HISTORIA COMPLETA DE IRÁN

 

3- ELAM, LOS PUEBLOS PERARIOS (II)
4-IRÁN DURANTE EL PRIMER MILENIO A. C
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          Lulubíes
          Gutíes
          Mitanios o mitanni
          Cassitas
          Urartios
          Maneos o Mannai
          Media 705-550 a.C. Génesis y formación del imperio medo
          Características del estado y la civilización medas



3-ELAM. LOS PUEBLOS PREARIOS (II)

Los Elamitas, que se llamaban a sí mismos Hatamtis, eran protagonistas de una avanzada y brillante civilización en el sur de Persia, entre el cuarto y segundo milenio antes de Cristo. Era un pueblo de origen asiánico y étnicamente nada tenían que ver con los iranios que llegaron a la meseta iraní a mediados del II milenio a.C. Al parecer, los elamitas tomaron la escritura de sus vecinos, los sumerios, aproximadamente en el 2800 a.C. Según se puede desprender de algunas inscripciones, como la hallada en la ciudad de Reishahr, cerca de Bushehr (golfo Pérsico), esta civilización llegó a dominar muchas zonas de lo que es hoy el sur y sureste de Persia, llegando a poseer las regiones costeras de dicho golfo. La población elamita más civilizada vivía en la ciudad de Susa y alrededores.

La primera vez que los elamitas son mencionados en la historia fue cuando fueron atacados por el semita Sargón de Acad alrededor del siglo XXV o XXVI, que, a pesar de la resistencia que ofrecieron liderados por su rey Luhhi-Ishshan, fueron finalmente derrotados por el poderoso rey acadio. Después de éste, su hijo Hishep-Rashir se aviene con los acadios y para mantener la paz le hace llegar un tributo.

A finales del reino de Sargón, los elamitas fueron reprimidos por su hijo Rimush. Éste es sucedido por Manishtusu que también ataca el norte de Elam y se trae su rey arrastrado hasta colocarlo a los pies del dios acadio Shamash.

Pero la derrota definitiva de los elamitas fue llevada a cabo por el rey Naram-Sin, sucesor de Manishtusu, que logró imponerse sobre los elamitas. En Susa construye templos con ladrillos sellados con su nombre y es durante este período cuando la influencia de la cultura y civilización acadias en Elam es evidente. Naram-Sin es sucedido por Shar-Kali-Sharri, quien también se declara rey de Acad. Tras su reinado, Acad se sume en la anarquía y es devastado por los lulubíes.

El último rey elamita de este período es Puzur-Shushinak, cuya imagen podemos ver en una estela guardada en el Museo de Louvre. Logró algunas victorias pudiendo finalmente arrebatarles el poder que ejercían a los acadios en la región, avanzando hasta Babilonia. No tardaron en retroceder, pero a la vuelta de las expediciones Puzur-Shushinak es nombrado rey. La gloria del dios elamita Shushinak es ensalzada tras aquellas victorias, su templo es reedificado, los músicos tocan mañana y tarde y se instaura el sacrificio de dos carneros diarios en honor de su dios. La importancia de Puzur-Shushinak en la historia de Elam es también debida a que es el único rey del que se conservan inscripciones en caracteres protoelamitas, sistema que empleaba en sus inscripciones junto al acadio. La lengua acadia era la adoptada como lengua de cultura y de cancillería en detrimento de la lengua nacional, llegando a una alienación cultural bastante acentuada. Esta influencia del acadio sobre Elam continuará y se mantendrá hasta la desaparición de los elamitas en tiempos de los persas aqueménidas. El reino de Puzur-Shushinak no perduró debido a los ataques e incursiones de los lulubíes y gutíes, dos poblaciones que vivían en los montes Zagros central y septentrional y que hablaban lenguas emparentadas, tras lo cual la historia de Elam permanece bajo el dominio de estos pueblos hasta que aparece lo que los historiadores denominan III Dinastía de Ur (2200 a.C.?).

Alrededor del XXI-XXII a.C. Shulgi sucedió a su padre Ur-Nammu en el trono. La política exterior de este nuevo rey es imperialista y decide expandirse a los montes Zagros y más allá del Elam. Su reinado duró 50 años. En lo que a Elam se refiere, durante su soberanía se convierte en una de las provincias de su imperio. Shulgi mandó edificar en Susa templos para sus dioses Nashushinak y Ninhursag. En estos templos se han hallado objetos valiosos y vajilla tanto de cobre como de barro y piedra. En las excavaciones llevadas a cabo en Susa se han hallado más de 300 tablillas datadas entre los años 2300 y 1700 a.C. Muchas de estas tablillas son contratos y en ellas se puede leer cómo se jura en el nombre de su rey o bien de su dios. El período del reinado de Shulgi es un período de paz para Susa. En fin, hasta la llegada de los Altos Comisarios (Sukkalmahhu) Susa es dominada alternativamente por los reyes de Ur o de Larsa.

