Introducción a la Historia de la Escritura Persa

Dr.Saeid Hooshangi

Al igual que sucede con otras lenguas, el persa contemporáneo cuenta con una larga historia que se remonta a las lengua preislámicas de la zona, hasta llegar a convertirse en la lengua que conocemos hoy en día. Pertenece a la rama indo-aria de la familia lingüística indoeuropea que es el origen principal de diversas lenguas antiguas y modernas.

De acuerdo con estudios llevados a cabo sobre las lenguas de Irán se pueden distinguir tres periodos fundamentales, “persa antiguo”, “persa medio” y “persa contemporáneo”.

El periodo “antiguo” comprende desde la derivación de las lenguas iranias del conjunto de las lenguas arias; alrededor del 2.000 a.C. hasta el siglo IV y III a. C. Su época de esplendor encontró su lugar en la dinastía aqueménida (550-330 a.C.) puesto que las ordenes, decretos y cartas de estos reyes se redactaban en esta lengua empleando el alfabeto mixí (cuneiforme). Son diversas las obras escritas en ella que han llegado hasta nuestros días, tales como, El Avesta, libro sagrado del profeta iraní Zoroastro, la inscripción cuneiforme del rey aqueménida Darío I en Bisotun (Kermanshah), al oeste de Irán y la de Naqš-e Rostam, diversas inscripciones del rey Jerjes en Estaxr, Susa y cerca del lago Van, la inscripción de Darío próxima al Canal de Suez y conservada en el Museo del Cairo, múltiples inscripciones y epígrafes sobre vasijas, objetos de piedra, joyas y monedas aqueménidas. En estos textos e inscripciones se utiliza un lenguaje sencillo con una gramática y aspecto muy similar al avéstico que recoge en su mayoría sucesos históricos y mensajes de los reyes a su pueblo.

El tiempo transcurrido entre el siglo IV-V a.C. hasta el VIII-IX d.C. se corresponde con el periodo “medio” en el que se distingue una división de las lenguas en dos grupos, el oriental y el occidental que a su vez de subdividen en las ramas occidental del norte y sur. El subgrupo occidental norte conocido como pahlevānic o partí del que apenas se conservan obras y el del sur o persa medio del que se conservan algunos textos de los primeros siglos después de la llegada del Islam a Irán; y sus homólogas orientales.

