una cultura que no tuvo precedentes en el país, y que, aunque la sociedad persa en el siglo X era casi por completo musulmana, fue la base cultural de su literatura y de sus costumbres. Por otro lado, los Sasánidas nunca constituyeron una superpotencia como lo fueron los Aqueménidas. Como contrapartida, estos últimos, que eran poseedores de todas las tierras de Oriente Medio y Asia Central, no pudieron con un país tan pequeño como Grecia. Sin embargo, los Sasánidas pudieron enfrentarse a lo largo de más de cuatro siglos con una superpotencia como Roma que nunca pudo alcanzar su sueño de conquistar Persia.