El general Abarti o Ebarti libera a su pueblo y crea una nueva dinastía. Este general sería el padre del primer ‘sukkalmahhu’. La fecha en qué vivió es incierta aunque se le puede colocar en el siglo XIX. Alrededor del año 1850 Ebarti es reemplazado por Shilhaha, que llegó a tener gran poder e influencia. Reinó en todo Elam y Simash (probablemente la actual provincia de Chahar Mahal). Shilhaha será considerado para las siguientes generaciones elamitas como el antepasado epónimo de la dinastía. El hijo de Shilhaha, Kudur-Mabug, atacó Babilonia cuando aún vivía su padre y se hizo de Amurtabal, en Larsa. El hijo de Kudur-Mabug, Warad-Sin, fue nombrado rey de Larsa. Kudur-Mabug se nombra a sí mismo regente de su hijo menor. Pero la muerte prematura de su hijo le obligó a nombrar rey a Rim-Sin, otro de sus hijos, que debía de ser también bastante joven ya que su padre siguió ostentando la regencia. El reinado de de Rim-Sin duró sesenta años y al final del cual su reino es conquistado por Babilonia y la ayuda de Elam fue inútil contra el poder de Hammurabi. Este rey babilónico reinó entre los años 1792 y 1750.

Tras la muerte de Hammurabi hubo en Elam setenta años de desórdenes hasta la llegada del rey Kutir-Nahhunte, en 1850, que restablece el orden.

Durante cien años Elam fue regida por varios Altos Comisarios, siendo el último de ellos Kuk-Kirwash. Fue entonces cuando irrumpieron los cassitas, que depusieron al rey Kuk-Kirwash allá por el año 1600.

Después de este acontecimiento, la historia de Elam se sumerge en un período de 4 siglos que pertenece más a la historia de los cassitas que a la de los elamitas, aunque después es anexionado Elam al Imperio babilónico.

Fue aproximadamente por esta fecha cuando aparecen las tribus arias en la meseta iraní y en el norte de Mesopotamia, a mediados del II milenio a.C.

A finales del siglo XIV Pahir-Ishshan restituye de nuevo el poder real de los elamitas al margen de Babilonia. Huban-Mana, el tercer rey de esta dinastía, expandió de nuevo el poderío elamita y, según dicen las inscripciones fue “sumamente bendecido y agraciado por los dioses.” Los textos de este rey están redactados en elamita y no en acadio.

Después de Huban-Mana reinó Huntash-Huban (o Untash-Gal), considerado el rey más importante de esta época. Durante su reinado se desarrolló mucho la metalurgia. Este rey también mandó construir el célebre zigurat de Susa de Chogha Zanbil, que hoy se conserva en muy buen estado. Erige estatuas tanto de piedra como de metal así como diversas estelas algunas de ellas guardadas hoy en el Museo de Louvre. En este museo también se expone una bella estatua de bronce de Napir-Asu, la esposa de Untash-Gal. También construye templos dedicados a deidades semitas, aunque no tantos como los dedicados a sus propios dioses. El período de este rey está marcado por un abandono o repulsa de la cultura babilónica que se traducía en un sentimiento nacional y en una vuelta a lengua y cultura original.

Después de Huban Untash es entronizado su tío Unpatar-Huban en 1245, y, en 1238, llega al trono el hermano de éste último, Kidin-Hutran, quien llegó a ser muy poderoso militarmente y cuyo poderío demostró en los distintos ataques e incursiones que realizó en Babilonia. Kidin-Hutran es sucedido por Hallutush-Inshushinak I del que sólo se sabe el nombre y que era el padre del poderoso Shutruk-Nahhunte.

Shutruk-Nahhunte siguió la misma dinámica de sus inmediatos antecesores de redactar los monumentos en lengua elamita. Entre sus numerosas obras cabe destacar el haber engalanado los templos con maderas nobles, haciendo incluso uso de los materiales hallados en otros templos. Shutruk-Nahhunte atacó Babilonia, destituyó al último rey cassita y lo sustituyó por su hijo, el entonces general, Kutir-Nahhunte. En el saqueo de Babilonia se llevó a Elam un inmenso botín, numerosas estelas, estatuas de reyes. Entre los valiosos objetos que se llevó se encontraba el Código de Hammurabi.

Después de Shutruk-Nahhunte fue nombrado rey su hijo Kutir-Nahhunte en 1170. Reinó cuatro años dedicados casi enteramente a aplastar las revueltas de los cassitas-babilonios que no habían asumido su derrota, terminando definitivamente con los cassitas, la dinastía extranjera que más tiempo había dominado Babilonia. La estatua del dios babilónico Marduk fue llevada como trofeo a Elam donde permanecería unos 50 años hasta que la recuperara Nabucodonosor.