Las obras en persa medio (occidental sur) aparecen sobre lápidas, pieles, monedas y vasijas entre las que destacan monedas, cerámica y piedras de la época sasánida, incluso muchas de estas monedas continuaban siendo de curso legal después la caída de este imperio; es curioso saber que son más de doce mil de ellas las conservadas en el Museo Hermitage y el Museo Gubernamental de la Historia de Rusia juntos. Muchas de las inscripciones de este tiempo se consideran importantes documentos históricos y lingüísticos de las que buena parte; hasta final del siglo II a. C., se escribieron en persa medio, pahlevānic o partí y griego entre las que se encuentran las inscripciones de Artajerjes I en Naqš-e Rayab, Firuz Ābād y Naqš-e Rostam; de Shapur I en Bišāpur, Naqš-e Rostam, Naqš-e Rayab y Ka´be-ye Zardošt, en Naqš-e Rostam; la de Paikulí de Narsí hallada entre Qasr-e širin y Soleimānieh; la de Hayí Ābād de Shapur I; así como otras muy numerosas en Persepolis, Taq-e Bostān (Kermanshah), Firuz Ābād de la época de Artajerjes I, Shapur I, Bahram I, Bahram II y Shapur III. Además de las inscripciones se han hallado algunos papiros y manuscritos sobre piel en letra pahlaví del siglo VIII a.C.-siglo II de la Hégira, en Fayyum (Egipto), y otros manuscritos y libros en escritura pāzand, es decir, en persa medio en alfabeto y trascripción en avéstico o persa, de los que se carece su original en pahlaví, como el diccionario Oiim Evak sobre el conocimiento de las palabras y los términos avésticos, el Diccionario Pahlaví de los Hozvāresh sobre sinónimos de palabras en persa medio, obras religiosas del Zoroastrismo como el ZandAvesta que consta de la traducción de textos avésticos con interpretaciones en persa medio conocidos como Gozāreš en un total de cuatro volúmenes, el Dinkard o Dinkart, sobre las ceremonias, costumbres, reglas, historia y literatura zoroastriana del siglo III de la Hégira por Azar Faranbaq hijo de Farroj Zād y Azar Bad hijo de Omid, el Bondahišn, un conjunto de traducciones de textos avésticos sobre la Creación, sus formas y su objetivo, la antología del Zādesperm sobre la creación y resurrección escrito por Zādesperm Hirbod de Sirvan y Kerman en el siglo IX d. C. (siglo II de la Hégira), el Dādestān Diní sobre la justicia religiosa que contiene preguntas sobre temas de justicia y filosofía, el Gozareš-e Gomān Šekan sobre temas religiosos y la defensa del Zoroastrismo escrito por Mardān Farroj, hijo de Hormoz Dād en el siglo II de la Hégira y el Rayhāy-e Minué-e Xerad con preguntas y respuestas sobre la sabiduría. Textos didácticos, educativos y de consejos como el Xishkārí Ridakan sobre la educación y consejos para niños, el Andarz-e XosroQobādān, el Andarz-e Azarbād Mehrspandān, los libros de consejos de Zoroastro conocidos como Pandnāmeh Zardošt, el Yādgar-eBozorgmehr Baxtegān y el Andarz-e Ošnar-e Dānā. Obras relacionadas con las ceremonias, costumbres y ritos religiosos como el Šāyest Našayest acerca de las ordenes religiosas, ceremonias y culto que fue redactado entre los siglos VII y VIII d.C. (siglos I-II de la Hégira); el Revāyāt-e Pahlaví sobre las ceremonias y protocolos religiosos, y también sobre las dudas existenciales y la resurrección y el Ardāvirāf (Ardāvirāz) Nāmeh, una leyenda sobre Ardāvirāf un virtuoso sacerdote del Zoroastrismo y su viaje en sueños al Más Allá, se sabe que se escribió después del reinado de Xosro Anušivān, un rey de la dinastía sasánida. Además de los diccionarios y los libros educativos existen diversas obras no religiosas tales como el Deraxt-e Asurik una pieza de poesía en la que aparece el diálogo entre una cabra y una palmera datilera, en la que cada una expresa sus beneficios y propiedades. En un principio se transmitía de forma oral de padres a hijos y posteriormente se recopiló en un libro; el Xosro Qobādān va Ridak sobre las preguntas del joven criado Ridak al rey Xosro que en su mayoría tratan temas de comida, bebida y vestimenta; un buen ejemplo para la enseñanza a la burguesía del protocolo de la época; el Yādegār-e Zarirān relata las aventuras épicas de Zarir, hijo de Goštāsp y su mal final en su lucha contra Aryāsp, el libro tiene un tono poético y de exaltación heroica, fue redactado en primer lugar en pahlevanic y es una mezcla de poesía y prosa de la que se desconoce cuando fue traducido al persa medio; el Šahrestān hāy-e Irānšahr, dedicado a la geografía e historia de las ciudades más importantes de Irán en aquella época; el Kārnāmak Ardašir Bābakān, una leyenda sobre las venturas y desventuras del rey Artajerjes I, primer rey de la dinastía Sasánida y su estructura es muy similar a la del Šah Nāmeh de Ferdosí; el Matizan van Šatrang dedicado al ajedrez y por último el Abdieh ut Sahikieh Sakestan sobre las cosas curiosas y lugares más vistosos de Sistán

La llegada del Islam a Irán coincide con el tercer periodo de la lengua perteneciente al persa contemporáneo o farsi darí y que se utilizaba en todo el imperio persa de aquel periodo correspondiente a la extensión comprendida desde el río Tigris, al oeste de Irán, hasta el valle de Send y Kashqar, al este de Irán y desde los pies de las montañas del Cáucaso, al norte y hasta las orillas del golfo Pérsico y el mar de Omán. Es la lengua oficial actual de Irán pero es hablada por más de ochenta millones de personas de origen iraní y no iraní.