El reinado de Kutir-Nahhunte fue interrumpido al poco por su muerte. Luego fue nombrado rey su hermano Shilhak-Inshushinak quien toma como esposa a la viuda del malogrado rey. Durante su reinado el reino elamita volvió a expandirse en la región y recuperó de nuevo su poder, su importancia política y su influencia en el comercio de la región. La riqueza adquirida le permitió a este rey construir suntuosos templos y palacios en Susa, embellecer los barrios de esta ciudad, terminar el templo que su hermano dejó a medio hacer etc.

Después de la muerte de este rey comienza la decadencia de los Elamitas, hasta que Nabucodonosor I (1146-1123) atacó Elam en venganza por las guerras pasadas y por haber ‘secuestrado’ a su dios Marduk. En fin, es nombrado rey de Elam Huteludush-Inshushinak, hijo de Kutir-Nahhunte. En la primera batalla salieron vencedores los elamitas, pero en la segunda, el ejército de Elam fue derrotado en las cercanías de Susa y fue muerto el rey, traicionado por algunos de los suyos.

Desde la victoria de Nabucodonosor (circa 1150) hasta el año 821 a.C., carecemos por completo de documentación elamita y la historia de esta región es protagonizada por asirios y babilonios.

A partir de la primera mitad del siglo VIII aparece el reino que los historiadores llaman neoelamita. Elam vuelve a vislumbrarse en la historia y comienza el reinado de Huban-Nugash en Susa. Este rey, que según la crónica babilónica comenzó su reinado en el año 742, se alió con un general caldeo con el objetivo de poder enfrentarse a Asiria. Le presentó batalla a Sargón II porque éste había atacado Accad, estado vasallo elamita. Sargón es derrotado en aquella batalla (721).

Shutruk Nahunteh II fue entronizado tras la muerte de su tío Huban-Nugash. El nuevo rey reafirmó su alianza con Babilonia contra los asirios y le volvió a declarar la guerra a Sargón II, pero esta vez los elamitas fueron derrotados perdiendo en esta guerra varias de sus fortalezas. Debió de ser un rey bastante importante por las 30 estatuas suyas que mandó erigir en 30 ciudades. Cuando Senaquerib, hijo de Sargón, llegó al poder en el año 705 volvió a reprimir a los elamitas, represión que fue seguida de violentas revueltas por parte de la población y que desembocaron en la expulsión del trono de Shutruk Nahunteh en beneficio de Hallushu-Inshushinak, su propio tío por línea materna. Por otra parte, tras la expedición militar de Senaquerib, Babilonia vuelve a caer bajo el yugo asirio.

Hallushu-Inshushinak se proclamó rey de Anzán y Susa. Atacó Babilonia en el año 696 y apresó y asesinó a Ashurnadin III, hijo de Senaquerib. Para vengar la sangre de su hijo, el rey asirio contraatacó a los elamitas, a los que venció, pudiendo recuperar Babilonia y matar también al hijo del rey. Hallushu-Inshushinak es destronado por sus propios súbditos después de seis años de reinado (693). Fue sustituido por Kudur-Nahhunte quien prosigue las guerras contra Senaquerib contra el que no tiene mucho éxito, por lo que también es destronado y reemplazado por su hermano Huban-Immena II (692-688), quien le declara de nuevo la guerra a los Asirios pero en la que no pudo cosechar tampoco grandes éxitos. Durante el reinado de Huban-Immena II es mencionado el nombre de los persas ya que éstos por entonces vivían en la región de Parsumash, al este de Shushtar. La mención se hace en una estela del rey asirio Senaquerib como parte del ejército de los elamitas donde están los “parsuash”. Al parecer, Huban-Immena II y sus aliados babilonios y caldeos no fueron muy afortunados en las expediciones militares ya que según los Anales de Senaquerib aquellos “huyeron como jóvenes palomas perseguidas.” En fin, son derrotados por los asirios. Huban-Immena II cae gravemente enfermo, sus ejércitos se dispersan y Senaquerib entra en Babilonia, que bañó en sangre por la afrenta pasada y como venganza.

Tras el reinado de Huban-Immena II hubo una guerra entre los príncipes por la sucesión, hasta que Huban-Haltash I que disputaba por el trono contra Shilhak Anshushinak II renunció al trono en favor de su hermano Urtaku (675), aunque en estos detalles las fuentes no son muy precisas y las crónicas susianas difieren de las asirias. En fin, Urtaku reinó entre los años 675 y 663 en una parte de Elam. En un principio estaba aliado con los asirios, con los que mantenía unas excelentes relaciones. Llegaron a intercambiar anales y documentos astronómicos que eran traducidos a sus respectivas lenguas. Incluso Elam, asolado por una sequía, recibió generosa ayuda de parte del recién nombrado rey Asurbanipal. Pero Urtaku no se mostró muy agradecido por aquellos favores y después de una alianza matrimonial con el rey de Susa, Tepti-Huban-Inshushinak, atacó y conquistó Babilonia. Sin embargo, una epidemia de peste acabó con la vida de Urtaku y su aliado susiano quedó como rey de todo el Elam, y, viéndose poderoso, le declaró la guerra a los asirios, pero pereció en batalla en las cercanías de Susa.

Asurbanipal, tras vencer a los elamitas nombró como reyes de Elam a los mismos príncipes elamitas en el exilio que le habían ayudado en la guerra, siendo el primero de ellos Huban-Nugash en la ciudad de Madaktu, cuya investidura está representada en las paredes del palacio de Nínive. Por otro lado, se nombra rey de Hidalu, otra región de Elama Tammaritu, hijo de Urtaku. Más tarde hubo insurrecciones y Huban-Nugash atacó Babilonia, algo que le costó la vida.

Hubo un período de unos 15 años de guerras entre los elamitas y los asirios en las que los primeros, a pesar de no salir bien parados ante los temibles ejércitos de Asurbanipal, no dejaban de defenderse y de contraatacar. Durante este intervalo se sucedieron varios reyes en Elam y a las guerras que mantenía contra los asirios se añadía la tensa situación interna. Asurbanipal envía un ultimátum a Elam pero éste no llega a destino, lo cual no impide la propagación de rumores de una invasión asiria inminente, lo que provoca una rebelión que destrona al rey elamita Indabigash.

En Susa es nombrado rey Huban-Haltash III, que después de varios años decide atacar asiria, en el año 640, al hilo de unas hostilidades que nunca habían cesado, por lo cual Asurbanipal ya perdió la paciencia y decidió de acabar con Elam de una vez por todas. Llevó a su gran ejército hasta Elam y el rey huyó a las montañas despavorido poniendo a salvo su familia y abandonando a la población a su suerte.

El resto fue un paseo militar durante el cual Asurbanipal y su soldadesca arrasaron y saquearon todo Elam, incluyendo el palacio y los templos; pasaron a la mayor parte de la población masculina a cuchillo y deportaron a Asiria a las mujeres de la familia real y a los gobernantes no dejando más que gente llana sin influencia ninguna en la política, deportando a todo aquel elamita que tuviese sangre azul, fuese militar o alto funcionario. Todos ellos tuvieron como destino la esclavitud o bien el repoblar Samaria, que había sido arrasada por Sargón II en el 722. Todas las riquezas de sus palacios, sus santuarios e incluso su dios Inshushinak es transportado a Asiria. Este saqueo está minuciosamente relatado por un testigo asirio de los hechos en cuyo tono se ve cómo se regocija en enumerar detalladamente el saqueo de Susa. Los soldados entraron en lugares sagrados, como el interior del gran zigurat, que fue saqueado como el resto de los templos. Son profanadas las tumbas de los reyes y Asurbanipal establece allí gobernadores asirios.

Por extraño que parezca, Susa no murió del todo y Elam vislumbra en el horizonte de la historia con una última chispa, como un fuego fatuo. El rey fugitivo Huban-Haltash III regresa después de la quema y vuelve a instalarse sobre las cenizas de su imperio. Intenta avenirse con Asurbanipal, al cual envía un mensaje en el que se dirige a él como “hermano” e intenta formalizar los términos para extraditar a Asiria al virrey Nabu-Bel-Shumate, para así ganarse el perdón y la simpatía del rey asirio. Nabu-Bel-Shumate se enfrenta finalmente en lucha cuerpo a cuerpo con Huban Haltash, y éste mata al primero y ordena meter en sal su cuerpo para llevárselo a Asurbanipal. Éste, al recibir el cuerpo, ordena que la cabeza fuese colgada en la misma espada que usó para levantar al pueblo en rebelión. Huban-Haltash tiene nuevamente que salir huyendo cuando un tal Huban-Nugas lidera una revuelta en su contra. Se refugia en las montañas de norte de Elam donde es finalmente apresado por los asirios, llevado ante Asurbanipal y obligado a tirar de un carro —en el que estaba montado el rey asirio—, junto a otros tres reyes, en una ceremonia en la que Asurbanipal celebraba su victoria final (639).

Así acaba la historia y la gloria de Elam. No obstante, años más tarde también desaparecerá Asiria, y, la capital del reino elamita, Susa, renacerá pronto de la mano de los persas que llegarán incluso a hacer uso de la lengua elamita en sus inscripciones.

 

4-IRÁN DURANTE EL PRIMER MILENIO A. C.