El gran número de lenguasque no se emplean en la actualidad dan una idea de la extensión del imperio antiguo en especial el avéstico plasmado en los escritos avésticos entre otros relacionados con el Zoroastrismo como pueden ser versículos y cantos religiosos; el persa antiguo perteneciente a los pueblos iranios del siglo I a.C. establecidos en el altiplano al suroeste de Irán y el de las inscripciones de los reyes aqueménidas; la lengua de los Sakā (Sarmat) empleada por las tribus que habitaban los campos en la orilla norte del mar Negro entre los siglos VIII-VII a.C. al IV-V d.C. de la que tan sólo han quedado algunas palabras que aparecen en obras de escritores griegos; por otro lado, el dialecto toxārí muy relacionado con el sakāí y que se hablaba en el oasis de Xotan al sur de Turkmenistán; la lengua de los medos, perteneciente a los pueblos iraníes alojados en el norte del altiplano iraní y el sur del mar Caspio en la primera mitad del primer milenio a.C. de la que han permanecido algunos vocablos en obras de Heródoto y algunas inscripciones antiguas; la lengua partí o pahlaví se habló durante algunos siglos a.C. hasta el siglo II-III d.C. en el gran Jorāsān al noreste de Irán, algunos textos de Mānaví fueron escritos en esta lengua así como inscripciones e incluso en la lengua armenia actual; el persa medio, lengua en la que nos han llegado muchas obras y recogidas en alfabeto arameo del siglo III hasta el VIII de la Hégira. El persa medio era le lengua oficial del gobierno sasánida y de los sacerdotes zoroástricos; la lengua de los habitantes del valle de Zarafšān y sus alrededores conocida como sogdiano. Existen textos de esta lengua escritos en el primer cuarto del siglo VIII d.C. que fueron hallados entre las ruinas de un castillo en el monte Moq en Rahmat Ābād (Tayikistán) y por último la lengua bactriana (xārazmí) de los habitantes al sur de Asia Central de la que han permanecido algunas palabras y expresiones.

Además de estas lenguas, existen otras que se siguen empleando en el presente y que han evolucionado a la par de los movimientos históricos, aumentando su empleo o subdividiéndose en diversos dialectos. El farsi es la lengua oficial y actual de Irán que es la rama principal de las lenguas iranias. También es la lengua oficial en Afganistán y en Tayikistán en su variedad tayika y es usada por numerosos persaparlantes en Uzbekistán, Turkmenistán y Azerbaiyán. El pashtu, perteneciente a la misma familia que el farsi y es la lengua oficial de Afganistán, se habla en algunas zonas de Pakistán y en una parte de la región del Baluchistán y pertenece a la familia del farsi; el kurdo, del que no está muy claro su origen, según algunos investigadores se cree que tiene una raíz mucho más antigua y otros muchos la consideran del grupo de las lenguas persas pero de lo que no cabe duda es del continuo cambio y desarrollo de esta debido a los acontecimientos históricos que han hecho aparecen numerosos dialectos entre los que destacan el kermanyí, suraní y guraní; el lorí y el baxtiarí son lenguas de una rama común que se hablan en las regiones del Lorestán, Bajtiar y una parte de Fars; el baluchí perteneciente al Baluchistán, a una parte de Pakistán que linda con Irán y a algunos hablantes de las regiones de Kermán y Sistán; el tatí, nombre que también recibieron los habitantes iraníes del Cáucaso por parte de las tribus invasoras del desierto. Los tatíes de la época sasánida residían en esta zona para proteger las fronteras. Al parecer un grupo de judíos persaparlantes que vivían en Irán por aquel tiempo, se trasladaron a esta región y sus sucesores adoptaron el tatí como lengua y eran conocidos por el nombre de Dāq Yahud (judíos de la montaña); el tāleshí, dialecto de los habitantes de la costa occidental del mar Caspio. En un principio se hablaba en toda la zona costera pero posteriormente se fue perdiendo por el predominio de otras lenguas del lugar como el turco, el azerí, el gilakí y el māzí; estas dos últimas muy similares y que se hablan en Gilān y Māzandarān, dos regiones situadas al norte de Irán y al sur del mar Caspio.