Conocer con profundidad la cultura y la historia de Irán durante el período medo es ardua labor ya que es una de las épocas más complejas de la historia del Irán antiguo. Por un lado, la existencia de especialistas de diferentes disciplinas, como la lingüística, la etnología y la historia ha provocado la aparición de teorías, cada una planteada según el punto de vista del investigador de turno, y, por otro lado, han mirado la historia del primer milenio iraní en general y la de los medos en particular desde el balcón de la historia de los pueblos de la zona, como por ejemplo los Elamitas, Urartios y otros pueblos vecinos como los asirios y los babilonios. Son todos ellos factores que han añadido más complejidad a la historia de los medos. Esta complejidad es también debida a que cada especialista e investigador ha querido hacer hincapié en la historia desde su especialidad y mirar todos los ángulos de la misma desde el recinto fuertemente amurallado de su disciplina. No obstante ello, es interesante observar cómo cuando comienza la época aqueménida este oscuro panorama cambia radicalmente.

Las fuentes que tenemos para el estudio de la historia de los medos se encuentran en varias lenguas de la época como son el elamita, el babilonio, el urartio, el asirio, el persa antiguo o aqueménida, el avéstico, el armenio antiguo, hebreo bíblico, griego, latín y arameo. La cantidad de lenguas que hay que manejar, la dificultad en entender algunas de ellas de las que además hay pocos especialistas y la falta de una investigación metódica hacen que a las fuentes no se le saque el partido que se debiera. Por otra parte, está el hecho de que la mayor fuente sobre los medos de la antigüedad, es decir las inscripciones cuneiformes asirias, callan a partir del 730 a. C.

Otra de las fuentes importantes para el estudio de los medos es lo que de ellos nos cuenta el historiador griego Herodoto, que, a pesar de su poca rigurosidad, nos aporta datos vitales, especialmente sobre el período de formación del reino medo y su expansión como imperio, que es precisamente donde las fuentes asirias no nos dicen nada. En los primeros siglos del primer milenio y hasta la primera década del siglo VII a. C. nos encontramos, en lo que hoy es Irán y alrededores, además de los medos, con otros pueblos como los maneos, escitas, caspios, urartios, cassitas, elamitas, sumerios, persas etc., que tenían una presencia activa en su región y que mantenían luchas permanentes, ya sea entre ellos o contra los asirios. Por otro lado, estaban también los gutíes que, junto a otros pueblos como los lulubíes, los mitanios, elamitas, cassitas y caspios poblaban desde el III milenio a. C. la meseta del Irán. Para conocer mejor a los medos, que dejaron una profunda impronta en la historia posterior de Irán, especialmente en la época aqueménida, es fundamental conocer mejor la historia de estos pueblos que habitaron las diferentes regiones de Persia, sobre todo porque algunos historiadores especialistas de la antigüedad han planteado la historia de estos pueblos de tal manera que al lector le puede parecer que cada uno vivía en su parcela-región como si de una isla se tratara, con su lengua, religión y cultura separada de la de los demás. Sin embargo, la realidad es bien distinta, la mayor parte de esos pueblos vivían en regiones cercanas las unas a las otras, muchas veces adyacentes, y la historia y la cultura de los mismos se mezclaban irremediablemente.

Sin duda, de entre estos pueblos los más poderosos fueron los elamitas, los cassitas, los mitanios y los urartios, pues pudieron formar a lo largo de los siglos un poderío político y económico. Así, por ejemplo, los urartios se mantuvieron en la brecha de la historia durante tres siglos desde el 900 a. C. y llegaron a tener tanto poderío militar que pudieron hacerle frente a un imperio como el asirio.

Tras esta breve introducción, sería ahora apropiado hacer un esbozo de la forma de vida y relaciones de algunos de los pueblos más importantes para el tema que nos ocupa.

Lulubíes

Estaban asentados en la extensa región que va desde la parte alta del río Diyaleh hasta el lago Urumiyeh. Poblaban la zona desde el II milenio a. C. y de ellos es el más antiguo bajorrelieve hallado en Irán, la llamada estela del rey Annu Banini. Uno de las cosas que más llaman la atención en la estela es la presencia de seis figuras desnudas que se encuentran debajo de la del rey y cuyas efigies y gorros se parecen asombrosamente a las que podemos ver en las procesiones de medos y persas de Persépolis. Dicho en otras palabras, a lo largo de dos mil años hay una continuidad en la vestimenta en la meseta iraní.

Gutíes

Los gutíes vivían en el III y II milenio al oeste y nordeste de los lulubíes, en lo que es hoy día Azerbaiyán y Kurdistán. De ellos también se ha conservado la estela de Hurin Sheij Jan, muy parecida a la de Annu Banini, que se encuentra cerca del río Diyaleh. También de este pueblo se ha hallado una cabeza de bronce en Hamadán que representa a uno de los reyes gutíes que reinaron en las postrimerías del II milenio.

Mitanios o mitanni

Los mitanios poblaban en el II milenio la región del este de la meseta iraní. Sobre el 1500 a. C. crearon un poderoso imperio que dominaba la zona que iba desde el mediterráneo hasta el este de los montes de Azerbaiyán y los Zagros. Una vez se extendieron hasta allí, se anexionaron también el norte de Mesopotamia. La primera capital de los mitanios fue la ciudad de Vashuganni (en el actual Jabur) y luego la trasladaron a Arrafa (Kirkuk, en Irak). Se considera que los mitanios eran un pueblo ario, un grupo étnico indoeuropeo compuesto en su mayor parte por guerreros que cruzó el Cáucaso y llegó hasta Shatt al-‘Arab. Este grupo se mezcló con los hurritas (otro pueblo indoeuropeo que habitaba la zona) y formaron el reino mitanio o mitanni.

Los pobladores extendieron sus dominios hasta el norte de Mesopotamia, presionando así a los asirios y ocupando también los asentamientos de los gutíes. Por otro lado, unificaron Egipto y los reyes mitanios casaron a sus hijas con los faraones más poderosos. Los Mitanios no sólo fueron importantes desde el punto de vista político y militar sino que también hay que mirarlos como buenos administradores y legisladores cuyas leyes podemos conocer mediante los hallazgos obtenidos en Yurgan Tappeh, al sudeste de Kirkuk.

Cassitas

Desde el III milenio en adelante, se asentaron, primero al sudoeste del mar Caspio para luego emigrar a los valles de los montes Zagros. Se considera que los actuales luros o loríes son descendientes de los cassitas. En las inscripciones asirias se les nombra como los kassi. Antes de los medos, los asirios llamaban a Ecbatana (la actual Hamadán) con el nombre de Kassi-Kar que quería decir “la Ciudad de los Cassitas”. También hay que decir que topónimos como Qazvin, Kashán y Caspio tienen su origen en el nombre de este pueblo. La extensión total del territorio que ocupaban los Cassitas iba desde la parte occidental de la meseta hasta Hamadán. Así pues, vemos que los Cassitas poblaron parte de lo que más tarde fuese dominio medo. Sobre el origen étnico de este pueblo y su parentesco con los arios, varias son las hipótesis. Hay quienes son de la opinión que son arios mientras que otros ven en ellos a un pueblo asiánico. Lo que sí se puede afirmar, es que, basándose en los nombres de algunos de sus dioses, es evidente que los Cassitas tenían una relación especial con los pueblos indoeuropeos.

Urartios

Urartu es también una de las civilizaciones más importantes antes de la llegada de los medos. De ellos tenemos restos arqueológicos que nos muestran su arquitectura, que es una de las más destacadas de su época. Los Urartios surgieron en el siglo IX a. C. por la confederación de una serie de tribus alrededor del lago Van, al este de la actual Turquía. Más tarde, se extendieron hasta la cuenca del Tigris y la parte alta de Éufrates fluctuando también por la zona de lo que hoy es parte del Azerbaiyán iraní.

Los Urartios hablaban una lengua asiánica emparentada con el hurrita. Su dios más importante se llamaba Jaledi. Además de destacar en la arquitectura eran muy diestros en la metalurgia y en la elaboración de canales. Fue un pueblo que ejerció una fuerte influencia a la hora de configurar el posterior arte de los medos y aqueménidas. Urartu fue sometido al mandato medo en la última década del siglo VII a. C.

Maneos o Mannai

Los Maneos eran un pueblo que vivió en la Media Atropatena (Azerbaiyán actual) desde aproximadamente el año 1000 a. C. hasta que fue anexionado por los medos. En cuanto a su origen étnico, eran una mezcla de pueblos arios y caucásicos. Estos inmigrantes se establecieron en la región que va desde la ribera sudeste del lago Urumiyeh hasta la costa sudoeste del Caspio. La mayoría de los expertos están de acuerdo en que los maneos lo componían una confederación de pueblos de la región con muchos elementos de los lulubíes y los gutíes, que se impusieron sobre las demás agrupaciones. Los asirios hostigaban continuamente a los maneos y aprovechaban la más mínima oportunidad para atacar su territorio y expoliarlo. Cada incursión traía consigo sus deportaciones donde los asirios se llevaban a artesanos y artistas maneos para su servicio pues eran considerados por este pueblo semítico como precioso botín y dejaron su impronta artística en las ciudades asirias, en especial en Nínive. Por otra parte, a pesar de los lazos étnicos y culturales que unían a los urartios y a los maneos, hubo entre ellos continuas guerras debidas a las ansias de expansión que tenían ambos reinos.