En el Irán actual, además de las lenguas principales se distinguen muchos dialectos debido principalmente al extenso territorio y a la multitud de etnias, aunque algunos de ellos han disminuido su uso respecto a tiempos anteriores y tampoco les ha favorecido la gran diferencia entre ellos a pesar de utilizarse en ciudades muy próximas entre si. Cabe destacar el xānsārí, sedehí, sorxehí, sangsarí, semnāní, šamqāní, qazviní, tāleqāní, kāsí, zartoští, lāsgardí y nāiiní.

Algunos expertos agrupan las lenguas presentes de Irán basándose en sus antecedentes históricos y su correspondencia entre sí, formando de esta manera un grupo de lenguas orientales y otro de occidentales, conteniendo el primero lenguas y dialectos muertos como el sogdiano, xārazmí y sakāí, y las lenguas y dialectos vivos paštu, āstí, pāmirí, munyāní y yaqnābí; es preciso indicar que entre el āstí y el yaqnābí existen muchas similitudes. El grupo occidental se divide en occidental norte perteneciente a los dialectos del territorio medo y parto situados al norte y noroeste de Irán tales como el kurdo, el tāleší, el guilakí y el māzí. En cuanto al sur o territorio persa destaca el farsi o farsi darí (actual lengua oficial de Irán) por número de hablantes, su desarrollo y la cantidad de obras escritas se concibe como una continuación del pahlaví o persa medio, una de las lenguas de la zona Pars. El lorí, baxtiārí y la mayor parte de dialectos de la región de Fārs pertenecen a este grupo.

Según los estudiosos, los dibujos sobre piedra son considerados como la primera forma para recoger información antes de la creación de los alfabetos considerándose así a Egipto, Elam y Sumeria como los principales ejemplos de los mismos.

Existen diversas obras en escritura ēlāmí, algunas de ellas no han sido totalmente interpretadas pero sirven de muestra para contemplar la evolución de la escritura en su forma “dibujo” a su forma “letra”. Algunas inscripciones han sido halladas en la base de los Zāgros en el Xuzestán y otros lugares del altiplano iraní que datan del 3.200 a. C. que muestran claramente esta transición de dibujo a letra denominada pre-ēlāmí o ēlāmí antiguo. Posteriormente, alrededor del año 2.200 a.C. comenzaron a utilizar la escritura cuneiforme, creada en Sumeria y desarrollada y ampliamente utilizada en Próximo Oriente. Poco a poco este tipo de escritura conquistó Acadia, Babilonia, Ašur, Asia Menor y Ēlām dominando por completo a la antigua letra ēlāmí. En el segundo milenio a. C., tras la aparición del alfabeto en las costas orientales del Mediterráneo y junto con el desarrollo de esta propiciado por los fenicios llegó a Irán donde quedó como sucesora de la escritura cuneiforme. Las primeras obras en lenguas iranias con las que se cuenta aparecen en escritura elamita antigua y cuneiforme como sucede en el caso de las inscripciones del oeste de Irán.

La escritura cuneiforme es tomada como la más utilizada en el Próximo Oriente Antiguo puesto que tres mil años a.C. ya se hacía de una forma muy activa tal y como nos indican algunas obras. Los sumerios son considerados sus creadores durante el periodo en que se asentaron en la zona sur de Mesopotamia y Caldea, al oeste del río Eufrates. Fueron los ēlāmitas los primeros en emplearla en el territorio iraní durante el reinado de los medos y se sirvieron de ella para crear posteriormente un alfabeto independiente del original que recibió el nombre de mixí o forma de cuña puesto que se utilizaba una cuña para escribir. También recibía el nombre de escritura silábica, constaba de 36 letras y se escribía de izquierda a derecha. Según lo mencionado anteriormente, fue utilizada en primer lugar por los medos y posteriormente por los aqueménidas en todas sus inscripciones.