Como hemos dicho, los maneos eran un pueblo de grandes dotes artísticas y con una gran capacidad de gestión económica. Es por ello que cuando fueron conquistados por los medos, la región manea era considerada como el centro cultura y civilización del imperio y poseía la mejor gestión administrativa además de los mejores campos de cultivo, algo que la distinguía del resto de los territorios del imperio medo. La base económica de este pueblo era la ganadería y el pastoreo. Además de la arquitectura y los objetos de arte, este pueblo era diestro elaborando joyas de oro. Hasta ahora, se han desenterrado restos de estas piezas de arte en tres yacimientos arqueológicos diferentes que son Zeyviyeh, Hasanlu y Qalachi. Estas piezas halladas son clave a la hora de conocer el estado del arte en la meseta de Irán en el I milenio a. C. Las excavaciones realizadas en los últimos años en Qalachi han sacado a la luz un edificio maneo que era con toda probabilidad un templo y que es una muestra de la rica arquitectura que utilizaban y su rica ornamentación de ladrillos pintados con diversos motivos. A decir verdad, este arte era había sido heredado de una civilización anterior, la elamita.

 

En la primera década del siglo VII a. C. los maneos pasan a engrosar la lista de pueblos que son anexionados por los medos. Los otros dos grupos étnicos de la época, los cimerios y los escitas, estaban emparentados étnica y lingüísticamente con los medos.

Media 705-550 a.C. Génesis y formación del imperio medo

El líder que unificó las tribus medas era un hombre llamado por los griegos Deyoces. Entre los años 767-745 logró, con el apoyo de su pueblo, unir en una confederación todas las zonas que estaban regidas por gobernadores locales y reyezuelos, y crear las bases de lo que sería la futura Media, el imperio más grande y portentoso de su tiempo.

Poco después de que Deyoces fuese derrotado por el rey asirio Sargón, su hijo, cuyo nombre ha sido registrado en las fuentes históricas de distintas maneras (Fraortes, Farvartish etc.), tomó las riendas del poder y mostró resistencia a los asirios (673-2). Unas dos décadas más tarde y debido a las ansias de poder y de dominar la zona de los jefes escitas, se ocuparon durante más de 25 años (652-585) en ordenar y extender el imperio conquistando las poblaciones adyacentes. Según Herodoto, los medos sometieron a los jefes escitas presentándoles batalla allá por el 612 a. C. Fue en estas mismas fechas cuando también fueron anexionados los maneos y los urartios, y cuando la Pérside fue ocupada por el rey medo Ciájares y nombra gobernador de la provincia a Cambises, padre de Ciro el Grande. Ciájares, aprovechando el poderío militar acumulado por la unión de tal cantidad de pueblos, aprovechó la ocasión para derrotar a los sanguinarios asirios que habían sido durante siglos el terror de Oriente Medio. Corría el año 612 a. C. Desde hacía un tiempo los asirios y los babilonios estaban enzarzados en continuas luchas, pero éstos últimos nada podían hacer contra un imperio tan poderoso como el asirio. Ciájares condujo su ejército hasta Arrafa a través de los montes Zagros, ciudad situada en la parte norte de Nínive, y, tras la conquista de la ciudad de Tarbis cruzó el Tigris y avanzó hasta Ashur y la conquistó. Los babilonios, que vieron la inminente derrota y caída de los asirios, acudieron en ayuda de los medos cumpliendo así los tratados que otrora hicieran, y juntos sitiaron Nínive. En agosto del 612 a. C. cae Nínive y los asirios desaparecen definitivamente del escenario de la historia.

La caída del imperio asirio marca un antes y un después en la historia de Oriente Medio. Todos los pueblos de la región recibieron con alegría la noticia, ya que todos eran víctimas constantes, en mayor o menor medida, de las incursiones y ataques de la Asiria imperialista. Ciájares, para asegurarse de que su enemigo vencido no pudiese levantar más cabeza, remató al remanente de su ejército que se había refugiado en Harrán, dando el golpe de gracia a Asiria: toda Mesopotamia, Siria incluida, pasaba a manos de los medos. Ciájares, tras ver la esplendorosa victoria sobre los asirios, no se conformó y siguió avanzando hacia el noroeste para enfrentarse a los lidios contra los que estuvo luchando 5 años, hasta que ocurrió el famoso eclipse de sol predicho por Tales de Mileto que aconteció en plena batalla, interpretándolos ambos bandos contendientes como una señal divina que les conminaba a acabar la contienda. También el rey babilonio Nabucodonosor medió en la contienda y los dos estados firmaron la paz. Se estableció como frontera el río Halis. Así pues, Media estaba limitaba al sudoeste con Babilonia, al oeste con Lidia y al norte con Armenia, que era a su vez su estado vasallo. Ciájares es sustituido por su hijo Astiages en el 584 a. C.

Bases político-culturales de Media

Mirado desde una dimensión política, la unión de las tribus medas, la creación del estado medo y posteriormente, el surgimiento del imperio medo, puede verse como la consecuencia de la existencia de un imperio tan cruel y sanguinario como el asirio. En efecto, Herodoto le confiere una especial importancia al levantamiento antiasirio que hubo entre los medos en el 672 liderado por Fraortes, y a este respecto dice que los medos, para obtener su libertad, iniciaron una lucha pertinaz y continua que no abandonaron hasta sacudirse el yugo asirio y obtener la libertad y la independencia.

La mayor parte de los restos arqueológicos relacionados con este período y que tenían alguna relación con los medos, son castillos y ciudadelas cuya disposición y diseño son el reflejo de unas condiciones sociopolíticas similares reinantes en la región. La construcción de fortalezas y ciudadelas para defenderse de los grandes agresores son una de las características que se encuentran por igual en todos los yacimientos conocidos que datan al menos del año 1500 a. C. en adelante. La creación de un estado fuerte medo mediante la unión y la confederación de los estados vecinos y de las tribus independientes, sin derramamiento de sangre y sin asolaciones, muestra la gran voluntad y las ganas de esas gentes por unirse a sus pueblos vecinos con el objetivo de acabar con las luchas internas, vecinos con los que al fin y al cabo tenían muchos lazos culturales. Esta unión fue tan estable que a pesar del devenir que le aguardaba tanto a los medos como a los persas aqueménidas, aquella no se disolvió y ni en la historia de los Medos ni de los Aqueménidas no sabemos de ningún levantamiento de naturaleza separatista. En aquellas circunstancias, puede decirse que el pueblo llano deseaba un estado centralizado con una capital fuerte.

En el aspecto cultural, se puede afirmar que la cultura meda es heredera de las culturas que se desarrollaron en la meseta iraní a lo largo de los dos milenios anteriores. Las relaciones de los medos con estos pueblos eran comerciales, y a veces bélicas, lo que hace que de una manera u otra se influyeran mutuamente.

El historiador italiano César Cantú, en sus investigaciones acerca del origen étnico de los pueblos que habitaban el oeste de la meseta, afirma que en el III milenio una nueva oleada de inmigrantes a los que llamaron indoiranios partió de la gélida Asia Central. Richard Frye dice a este respecto que grupos de guerreros arios habían hecho su llegada a esas tierras antes de que lo hiciera el gran contingente, y que se mezclaron con los indígenas para posteriormente iranizarse. El citar estos dos hechos es para hacer énfasis en los lazos étnicos y culturales de estos pueblos. Hay que tener presente que para una profunda investigación acerca de la civilización y cultura meda es menester introducirse en los terrenos de la etnología y tener conocimientos de lingüística para así establecer los lazos que habían entre los medos y otros pobladores de la meseta, de lo contrario, introducirse en estos vericuetos sería tan arduo como caminar en un pedregal.

Una mirada a los yacimientos arqueológicos desenterrados hasta ahora desde Asia Central hasta el noreste, centro y el oeste del Irán actual, no hacen sino corroborar la íntima relación cultural de todos los pueblos que habitaron la meseta desde el V milenio a. C. Los hallazgos y las investigaciones realizadas acerca del I milenio a. C. en los yacimientos arqueológicos de Tajt Qobad (en la orilla derecha del Amu Daria), Tappeh Hesar, Sialk, Kalar Dasht, Lorestán, Gudin Tappeh, Hasanlu etc., nos demuestran a las claras que la cultura denominada meda ya empezó en estos lugares, a pesar de las distancias que los separan tanto en el espacio como en el tiempo, en otras palabras, que la cultura meda es una evolución de las que habían en el Irán Antiguo. Ghirshman nos dice a tenor de la formación de la civilización meda, que el arte de Sialk, y, posteriormente, el de Jurvin, Hasanlu, Lorestán etc. son inseparables de la cultura del nuevo estado.

Características del estado y la civilización medas

Media no permaneció por mucho tiempo en el escenario de la historia y no tardó mucho en ceder su sitio a los persas aqueménidas, pueblo iranio como ellos. No obstante, habría que puntualizar que el período aqueménida, de alguna manera, se podría considerar como una continuación del imperio medo. La característica más sobresaliente de los medos es que supieron crear un estado estable con las piezas que componían el puzzle de los pueblos y tribus de la región, que a pesar de sus estrechos lazos culturales no habían sabido hasta entonces confederarse.

La fundación de Media puede considerarse el acontecimiento de más relevancia en la historia de Irán, un acontecimiento que significó la creación del primer estado basado en la unión nacional de las distintas etnias repartidas por la meseta iraní. Bajo estas condiciones fue cómo Media pudo organizar una poderosa máquina estatal y unas firmes instituciones políticas, económicas y militares. Basándose en la estructura general de la sociedad, en sus creencias y en sus principios, elaboró una legislación que pudo salvaguardar los derechos de los ciudadanos.

En definitiva, los cimientos que echaron los medos permanecieron en los siglos venideros ya que fueron aceptados por las sociedades que vinieron después. Según podemos leer en la inscripción de Bisotun, no solo la administración aqueménida, sino también la sociedad estaba fuertemente influida por los medos.