Tras la caída de la dinastía aquemenida, la escritura cuneiforme quedó en desuso, pasando a ocupar su lugar la pahlaví, durante la época de los partos y los sasánidas, incluso hasta varios siglos después de la entrada del Islam se recurría a ella para escribir obras relacionadas con pensamientos preislámicos. La palabra pahlaví tiene su origen en parthava; es decir el nombre de los partos arsácidas.

La mayor parte de las obras que se conservan en persa medio emplearon esta escritura de origen arameo, constaba de 22 letras y se escribía de derecha a izquierda. En la época de Alejandro Magno y sus sucesores los seleúcidas, se utilizó durante un breve espacio de tiempo en la redacción de cartas oficiales junto con la escritura griega, pero junto con el comienzo del periodo parto y tras la época sasánida, la escritura pahlaví prosiguió su andadura en los textos en persa medio. La dificultad de su lectura propició su retirada paulatina, principalmente por los horvareš o palabras que se escribían en arameo pero que se leían en persa medio.

La escritura avéstica surge al final de la época sasánida. En sus comienzos los mubad (magos) zoroástricos la usaban para recoger textos religiosos y otros relacionados con el Zoroastrismo. En su origen contaba con 16 letras del alfabeto pahlaví que crecieron hasta un total de 48. Se escribía de derecha a izquierda, era de fácil lectura y como las vocales breves se mostraban como letras independientes no tenía muchas dificultades de pronunciación. En los primeros siglos después de la llegada del Islam a Irán y junto con el desarrolló de la lengua y escritura farsi darí, el pahlaví perdió fuerza hasta desaparecer, por esta razón y para evitar el olvido de los textos religiosos, optaron por el uso de la escritura avéstica, recibiendo este grupo de obras el nombre de Pazand.

En el siglo III d.C., Maní, el profeta iraní creó una escritura basada en la soryaní para escribir sus enseñanzas en persa medio o pahlaví, puesto que era esta la que se solía utilizar en Mesopotamia en ese momento. Destacó por la ausencia de hozvareš y de artificios innecesarios que habían hecho del pahlaví una lengua complicada y contribuyó a una evolución importante en la escritura de las lenguas iranias, aunque desgraciadamente quedó limitada a los discípulos de Maní.

Tras la llegada del Islam a Irán, la lengua persa comenzó un nuevo periodo muy diferente en el que se utilizó el alfabeto árabe. Este espacio de tiempo fue conocido como “periodo farsi darí” y este tipo de escritura es conocida entre los iraníes como darí. Según algunos investigadores el alfabeto árabe de origen arameo fue usado por primera vez por los nabateos que tenían su capital establecida en Petra, una de las ciudades fronterizas entre el antiguo imperio persa y el romano localizada en la Jordania actual. A partir del siglo III d.C. consiguió su independencia dándose en este momento el uso de un dialecto especial basado en el arameo junto con una escritura derivada del arameo. Posteriormente se desarrolló una nueva escritura llamada “nuevo Sinaí” que se utilizó en la península del mismo nombre hasta el siglo IV d.C. Los nabateos adoptaron esta escritura para escribir textos en lengua árabe al estilo Kufi (en Kufa y Hira) y al estilo Nasx (en La Meca y Medina). Se añadieron seis consonantes ث خ ض ظ ذ غ que no existían en arameo, lo que perfeccionó aún más el alfabeto y en la versión farsi darí se añadieron además otras cuatro گ چ پ ژ. Se desconoce la fecha exacta en que comenzó a usarse para registrar el farsi, pero los textos más antiguos que se poseen datan del siglo XI d.C. (siglo V de la Hégira).

 

  

 

 

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